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Desde lo hondo

Ser "las afueras"

9 de junio de 2018 0 comentarios

En el libro “La penúltima bondad” Esquirol dice que lo que nos define son las “afueras”. ¿La afueras de qué? Se entiende lo que quiere decir, pero no es fácil responder a esa pregunta cuando el mismo autor dice que no existe el centro, el núcleo, la interioridad en el ser humano. “Las afueras” se refieren que está fuera de ese núcleo íntimo de la persona humana que sustenta y genera lo que “le sucede”. O sea, que si Ortega y Gasset dice que “yo soy yo y mi circunstancia”, Esquirol se inclina por afirmar que somos las circunstancias. Prescindir del yo no es raro en la historia de la filosofía. El yo se ha entendido como producto del modo en que participa en los proceso de producción –Marx-, que es una circunstancia; o de experiencias infantiles, quizás intrauterinas, -Freud-, que no dejan de ser circunstancias; o se reduce a la pura estructura biológica –positivismo-… Otros anulan al yo porque se pierde en el todo, que puede ser Dios, o en la estructura social, de la que es un hilo del entramado, estructuralismo… Esquirol busca sin embargo algo que una “las afueras” las articule u oriente buscando la felicidad. Ésta se encuentra, dice citando a Aristóteles, en la “buena obra”, que para el autor es la generosidad. ¿Quién es el sujeto que es feliz? Sería una pregunta sin sentido, se pregunta por un sujeto al que “le suceden peripecias”; pero para esquirol el sujeto es el conjunto de esas peripecias. Las peripecias son “temporales”, de tiempo presente, que es momento de la historia. La línea posmoderna se verá reflejada como una interpretación del carpe diem, de la búsqueda de la satisfacción inmediata; y, por supuesto de desligarse de todo discurso sobre esencia, o que pretenda interpretar el relato –metarrelato-. Pienso en el texto de Gaudium et Spes, n.14 que dice: “No se equivoca el hombre cuando se considera superior a las cosas corporales y no se considera solo una partícula de la Naturaleza o un elemento de la ciudad humana. Pues en su interioridad el hombre es superior al universo entero…”. Si quitamos la interioridad, el núcleo, el centro de lo que somos, y nos definimos por las “afueras” la persona humana ha perdido ese singular y superior puesto que ocupa en el universo y en la sociedad.


Deseo y esperanza

23 de mayo de 2018 0 comentarios

Apaga la vela o alimenta el incendio. Es propio del viento realizar las dos funciones. Es algo propio del deseo humano. De la insatisfacción de lo que hay se suscita el deseo de lo que no se posee. Ya decía santo Tomás que el deseo es una pasión de la dimensión concupiscible de nuestro sentir sobre algo bueno que no se tiene y se cree fácil de conseguir. Si fuera difícil de conseguir pertenecería a la dimensión que llama “irascible”, es decir la “agresiva” de nuestro sentir, y no sería deseo sino esperanza. El dicho popular dice que quien algo quiere, algo le cuesta. El deseo se convierte con frecuencia en lucha por conseguir lo que se desea, en esperanza. Buda creía que anular los deseos, apagar la vela, impedía el sufrir. Pero reduce la vida a niebla u oscuridad. A la pérdida de individualidad. La ataraxia estoica, “ni padecer ni sentir”, que dice el dicho popular, aparte de imposible –Esquirol, “La penúltima verdad”-, es viento que anula la luz y la vida. Propio de la posmodernidad es la búsqueda de la satisfacción inmediata de los deseos. Y estos elementales. No se da lugar a la paciencia, o sea, a la constancia en el esfuerzo y el discernimiento que ha de acompañarlo. Eso es incendiario, aniquila sin más, es decir sin esperanzas de que surja algo de esa satisfacción. Se satisfacen los deseos queda sólo lo calcinado, sin vida. Cristo, en un texto que los estudiosos dicen que es de difícil sintaxis, dijo que había venido a traer fuego a la tierra, y deseaba que ya estuviera encendido. Lo dice previendo la disensión que va a producir incluso en los unidos por lazos familiares. Es contrario de la ataraxia, va generar deseos contrarios. Es viento y fuego lo que simboliza el Espíritu Santo que enciende la vida de los apóstoles y los lleva al enfrentamiento con el mundo oficial judío. Sin muerte no hay vida, de lo que muere surge nueva vida. Eso no es simple deseo, es una esperanza, exige renuncia a satisfacciones inmediatas, no es nada posmoderno. Es dar a la vida la dimensión de “desvivirse” por algo, por alguien.


