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Desde lo hondo

Perspectivas y juicios

14 de septiembre de 2017 0 comentarios

“Es más triste visitar un manicomio que un cementerio”, acabo de leer en un diario de amplia difusión nacional. Y puede que responda a una realidad. Olvidemos la palabra “manicomio” porque ha adquirido un significado peyorativo, (si bien su etimología no quiere decir otra cosa que lugar donde se “cuida” a los que tienen “manías”). Visitar un centro de enfermos psíquicos profundos es bien triste. En el cementerio se está ante lo irremediable, la muerte; en el centro de atención a enfermos psíquicos profundos ante la mala suerte; que como suerte – buena o mala-, no llega a todos, sólo a algunos. Nos produce un profundo dolor ver a esos enfermos. Pero sucede que no siempre nos ponemos de parte de los allegados a esos enfermos, aquellos más interesados por su vida y más doloridos por su enfermedad: ¿los preferirían muertos antes que desfigurados por su enfermedad? Más aún ¿los enfermos preferirían estar en el cementerio antes que en el hospital? ¡Con qué facilidad pensamos por los demás en temas que a ellos les afecta más que a nosotros! Vieja tendencia y arraigada en la condición humana es dejarse llevar por las impresiones que hechos, o personas, nos producen para entender que esa impresión es general, y por tano la válida, la auténtica. Cuando no nos damos tiempo para la reflexión, para analizar otras perspectivas sobre los hechos o las personas distintas de la visión inmediata, nos exponemos a equivocarnos o a no ser justos con los demás. Una vez más hay que recordar lo que Aristóteles, nos enseñó: la última operación mental es el juicio; antes hemos de informarnos bien, sin clausurar pronto el proceso de información; y luego discernir, razonar sobre las variables que determinan el juicio. No es buena consejera la prisa, se nos dice. Sobre todo la prisa por juzgar.


LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA Y MÁS II

6 de septiembre de 2017 0 comentarios

El asesoramiento filosófico se basa en ayudar a conocerse, a reinterpretarse en cada momento de la vida; sabiendo que el proceso continúa: nunca llegamos a conocernos plenamente y a interpretar a quienes comparten nuestro vivir. (A no ser que pretendamos cómo podemos utilizarles para nuestros cortos e inmediatos intereses). La verdad de lo que somos no se aprende porque alguien nos la dicte. Hemos de ir descubriéndola en nuestro interior. Por eso es necesario el procedimiento socrático, tan vigente hoy como la condición humana de la mayéutica para llegar a la verdad. El asesor filosófico es quien ayuda a proceder en la búsqueda de la verdad. Ahí está la base del asesoramiento filosófico. En él se apoya la propiedad terapéutica que tiene. Uno de los autores que colabora en la publicación, muestra cómo el término griego de dónde surge la palabra “terapia”, significa no sólo curar, sino también “ayudar”. Si Sócrates es la referencia en la búsqueda de la verdad, los estoicos lo son para saber interpretar las peripecias vitales. En concreto Epicteto, tal como ha llegado a nosotros a través de un discípulo suyo que puso por escrito sus enseñanzas. De él se toman las tres observaciones que permiten procesar lo que sucede e integrarlo en la trayectoria vital. 1ª No son las cosas las que nos perturban, sino el juicio que hacemos sobre ellas, 2ª Somos libres para intervenir en el ámbito de nuestras interpretaciones, representaciones, dice Epitecto. La libertad es la que nos da domino sobre lo que acontece y evita ser víctima fatal de ello; 3ª Es necesario saber distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no depende nosotros, para no hacernos problema de lo que no podemos evitar, nos desborda. Algunos autores valoran el asesoramiento filosófico como superior a lo que ofrece la psicología o la psiquiatría. Otros ven compatibles y complementarios el asesoramiento filosófico con el psicológico, cuando éste deriva de una psicología humanista existencial, transpersonal , así como del planteamiento humanista de la llamada antipsiquiatría.


