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Desde lo hondo

Ochenta años de la muerte de la Venerable Práxedes Fernández

19 de septiembre de 2016 0 comentarios

El seis de octubre de 1936, en Oviedo, en plena guerra civil, sin posibilidades médicas para atender una simple apendicitis, que por ello deriva en peritonitis, fallece la Venerable Práxedes Fernández, laica dominica, madre de familia. Su vida es conocida y divulgada gracias a los abundantes testigos que la recordaron, sobre todo en el documento básico del proceso de canonización, llamado “Positio”, que recoge los testimonios jurados de los múltiples testigos que la conocieron. Hasta el momento el papa Francisco la ha proclamado “venerable”, es decir: ha confirmado sus “virtudes heroicas”. Esa declaración invita a ser imitada, razón esencial de la presencia de los santos en la espiritualidad y devoción cristiana. En el jubileo de los ochocientos años de la presencia de la Orden de Predicadores en nuestra historia, es bueno recordar a miembros laicos de la Orden. De modo especial a quienes brillaron por su honda fe, en momentos de persecución y por su entrega a los más necesitados de atención humana en momentos de inhumanidad, así como de formación cristiana cuando ésta era olvidada, si no despreciada. La vida de Práxedes se vio turbada por la muerte en accidente de su marido y de uno de sus hijos; hubo de vivir su fe en medio de un ambiente fuertemente hostil. Supo atender a los necesitados sin preguntar qué lugar ocupaban en los enfrentamientos fratricidas, en la violenta persecución religiosa, movida siempre por su fe cristiana. Brilló en actitudes propias de la Orden: ejerció la compasión, testimonió con valentía la verdad de la fe, fue, pues predicadora desde la exigencias cotidianas de esposa, madre de familia, de hija, de ciudadana humilde. Al recordar la fecha queremos instar a que su vida sea conocida. Si no es conocida no puede ser imitada. Existe una amplia y documentada biografía, publicada por la Editorial San Esteban de Salamanca el año 1995. También desde el Secretariado de Práxedes se pueden ofrecer folletos que resumen su vida. Pueden solicitarlo a Fray Juan José de León Lastra, Convento Nuestra Señora de Atocha, c/ Julián Gayarre,1, 28014 Madrid, secretariadopraxedes@dominicos.org, Tf. 676680210. En la página, www.dominicos.org/grandes-figuras/personajes/praxedes-fernandez-garcia se podrá encontrar más información



Exigir signos

11 de septiembre de 2016 0 comentarios

2. “Los judíos exigen signos” (ICo, 1,22): es lo que se busca para beatificar y canonizar a alguien. Si se admite y proclama que su vida está llena de virtudes heroicamente vividas, -es lo que se proclama cuando es declarado “venerable” ¿por qué buscar signos para proclamarlo beato, santo? Esta consideración implica otra: los santos no están tanto para subirlos a los altares y encomendarles nuestras necesidades, como para que sean modelo de vida, de “virtudes heroicas”. Jesús, según el evangelio de Juan (6,25) se dirige a aquellos que presenciaron y se beneficiaron del signo de ser alimentados con unos pocos y peces que se “multiplican” y les dice “en verdad, en verdad os digo me seguís no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido pan hasta saciaros”. Y es que los signos pueden atraer por la sorpresa que generan, pero lo que acaba interesando es que se atienda a los deseos de cada uno. Algo de eso sucede con la presencia de los santos en la espiritualidad. Si realizan signos que “merecen” una beatificación y canonización que permite que su imagen pueda “ser elevada a los altares” en el sentido literal, lo que al fin acabará interesando es que su mediación sirva para conseguir lo que se desea, por ejemplo tener pan hasta saciarse. Pienso en Práxedes Fernández, mujer, madre de familia de nuestra época, de contrastadas, testificadas, y declaradas por el Papa Francisco, virtudes heroicas, que necesitará signos, o sea, milagros, para ser beatificada y canonizada; pero que no los necesita para ser modelo de vida cristiana, razón fundamental, como digo de la presencia de los santos.