Razones y gritos

11 de mayo de 2018 0 comentarios

Son profesionales, ha estudiado el caso con detención y rigor durante años, han escuchado a numerosos testigos; su opinión, no es una opinión más, se convierte en decisión con implicaciones reales: se juegan con ella prestigio, consideración profesional; tiene además consecuencias de amplio relieve para otras personas; y además están obligados a emitir juicio, que se convierte en sentencia. Se produce reacción contraria masiva y airada; muy aireada en los medios de comunicación social, en la calle, de quienes no han estudiado el caso; y menos con la minuciosidad de los profesionales; y desconocen la ley en la que se basa la sentencia. ¿Se ha de estar de acuerdo con la decisión final de unos jueces? No hay por qué. ¿Qué hacer ante el desacuerdo? Pedir explicaciones, es decir, razones por las que se llegó a la “incomprensible” sentencia. Más que gritar, tratar de informarse. ¿Se sabe distinguir entre la ley y la sentencia que se ajusta a la ley? Si la sentencia disgusta habrá que ir contra la ley en que se sustenta, no quienes contra quienes han juzgado de acuerdo con la ley. Sería el momento de pedir modificar la ley. Siempre aportando razones, no eslóganes. Las leyes son para cumplirlas, pero también para ser cambiadas, si se ve que no se ajustan a derecho. Sobre eso es lo que hay que insistir: con razones, no con clamores.


Posverdad y retórica

21 de abril de 2018 1 comentarios

Posverdad y retórica Hace ya un cierto tiempo me llegó un comentario a uno de mis post sobre verdad y posverdad. He tratado de encontrarlo en nuestra página; pero no lo he logrado, a pesar de que me pareció de interés y acepté su publicación. Sé que no llegué a comprenderlo bien, Sólo recuerdo que unía la posverdad a la retórica. Días después leí en un artículo de la página 3 de ABC un artículo titulado “Posverdad”. Me iluminó sobre la relación entre posverdad y retórica. Me recordó algo que indicaba el comentario al que me refiero, la posverdad hay que unirla a la retórica, no al saber. Es decir: “al arte de comunicar y persuadir, que puede querer transmitir la verdad o simplemente quedarse en conseguir la adhesión”, como leí en el artículo al que me refiero. Ello me llevó a algo que sólo había querido insinuar en alguno de mis posts. No es la verdad en sí misma, en su objetividad lo que interesa y merece el esfuerzo intelectual; sino el arte de defender lo que uno quiere que sea aceptado, o que consiga poner de su parte a los demás. Es decir: pura sofística. Ya desafiaba aquel sofista griego a que le ofrecieran una verdad que defender y su contraria, y encontraría argumentos igualmente convincentes, gracias a su arte en el discurso, a su retórica. Con ello resulta que la retórica es lo opuesto a la búsqueda de la verdad, no le interesa la verdad, cuida sólo de buscar seguidores de la suya, la que le interesa. En nuestro tiempo la utilización de la imagen, que evita el discernir, se impone a los ojos; los grandes titulares de prensa con los que se forja el modo de pensar; la publicidad insistente y atractiva es la versión actual de la retórica sofista. Ahí es donde se sitúa la posverdad.