La Filosofía como terapia y más

3 de septiembre de 2017 0 comentarios

Hace 10 años se publicó un libro cuyos autores encabeza Monica Cavallé. Es un libro que rebosa interés. Me temo que el interés no haya sido reconocido, en la medida en que lo que hoy huele a filosofía no viene a ser lo más atractivo. Sin embargo es un libro que merece y deber ser reconocido como necesario, por lo que dice y por la actividad que presenta, que aparece en el subtítulo “Iniciación al asesoramiento filosófico”. Porque ese es el objetivo de los autores, dar a conocer qué es el asesoramiento filosófico. En medio de la proliferación, quizás necesaria, de textos que nos hablan de sistemas y tácticas psicológicas para conseguir distintos objetivos, y, en concreto, servir de terapia a enfermedades y distorsiones psicológicas, o para ofrecer técnicas que saquen a la luz lo que bulle en el interior de nuestra mente, uno se alegra de encontrarse con unos procedimientos que buscan la verdad antes que la utilidad inmediata, para desde la verdad del propio ser reinterpretar la vida, llenarla de sentido en las diversas vicisitudes que ofrece. Y así convertirse también en terapia, en la medida que ofrece interpretación de lo que sucede desde la búsqueda de las “últimas causas”, que es lo que según Aristóteles define a la Filosofía. Con ello el saber filosófico se manifiesta en su dimensión práctica. Práctica porque supera su valor académico, aspecto al que tantas veces se le reduce, y se presenta con su aspecto más existencial del ser humano. La Filosofía abandonada por la Psicología, la Sociología, incluso por la Ética, ha quedando flotando sobre lo real, para algunos ha quedado vacía de contenido, de vida. Si bien habría que decir que la Psicología, la Sociología, la Ética sin Filosofía han perdido por una parte el fundamento, y por otra han reducido su horizonte. Y eso repercute en el servicio que todas ellas puede ofrecer a los seres humanos. Y de modo especial cuando se pasa por situaciones humanas complejas y complicadas. La base de esa disfunción, cuando no postergación de la filosofía es la actitud ante la verdad. Es el imperio de la tantas veces repetidas verdad instrumental. Como si la verdad hubiera que reducirla a instrumento, a medio y no fuera un fin en sí mismo. Al ahondar más en lo que implica esa actitud, se reduce la verdad a buscar sólo el bienestar y no el bien ser: ¿Se puede estar bien al margen de lo que se es? La verdad no tiene por qué ser reducida a una dimensión lógica: tiene dimensión vital, existencial y ética, como apunta el recordado profesor Luis Cencillo, que colabora en el libro. (Continuará).


Vejez

22 de agosto de 2017 1 comentarios

La subida es exigente, unos 500 metros de desnivel en dos kilómetros y medio, bajo un fuerte sol, a veces filtrado a través de las hojas de la abundante vegetación que bordea el camino. Antes se habían andado tres kilómetros y medio siempre en suave pendiente ascendente. Cuando ya se han cumplido los ochenta años y son casi ochenta y cuatro los kilos del senderista sometidos a la fuerza de la gravedad, es necesario sufrir para conseguir lo que se pretende. Se sufre y se consigue. El senderista es acompañado por un veterano montañero. El montañero sube y habla, se detiene a contemplar el paisaje y reanuda la marcha cada poco. El senderista es más bien diesel.: no le viene bien detenerse, sino mantener un ritmo –lento- de subida y, esto es relevante, en silencio: hablar consume energías. No es fácil compaginar estilos de subida: el montañero, de fácil y amena conversación, invita a contemplar el paisaje, que desde luego merece toda contemplación; inicia conversaciones sobre el nombre de todos los picos y aventuras pasadas en su ascenso; y no faltan las reflexiones sobre la suerte de vivir en ese paradisíaco lugar. El senderista escucha y sólo cuando lo exige la mínima educación responde con pocas palabras. El montañero adelanta al pesado y sufrido senderista. Cuando culmina éste la dura cuesta, el montañero le espera agasajándose con unas moras de zarzamora. Ya se puede hablar, la senda llega a un cierto llano. El montañero se sorprende de sí mismo: “el caso es que no estoy cansado y voy a cumplir noventa y un años dentro de dos meses”. Llegada a la meta, el senderista se siente al borde de sus fuerzas vitales. El montañero mantiene su atractiva conversación. Si no colabora mucho en la preparación de la comida que repara fuerzas, otros se encargan de ello, será quien lave la vajilla e instrumentos que han servido para la paella, el café… Y luego la bajada: empinada, que realiza con agilidad juvenil, mientras que el senderista va con la lentitud que exige, controlar la fuerza de la gravedad y pisar con seguridad.