"Vete a fregar platos"

8 de septiembre de 2016 0 comentarios

“Vete a fregar platos” le gritó el espectador del partido de fútbol a la árbitro del mismo. Ésta suspende el partido y exige que el espectador sea expulsado. Así sucede con el aplauso del resto de espectadores. El episodio aparece en todos los medios. Felicitamos a la árbitro y a los espectadores: no hay que despreciar de ese modo a un árbitro porque sea mujer. Pero me pregunto, ¿Cuál sería la reacción de la árbitro y la consecuente de los espectadores si el desconsiderado espectador le hubiera gritado “vete a estudiar filosofía”. Se puede entender que estudiar filosofía puede estar tan distante de arbitrar un partido de fútbol como fregar platos, y por ello expresaría que arbitrar estaba muy lejos de las capacidades de dicha mujer. Pero no, estudiar filosofía no merece el desprecio que parece pertenecer a fregar platos. Enviarla a fregar platos es enviarla a lo vulgar y bajo, que se entiende además trabajo propio de la mujer. Ahí está la fuerza del grito. ¿Sería necesario reivindicar que fregar platos es tan digno como estudiar filosofía: actividades humanas ambas, tanto del varón como de la mujer? Si fuera así el grito no tendría sentido.


Vivir es aceptar lo no querido

2 de julio de 2016 0 comentarios

Estos días poco que camines por Madrid es factor de abundante transpiración. Lo poco que caminé fue para no esperar los minutos que faltaba para tomar un autobús urbano y seguir a estaciones posteriores a subirme a él. Subir al autobús acalorado, sudando es enfrentarse a la hostil artificial temperatura del aire acondicionado: la traspiración se convierte en baño en agua fría. El cuerpo protesta. Protesta, pero se acostumbra. Todo cambio tiene algo de ruptura, aunque sea pura evolución o involución, es perder un poco el pie, implica cierto nivel de inseguridad, desajuste existencial. Cuando es ineludible, si se quiere conseguir algo - bajarse del autobús me dejaría lejos del lugar del destino- el esfuerzo que se ha de hacer es aceptarlo. El enfrentamiento, sea verbal –la protesta-, sea de “más que palabras”, no es lo más eficaz. No suele conseguir el objetivo y sí genera tensión arterial y psicológica. Un cambio duro es pasar de sentirse los vencedores en por ejemplo una consulta popular, a verse simplemente frustrado, porque ese sim-pático pueblo –digo simpático porque se creía que sin-tonizaba con personas y propuesta, o, como ahora se reitera, había muy buena química con ambas. Es necesario saber convivir con el ambiente frío del aire vigente. También tiene ventajas.


El pueblo y su ambigüedad

25 de junio de 2016 0 comentarios

De lo que hoy se habla en ámbitos políticos es del “populismo”. El pueblo –demos- es el origen de la democracia. También de la demagogia. Platón advertía que la continuación de la demagogia en los procesos históricos cíclicos era la tiranía. Platón no era especialmente democrático, prefería la aristocracia, el gobierno de los mejores –aristoi-. En esto estaríamos de acuerdo muchos, pero quién señala a los “mejores”. Se lo hemos dejado al pueblo, de ahí la democracia. Si bien es cierto que los elegidos, en principio no son más que los más votados, no necesariamente “los mejores”. La opinión del pueblo sobre las personas no tiene certeza, es eso: opinión. En parte porque los mejores no necesariamente se presentan como candidatos. Esta limitación es una de tantas como el ser humano y la sociedad que conforma tiene. Hay que aceptarla. La opinión del pueblo sirve para que haya paz social. El pueblo ha estado bastante olvidado a lo largo de la historia. Incluso el pueblo de la democracia griega excluía a los no griegos residentes, a los esclavos, a los… La Ilustración quiso salvar al pueblo, -¡cuántos salvadores del pueblo han aparecido en la historia!-, pero fueron claros: “sin el pueblo”. De populismo nada. El pueblo entendido como clase proletaria sería el actor de la revolución comunista. Era un principio científico, y no estaba expuesto a la libertad individual; el ser humano ¿libre? solo era un elemento del pueblo. Foucault diría que el individuo era sólo un hilo del tejido social, sin identidad, por tanto. Siempre es necesario volver al “pueblo”. Es como un lugar teológico. ¡Hasta la Iglesia es el “pueblo de Dios”, tras el Vaticano II, volviendo a expresiones bíblicas, que sin embargo reducían el “pueblo de Dios” al pueblo judío. Lo complicado de este “lugar teológico”, que siempre hay que salvar, es la aplicación concreta: ¿cómo contar con el pueblo para salvar al pueblo? ¿Quiénes lo representan mejor? Y lo más angustioso: ¿el pueblo sabe lo que necesita o tiene que fiarse de quienes interpretan sus deseos?