Corrupción

6 de abril de 2018 0 comentarios

El autor repasa los casos de corrupción de personas de gran relieve público, sobre todo de políticos, bien de la política en general o de la política económica en diversos países de nuestro mundo occidental. Y entiende que si las personas públicas carecen de ética y se dejan llegar por intereses individuales hasta corromperse, se ha de derivar que los ciudadanos de a pie sigan su ejemplo. In vulgus (¿o?) manent exempla regentum, es axioma jurídico que recoge un texto medieval. En el pueblo se mantienen los ejemplos que dan quienes lo rigen. Me he preguntado, sin embargo, si la corrupción, en menor escala, no comienza en los ciudadanos, y cuando estos consiguen situaciones públicas de relieve no tienen más que dimensionar sus índices de corrupción, como se ha dimensionado su capacidad de administrar bienes económicos o el relieve social del cargo que ejerce. ¿Se aprende lo ilícito e inmoral cuando esto trae inmediatos, sabrosos e ingentes beneficios, o la escuela de la corrupción fue tratar de anteponer una cita o tratamiento médico, que postergaba la de otros; o buscar influencias que permitan no ajustarse a lo legal para conseguir lo que se pretende a costa de que otro no lo consiga, o tarde más en conseguirlo…? Si se insiste en que la corrupción empieza en quienes tienes responsabilidades públicas se explicará que pase a los ciudadanos, y éstos encontrarán en el mal proceder de sus dirigentes una excusa o incluso una justificación del suyo. Y a la vez bastaría que la corrupción desapareciera de los dirigentes para que no existiese en los ciudadanos. Si la corrupción reposa en las bases de la sociedad, aunque a nivel no muy relevante, se podrá pensar que el elegido dirigente la llevará consigo, sin mayores sorpresas de los gobernados, y el nivel de ella será proporcional a las dimensiones de su responsabilidad en la administración. A no ser que el dirigente asuma desde su limpia conducta -exempla- la labor de purificar a la sociedad.


Agua para todos

11 de marzo de 2018 0 comentarios

“Nunca llueve a gusto de todos”, es dicho popular. En medio de estas borrascas no siempre llueve la cantidad que deseamos, se puede sobrepasar lo necesario o quedarse corta la lluvia. Tampoco llueve lo mismo en todos los lugares en nuestra geografía española. Como tampoco todos los lugares tienen la misma necesidad de agua. Pensemos por ejemplo en los diversos cultivos. En concreto en esos cultivos que exigen sol, temperaturas moderadas y a la vez agua. En este caso no se puede esperar que toda el agua les venga del cielo, no viene la suficiente, ni llueve cuando es más necesaria la lluvia, ni del modo que pueda ser aprovechada; necesitan almacenar agua para los momentos de escasez. Pero su “almacén” con frecuencia está bastante vacío, no hay de dónde sacar el líquido necesario. A la vez en otros lugares el agua es un regalo dulce que se hace al mar de agua salada, que no sé si lo agradece o lo aguanta. Surge así la gran cuestión: ¿no se podría compartir el agua para que hubiera la suficiente para todos? La propiedad privada –el río es mío y para mí- tiene mucha fuerza. En general más que el bien común o la propiedad con dimensión social. Con ello lo que se plantea es un modo de ser y vivir en sociedad, o sea: de saber llevar una vida humana, que, por ser humana, tiene esa dimensión social. Se trata de vivir como lo que somos, humanos, no como lobos (Hobbes). ¿Existe la disposición y la decisión para abandonar su condición humana y optar por la de lobo?