MÁS SOBRE LA POSVERDAD

3 de agosto de 2017 2 comentarios

Lo contrario de la posverdad no es la verdad absoluta, sino la búsqueda de la verdad fuera del carácter absoluto, que se deja para la llamada verdad plena, que no pertenece al ser humano, al menos en esta vida. A no ser que se busque una verdad matemática, como la de que dos más dos son cuatro; (y aún así algunos matemáticos dirían “según y cuándo y cómo”). Porque la verdad que interesa es la verdad cargada de vida humana, por lo tanto sometida a la historia. No es relativismo o puro historicismo, sino una verdad existencial sobre realidades que admiten diferentes perspectivas. La verdad está en la mente humana, ella es la que dicta la qué es verdadero, y la mente humana es la mente de un ser el humano que se va haciendo –a veces deshaciendo- en la historia, que no se mueve en el ámbito de la ideas separadas que se atribuían a los ángeles, sino que es mente encarnada. La verdad del dolor, su sentido, no es la misma para quien disfruta de la ausencia de él, que para quien es una constancia en su vida. Ninguno de los dos tiene fácil llegar a la verdad. Lo equivocado de la posverdad es el carácter absoluto, como fin de proceso que se le quiere dar. No hay post-verdad porque no se ha llegado a la verdad, al menos en sentido pleno. La posverdad es quedarse en la adolescencia y no caminar hacia la juventud y la madurez de vida.


La razón de la fuerza

30 de julio de 2017 0 comentarios

Estoy leyendo un libro que se titula “Arte de vivir, arte de pensar”, cuyo subtítulo es “Iniciación al asesoramiento filosófico”. Tiene interés. Sobre todo porque la pretensión del asesoramiento filosófico es, en diálogo, buscar la verdad que está en cada uno y sacarla a la luz, o sea el viejo método socrático. No es ofrecer fáciles terapias recetas y soluciones que se entiende científicas a problemas concretos, sino darse tiempo y esfuerzo para conocerse y conocer fuera de sí, y desde un perspectiva más elevada encontrar sentido a su vida, con los altibajos propios de ella, y saber encajar con “sentido” las peripecias vitales. Es en esto días cuando aparece la buena noticia de un acuerdo entre políticos sobre cómo atajar la llamada “violencia de género”. Son muchas las medidas aprobadas. Entre ellas las que se refieren a la educación de niños, adolescentes, jóvenes, en su convivencia en familia, escuela, y en la sociedad en general. Es manifiesta la relevancia de la educación para abortar toda violencia de género. No he oído, aunque confío en que sí se haya previsto, que se tomen medidas simplemente para desterrar la violencia – me quedo ahora en la física, aunque no es la única-. Porque supongo que en la raíz de la violencia del varón sobre la mujer está que el varón se considera superior, por gozar de una mayor fuerza física. Sin mayor poderío físico esa superioridad no sería tan explícita y no habría oportunidad fácil para el maltrato físico. Es la consecuencia de entender la fuerza como razón para actuar. Y es ello lo que hay que combatir en cualquier proceso educativo humano y por tanto, racional. Pero surge las preguntas: ¿Será eficaz ese laudable esfuerzo en la familia, en la escuela cuando los medios de comunicación social alimentan el impulso inhumano, aunque sí del hombre, de que son los fuertes los que se imponen gracias a sus facultades físicas? ¿Cuáles son los héroes del niño, del adolescente? ¿Qué valor tiene el músculo en la admiración del héroe? En definitiva, ¿se ofrece la verdad del ser humano o aspectos muy visibles, pero que pueden ocultar un falso, erróneo concepto de la grandeza del ser humano? La verdad de ser humano es su dignidad. Y ésta no se cifra en el poder sobre los demás, sino en saber construir comunidad humana, con débiles y fuertes. Eso que descubre la Filosofía.