Más sobre la comunicación

19 de junio de 2016 0 comentarios

Un término consagrado es la interactividad. La comunicación tiene que ser interactiva. Y se pone como ejemplo el juego. Lo que no deja de ser ejemplificador del nivel de la interactividad: lúdico. La respuesta ha de ser inmediata, como la reacción. No hay lugar para pensar, para reflexionar sobre lo que se dice. Y el silencio no es nunca respuesta. Y por lo tanto tampoco la reflexión. Es necesario tener respuesta a todo lo que se propone o pregunta. Además inmediata. Si no el “juego” interactivo se cae. No cabe decir “eso tengo que pensarlo” o, lo que es tan respetuoso, “lo que dices merece la pena considerarlo detenidamente”. Tao Te King dice: “los inteligentes no discuten. Los que discuten no son inteligentes”. Tiene el limitado alcance de las expresiones cortas y terminantes. Y es necesario distinguir entre la discusión y el diálogo. Ambos implican escuchar y entender lo escuchado para continuar el diálogo o la discusión. Y ello exige tiempo y esfuerzo reflexivo. Los tertulianos no pueden permitirse la pausa reflexiva. Hemos detenerlo en cuenta para valorar la tertulia. Pero si la interacción es un juego, o es un juego de ajedrez, con tiempo, aunque limitado, para pensar, o tiene la levedad del juego; no la elevemos de categoría ni la carguemos densidad. Un término consagrado es la interactividad. La comunicación tiene que ser interactiva. Y se pone como ejemplo el juego. Lo que no deja de ser ejemplificador del nivel de la interactividad: lúdico. La respuesta ha de ser inmediata, como la reacción. No hay lugar para pensar, para reflexionar sobre lo que se dice. Y el silencio no es nunca respuesta. Y por lo tanto tampoco la reflexión. Es necesario tener respuesta a todo lo que se propone o pregunta. Además inmediata. Si no el “juego” interactivo se cae. No cabe decir “eso tengo que pensarlo” o, lo que es tan respetuoso, “lo que dices merece la pena considerarlo detenidamente”. Tao Te King dice: “los inteligentes no discuten. Los que discuten no son inteligentes”. Tiene el limitado alcance de las expresiones cortas y terminantes. Y es necesario distinguir entre la discusión y el diálogo. Ambos implican escuchar y entender lo escuchado para continuar el diálogo o la discusión. Y ello exige tiempo y esfuerzo reflexivo. Los tertulianos no pueden permitirse la pausa reflexiva. Hemos detenerlo en cuenta para valorar la tertulia. Pero si la interacción es un juego, o es un juego de ajedrez, con tiempo, aunque limitado, para pensar, o tiene la levedad del juego; no la elevemos de categoría ni la carguemos densidad.