El futuro de la Iglesia a treinta años vista

3 de marzo de 2018 0 comentarios

La revista Vida Nueva se ha atrevido a pronosticar cómo va a ser la Iglesia de dentro de treinta años. Los autores de los pronósticos parten de que los movimientos actuales en la Iglesia y la sociedad se mantendrán y se acentuarán siguiendo una línea continúa durante esos treinta años. De este modo es fácil prever una Iglesia con menos presencia en la vida social, con un número muy inferior de sacerdotes, con una vida consagrada con muchos menos integrantes tanto de mujeres como de varones, con una presencia mayor y más cualificada de laicos en la vida de la Iglesia; con una mayor presencia de la mujer, que, al mantener la línea de digna reivindicación de la mujer, puede llevar a saltar a ejercer el ministerio presbiteral; a su vez por la presión ya existente y siguiendo otros modelos que existen en la iglesia católica, no exigirá el celibato para ejercer dicho ministerio. Prever todo esto no parece demasiado aventurado. Pero se parte de una premisa: los cambios que ahora se observan no tienen vuelta atrás, porque se apoyan en un ambiente social y en unas ideas que surgen de él y los consolidan sin retorno posible. No sé hasta qué punto la historia está a favor de esa premisa o más bien nos muestra que existen “conquistas definitivas”, pero también vuelta a tiempos anteriores, mejores o peores, distintos en cualquier caso. Ante la velocidad que se dice y experimentamos que evoluciona la sociedad habrá que estar preparado para lo imprevisible en el sentido etimológico del adjetivo: lo no era previsible. Aunque en estos tiempos, existan experiencias que no apoyen jugarse todo a previsiones en la línea de lo actualmente dominante. Hemos experimentado crisis económicas que, por lo visto, eran imprevisibles, ascensos al poder de personas por las que tiempo atrás nadie apostaba, reacciones en la misma Iglesia que se han detenido en tiempos pasados, fieles cristianos, a veces eclesialmente cualificados, e instituciones eclesiales, que se negaban a aceptar los cambios habidos. Lo pendular también es un movimiento presente en la historia de la Iglesia. En cualquier caso, bien esta prever…; pero con humildad, la que exige adelantar cómo será el futuro no tan inmediato. La humildad siempre denota inteligencia y viceversa. Ambas impiden moverse entre el miedo a la catástrofe con aires apocalípticos, y la ilusión de soñar “despiertos” en el paraíso futuro. Siempre esperanzados, nunca ilusos.


Hablar, oír y entender

26 de febrero de 2018 0 comentarios

Decía Eckhart: “lo nuevo y lo raro ofrecen al espíritu un estímulo más agradable que lo habitual, aunque este tenga más valor e importancia” (Citado en el libro de Silvia Bara y colaboradores, Dios en ti. Ed. San Esteban, Salamanca. 2018, pg 29). Lo dice pensando en cómo debe ser la predicación, propia de su Orden, la de Frailes Predicadores. A continuación dirá: “algunas afirmaciones –se entiende “nuevas y raras”- a primera vista pueden parecer monstruosas, dudosas o falsas; pero no será así si se tratan con mayor agudeza y estudio”. Dos afirmaciones que entiendo que se han de entender como complementarias. Y quizás no es lo más frecuente. La primera, la aceptación favorable de lo nuevo y raro es bien conocida. Es necesario para llamar la atención y fijarla en lo que interesa de modo que no pase desapercibido. Comienzo necesario del discurso que los clásicos llamaban “captar la benevolencia” del auditorio. Es también asunto de mercado: vender bien el producto. La segunda exige un esfuerzo mayor: el de superar lo que agrada al oído y poner en funcionamiento nuestra capacidad de análisis, es decir el entendimiento, que ha de esforzarse en entender bien lo que se quiere decir con lo “raro y nuevo”. Esto es más exigente, necesita tiempo, y a los oyentes de hoy les cuesta más la reflexión, darse tiempo para comprender bien, superar primeras impresiones y llegar al fondo de lo que se quiere expresar con las afirmaciones que sorprenden, llaman la atención por “raras y nuevas”. Una cosa es cómo exponer, cómo hablar y otra cómo oír, entender. Quizás porque sus lectores y oyentes se quedaron en lo “raro y nuevo”, literalmente entendido, sin esforzarse en llegar a lo que Eckhart quería decir, éste tuvo problemas con las autoridades eclesiásticas. Necesitó explicarse. Consciente de ello el mismo Maestro Eckhart “con frecuencia se expresa de este modo en sus sermones: ” (o.c). Valga este apunte para recomendar el libro antes citado que me ha sugerido esta reflexión,