TENER OPINIÓN

26 de julio de 2017 1 comentarios

El ser humano necesita opinar, es decir, juzgar hechos y personas; también objetos, gustos, creencias y sentimientos. Le gusta situarse ante circunstancias concretas de la historia propia y ajena. El tertuliano radiofónico que tiene opinión sobre ¿casi? todo, es signo de la necesidad de formar opinión y a la vez estímulo para que los oyentes opinen. Doxa es la palabra con el que Platón denominaba a un conocimiento elemental que viene a ser la opinión. Criticó el usos y abusos de los sofistas en sus argumentos para formar doxa, que no pocas veces era verdad interesada, una especie de la ahora llamada “posverdad”. Sin embargo con base en ese término aparece “dogma”. El dogma pretende superar la opinión: es una verdad fija que no admite opinión sobre ella, sí sobre aceptarla o no. Esa mutación del término viene a indicar que el que opina se puede convertir en dogmático: entender que no cabe opinión distinta. Se pasa de la opinión a la certeza. Lo que implica exclusión de opiniones distintas. Sobre opiniones se dialoga, sobre dogmas se discute. El libro chinoTao Te Ching dice “el inteligente no discute y el que discute no es inteligente”. “Discutir” entendido como una de sus acepciones del DRAE, contender con alguien por su parecer. La opinión, sin embargo, es ámbito sobre el que dialogar, no implica una postura fija: lo opinable es lo que admite puntos de vista distintos; por ello cabe el diálogo. La opiniónno puede convertirse en dogma; pero hay más: ¿Por qué hay que tener opinión de todo o casi todo? ¿Por qué no se puede decir no tengo opinión sobre algo, sin por eso ser tachado de ignorante? Con los años me voy inclinando a opinar sólo de lo que de alguna manera sé algo, y abandonar la opinión sobre lo que sé poco o nada, la mayoría de lo cognoscible. Consideración aparte, pero en la línea de lo que digo, es el intento de tener opinión de lo que es un misterio que nos desborda, por ejemplo, opinar sobre Dios como se puede opinar sobre el modo mejor de preparar la paella. De hoc postea.


Lucidez en la vida

22 de julio de 2017 0 comentarios

Algo deseable, pero quizás no buscado por quienes reducen su vida a existir de manera más cómoda, una vida suya al margen de la de los demás; en el cotidiano esfuerzo por satisfacer necesidades elementales y proyectos de nivel económico y social. Lo que no conduzca a ello es preocupación inútil. Hasta el sentir religioso ha de servir para esos proyectos, con la pretensión de poner a Dios y a los santos al servicio de ellos. Creo que este dinamismo no permite dedicar tiempo a ahondar en la vida, en la vida buena, o sea en la éticamente buena; ni tratar de situarse en medio de los demás, de modo especial sentir a los que están en situación no propia de la condición humana. Pero también creo que llegarán momentos de hacerse las preguntas que han quedado marginadas. No se puede renunciar a cuestionar alguna vez la propia vida, es decir: a encontrar un sentido a ella y junto con la de otros. No será fácil encontrar lucidez para una respuesta a esas preguntas. Quizás sea imposible si la lucidez implica tenerlo todo claro, encontrar respuestas definitivas, absolutas. Mas la lucidez no es la certeza, sino encontrar luz que nos guíe en medio de la niebla o la incertidumbre; saber asumir el vivir cómo búsqueda. La satisfacción no es la del final del camino, sino la de caminar en buena dirección y saber asumir y procesar espacios y tiempo, compañías sobre todo, en ese caminar; sintiéndonos con fuerzas y ganas para ir interpretando la vida sin fáciles y engañosas rápidas respuestas. ¿Qué consideración merecería si dijera que eso implica incorporar la filosofía en el vivir? Sí, la considerada abstrusa, inútil para la vida filosofía, cuyo ámbito se cree, no rebasa lo académico, (por cierto cada vez más reducido). Si la persona quiere ser dueña de su vida, no arrastrada por pulsiones sin discernir, o modas sociales, por la trivialidad que reduce el vivir humano a cierta placidez superficial, donde el ser desaparece ante el estar, sin luces, porque son otros los que marcan el existir, la filosofía es imprescindible. La que pude dar lucidez a la vida.