Intercomunicación ¿de qué'

4 de junio de 2016 0 comentarios

“Estamos siempre conectados, interactivos, sin silencios, sin reflexión, sin fermentación que consiga el vino. Ser es comunicarse, si no te comunicas no eres, y si no eres nada es porque no te comunicas”. Mounier decía que somos personas en cuanto somos relación y a partir de ella formamos comunión. Sin relación somos sólo individuo de la raza humana. ¿Será lo mismo lo que dijo Mounier que lo que se expresa en la afirmación previa? La comunicación del comienzo de este texto es comunicación de la apariencia, de la anécdota, de lo más superficial: la relación que hace persona es de lo íntimo, de lo que nos constituye en el ser. Ese ser que sólo se cultiva y desarrolla en el silencio previo. Es relación de persona a persona de sentimientos a sentimientos. La interconexión de nuestro mundo es de lo perceptible a los sentidos, sin necesidad de hondura, epidérmico: en definitiva de la imagen. Y la imagen tiene la última palabra. Si el político en unas elecciones no ha conseguido el éxito esperado, lo atribuye a que no han sabido comunicar bien. No da espacio a pensar si su proyecto político adolecía de algún fallo. La comunicación acaba siendo una realidad autónoma. Lo que se comunica no importa, sino cómo se comunica. La mujer del cesar ha de parecer buena, que lo sea o no es irrelevante. Dentro del ámbito de la gnoseología aristotélica, tan dependiente de los sentidos, pues “nada que llega al entendimiento sin pasar por los sentidos”, el proceso termina en el producto sensible, la imagen. El esfuerzo intelectual de reflexión, discernimiento, etc. en busca de la verdad más allá de la impresión sensible, verdad que rebase lo individual, lo concreto, la anécdota, no tiene aceptación fácil, ni se cree comúnmente necesario. Los clásicos definían al torpe intelectualmente como quien no era capaz de ideas universales, no iba más allá de lo singular. Pero la torpeza mayor es dar carácter universal a la primera impresión, clausurando el proceso de mayor información y de reflexión sobre lo percibido. Dicho todo esto, podía ahorrarlo, pues ello necesita tiempo y silencio, y lo que abunda es la prisa, la primicia, y la locuacidad en la densa intercomunicación existente.


NUESTRO TIEMPO

18 de mayo de 2016 0 comentarios

Hoy dejo este espacio para que lo ocupe san Agustín. Escribía así de como vivir su tiempo, alla por los albores del s.V.Creo que vale para "nuestro tiempo"

No hay que murmurar, pues, hermanos como murmuraron algunos -son palabras del Apóstol- y perecieron mordidos por las serpientes. Los mismos sufrimientos que soportamos nosotros tuvieron que soportarlos también nuestros padres; en esto no hay diferencia. Y, con todo, la gente murmura de su tiempo, como si hubieran sido mejores los tiempos de nuestros padres. Y si pudieran retornar al tiempo de sus padres, murmurarían igualmente. El tiempo pasado lo juzgamos mejor, sencillamente porque no es el nuestro. Si ya has sido liberado de la maldición, si ya has creído en el Hijo de Dios, si ya has sido instruido en las sagradas Escrituras, me sorprende que tengas por bueno el tiempo en que vivió Adán. Y tus padres cargaron también con el castigo merecido por Adán. Sabemos que a Adán se le dijo: Con sudor de tu frente comerás el pan y trabajarás la tierra de la que fuiste sacado; brotará para ti cardos y espinas. Esto es lo que mereció, esto recibió, esto consiguió por el justo juicio de Dios. ¿Por qué piensas, pues, que los tiempos pasados fueron mejores que los tuyos? Desde el primer Adán hasta el de hoy, fatiga y sudor, cardos y espinas. ¿Acaso ha caído sobre nosotros el diluvio? ¿O aquellos tiempos difíciles de hambre y de guerras, de los cuales se escribió precisamente para que no murmuremos del tiempo presente contra Dios? ¡Cuáles fueron aquellos tiempos! ¿No es verdad que todos, al leer sobre ellos, nos horrorizamos? Por esto, más que murmurar de nuestro tiempo, lo que debemos hacer es congratularnos de él.