Escribir o no escribir

23 de febrero de 2018 1 comentarios

¿Qué se puede escribir que no esté ya escrito? La realidad que queramos describir es ciertamente cambiante, a veces imprevisible; puede parecer nueva y desconocida. Eso es lo anecdótico, que sólo necesita tomar nota de ello y comunicarlo. Lo que sobre ella se pueda reflexionar estará ya reflexionado. Sería la conclusión del "nada nuevo bajo el sol”, que dice el Eclesiastés.. O de ese otro dicho: “lo que no está – no se reconoce- en los clásicos es plagio … de ellos”. Será la capacidad de olvido o la falta de información del ser humano lo que justificaría que cada uno hiciera su propio análisis y llegará a conclusiones que se creen propias de los hechos:, y así construir una teoría nueva que vaya más allá de la anécdota. Otros se mueven en la línea opuesta: “la historia de la Filosofía es la historia de ideas muertas”, Isaías decía “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43 18). ¿Lo habrá dicho todo Isaías? Dios siguió hablando. En Jesús de Nazaret expuso la nueva buena. Y luego “quedó mudo” (S, Juan De la Cruz, recogido por Benedicto XVI). Se puede concluir: es necesario “leer más, escribir o hablar menos”. Pero cuanto más se lee, más cree uno que tiene algo que decir a propósito de lo que lee. Y sucede sobre todo con la lectura de la Biblia. En fin, atengámonos a la falta de información o al olvido de lo ya dicho para seguir escribiendo.



CUARESMA 2018

13 de febrero de 2018 0 comentarios

¿Por qué al inicio de la Cuaresma,el miércoles de ceniza,el texto evangélico que nos ofrece la liturgia pretende afinar cómo han de ser las acciones propias de la religión judía: la oración, el ayuno y la limosna? Afinar quiere decir exigir que sean auténticas, que no se utilicen para otros fines no nobles, sino más bien vulgares como el aparentar ante los demás ser limosnero, penitente, orante. Esa decisión parte de conocer bien la condición humana, la capacidad que tenemos de servirnos de lo noble para cubrir intereses no tan nobles, por no decir innobles, como vernos mejores que los demás. El texto evangélico exige orar cuando nadie te ve, sólo Dios; ayunar de modo que no se manifieste en el rostro cuando sales a la luz; hacer limosna sin que una mano se entere de lo que la otra hace. Todo ello es un clamor de autenticidad frente al disfraz de carnaval, de realidad frente a la apariencia. Eso exige entrenamiento, concentrar las fuerzas en lo valioso. Es lo que significa el tiempo de desierto de Jesús, que ha de ser de cada uno. En el desierto se olvida lo superfluo y se busca lo esencial, sobriedad –ayuno-; en el desierto se mira más a Dios –oración-, porque se percibe la necesidad de su ayuda, no nos valemos a nosotros mismos. En el desierto se echa de menos la mano amiga, generosa, - la urgencia de alguien con quien compartir lo que somos y tenemos –limosna realizada con el único fin de ayudar, sin nadie que la perciba excepto quien se beneficia. Eso es la Cuaresma siempre entendida como camino hacia la Pascua. Vivida con ese horizonte para que no sea un caminar ciego; pero exigiéndose, con esfuerzo y renuncias, para que el horizonte no sea una ilusión. Avanzar paso a paso sabiendo quién es el que avanza, con lo que tiene que cargar y las peripecias del caminar. Siendo realista, o sea, lo que se es; no gastando las fuerzas en aparentar ante los demás lo que no se es.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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