La verdad de la feria, la posverdad

30 de junio de 2017 0 comentarios

Leo que la Real Academia de la Lengua va incluir el término “posverdad” como uno más de los componen el léxico del español. De momento mi ordenador me lo subraya en rojo. Hay que incorporarlo al diccionario. La definición que se ofrecerá de posverdad, en resumen, viene a decir que es la verdad subjetiva, que responde a intereses, ideas, afectos de quien se expresa. Verdad subjetiva que se impone sobre la verdad objetiva. Es viejo tema que recibió consistencia en el idealismo filosófico. Idealismo, que no viene de ideal, sino de idea. La verdad no está en las cosa –res, que dirían los escolásticos medievales-; sino en la idea que el sujeto humano crea. Todo lo real es racional y todo lo racional es real o, de otra manera, lo real es lo racional. El sujeto es el constructor, no el descubridor de la verdad. La verdad no es adecuación de la idea a la realidad –res-, porque la realidad es sólo en cuanto pensada. Desde ese punto de vista, que no creo que tengan en cuenta los posmodernos de la posverdad, porque los “discurso filosóficos”, sobre todo globalizadores del siglo XIX, no es lo suyo, habría una base lógica para la posverdad. Pero no es el discurso filosófico el creador de la posverdad, sino los intereses de muy diversa especie del sujeto que se imponen al serio, hondo y no pocas veces necesitado de tiempo, razonamiento. Los intereses, los afectos son realidades más inmediatas y perceptibles que el discurso lógico. Hay que quedarse en ellos y basta. Lo dice el pueblo: “cada uno habla de la feria como le va en ella”. La posverdad es la verdad de la feria para quien ha estado en ella.


Obras son amores y no buenas razones. Sagrado Corazón de Jesús

23 de junio de 2017 1 comentarios

No será fácil encontrar a alguien que no esté de acuerdo con el dicho generalizado. Como tantos dichos reiterados o refranes es necesario fijarse en lo que quieren decir más que en lo que dicen. ¿Qué sería del amor si no tuviera buenas razones? ¿Qué amor sería? Alguien, con una visión pesimista de nuestra sociedad, podría responder: “el vigente en nuestra sociedad”, que surge de impulsos más o menos instintivos que hay que satisfacer sin buscar razones que lo justifiquen. Manifiesto es que las razones se quedan a medio camino cuando no pasan del ámbito del pensar y no se manifiestan en las otras dimensiones del ser humano: en los afectos en primer lugar y luego en el obrar de acuerdo con esos afectos y esas razones. La tentación es la escisión: quedarse sólo en razones, o quedarse solo en afectos sin base racional y sin trascender al obrar; como también quedarse en obrar y obrar bien, como” dar de comer al hambriento, de beber al sediento…”, sin razones y sin afectos, o por razones no confesables, que también apunta el evangelio, para aparecer, generar una imagen de bondad ante los demás, sin que te importe el hambriento y el sediento, y por lo tanto sin afectos. Es imprescindible, pues, que haya amor basado en razones y que se realice en obras. Esta reflexión la ofrezco en el día del Sagrado Corazón de Jesús. Más allá de la terciopelada devoción que ha podido surgir de él, más allá de tantas consagraciones de entidades seculares, más allá de devociones en las que puede faltar la devoción, en lo hondo y auténtico de lo que significa el corazón de Jesús, que amó como hombre –varón- ,que dice el Vaticano II, está una amor que no encontró más razones que el trasladar el amor intranitario al ser humano –“tanto amó Dios al mundo…”- . Poderosa razón, que se realiza en comprometer su vida en la propuesta de la auténtica condición humana – el reino de Dios- y de ofrecer la vida, no sólo palabras, por esa causa. En Jesús se juntó la razón, al amor y la obra. El “sagrado” corazón de Jesús, implica “sagrada” mente y “sagrado” compromiso con el ser humano.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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