Carpe diem

2 de mayo de 2016 0 comentarios

Con motivo de la visita a un convento de dominicas para celebrar santa Catalina de Siena he podido ver que en su recogido, armonioso y bello claustro se había colocado una reducida tabla envejecida con el lema “carpe diem”. Me sorprendió que apareciera en ese lugar la expresión de Horacio, tan reiterada cuando se quiere exponer el pensamiento postmoderno. El texto invita a vivir el día, disfrutar de él sin complicarse yendo más allá del disfrute de lo inmediato. Es una exaltación de la inmediatez. En concreto de la satisfacción inmediata. Humberto Eco escribe a su nieto, nos lo recordaba Olegario de Cardedal, y le advertía de la pertenencia a una generación atenazada por la inmediatez, sumida en el instante… Sin horizontes, y sin historia. Esto no cuadra con un convento centenario habitado por personas que saben recoger la historia, filtrarla y avanzar movida en parte por ella hacia un horizonte de realización personal en la aproximación a Jesús de Nazaret. Es verdad que caminar hacia el horizonte exige el caminar día a día para que no sea un proyecto vacio. Pero también es cierto que vivir el día sin proyecto alguno es vivir en la oscuridad de lo inmediato sin sentido o corto de él. Es vivir dando bandazos, acumulando experiencias efímeras, sin recorrido. Cierto es que cuando el horizonte vital es oscuro, por ejemplo el que está anunciado por una enfermedad con mal pronóstico, se aconseja vivir el día para no deprimirse ante lo que se sabe va a pasar. El consejo se ofrece para una situación de excepción, que a su vez merece que se interprete y se le dé un sentido para vivirla. Pero si el futuro no está marcado simplemente por lo más negativo de la vida, ni por la muerte, sino que se confía en avanzar en ser lo que uno debe ser, en la salvación, por utilizar términos teológicos, no podemos ni debemos apartarlo del vivir. La expresión de Horacio es: “Carpe diem, quam minimum credula postero”, o sea, hazte con el día –es lo único tuyo- desde la desconfianza del futuro; no será fácil ni inteligente vivir sin contar con el futuro, y desprenderse de la historia. Tampoco aconsejable. Sería reducir a mínimos la comprensión de lo que somos.


Nuestro mundo

25 de abril de 2016 0 comentarios

El conocido autor italiano Magris denuncia que “considera insoportable el pesimismo complacido de algunos intelectuales que se complacen con el mal”. Sorprende y se agradece tal denuncia. Parece que al buen pensar, sobre todo de quien se considera intelectual, corresponde denunciar la ignorancia, la maldad en forma de injusticia, violencia, la corrupción, y demás vicios de nuestra sociedad, Se dice que basta con asomarse a un telediario para tomar conciencia de ello. Y cierto es que el telediario se convierte con frecuencia en un elenco del mal de nuestra sociedad. Es largo el relato de sucesos con carácter violento. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que no es recomendable alimentarse sólo de las noticias televisivas, o de otros medios, para formar opinión. Las realidades positivas en las que la virtud puede sobre el vicio apenas se hacen ver u oír: no son televisivas, o simplemente no son noticia. Eso manifestaría una dimensión positiva de nuestra sociedad: la noticia, y por lo tanto lo que llama y atrae la atención que es lo que se sale de lo normal es lo negativo; lo normal, es decir lo más frecuente, es lo positivo. Pertenece al pensamiento débil y fragmentado, que se extiende también entre intelectuales, pues sorprendentemente ha adquirido un carácter académico, esa globalización de la percepción negativa de nuestro mundo. También influye que en la medida que se saca a la luz los vicios de la sociedad uno se complace, por utilizar el término de Magris, en sentirse libre de ellos, son vicios que pertenecen a otros; suele el “intelectual” sentirse un tanto por encima de la “gente”. Es el “regocijo” del despotismo ilustrado de toda época. Una cosa es pisar tierra y avanzar con los ojos abiertos a lo que sucede en nuestro alrededor y otra tener ojos selectivos sólo para el mal sin dejarse iluminar por el bien. Que nunca será universal, pero sí mayoritario.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología San Esteban (Salamanca). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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