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Desde lo hondo

Ser y nada

14 de junio de 2017 1 comentarios

Acabo de leer el artículo del País: “Millennials’: dueños de la nada”. Y me temo que se encontrará con la calificación o, quizás mejor, descalificación, de cualquiera de los “millenails”, resumida en la afirmación, “asunto generacional”. O sea reacción de viejo, propio de otra generación, no de la nuestra, con la vanidad –no llega soberbia- de los que se sienten, solo por pertenecer a esa generación, dueños de la verdad –o posverdad- e intérpretes auténticos de lo que somos y nos pasa. No seamos pretenciosos: es pedir peras al olmo querer que en nuestro tiempo se desarrolle un sistema de pensamiento –discurso lo llamará un posmoderno, porque lo reduce a retórica- como el del siglo XIX, tras la honda crítica al pensamiento del XVIII; ni siquiera que nos preguntemos por el ser de modo más ligero, propio de la metafísica de Heidegger, o del existencialismo de las décadas centrales del siglo XX. Primero porque no se reconoce valor al sistema, a no ser para presentarse ante el público como antisistema. Segundo porque “yo soy yo y mi circunstancia”, se reduce a “yo soy mi circunstancia” ¿“Dueños de la nada”? Pero ¿existe el ser para los millennials o solo el acontecer, el relato, la apariencia? Ese es su ser, la nada es lo que no se encuentra al querer ahondar para aproximarse al ser. Ni revisión crítica del pensamiento anterior desde un nuevo modo de pensar propio de la crítica de Hume o Kant, ni idealismo ni materialismo histórico o dialéctico, ni preocupación por el mundo de la conciencia individual de la fenomenología, ni por la conciencia social de los existencialistas y personalistas. Ni por la presencia del misterio, en el que ahondar o creer. Ni tampoco por la responsabilidad desde un sistema ético, fuera de la moral a la carta. En el ámbito de lo social el llamado populismo como refugio de la debilidad de pensamiento, es la solución. También en la formalidad social: la democracia no se basa en la presencia representativa del pueblo, sino en lo asambleario. La verdad está no en lo que la mayoría decida, es inútil cualquier proceso para buscarla, es pérdida de tiempo. Ni siquiera hay que gastar esfuerzo por educar a quien va a decidir, basta con poner como argumento los intereses individuales, y las consignas “que suenan bien”. El error ha acompañado siempre a quien busca la verdad, pero el mayor error es no buscarla con seriedad, porque, hay que decirlo, la verdad no interesa, no tiene porvenir, su porvenir es el de los caducos sistemas filosóficos, previos al pensamiento débil y fragmentario. Este es el que nos ha de conducir. Y no es poco que aún hablemos de “pensamiento” cuando hemos dejado al margen la verdad para quedarnos con la posverdad, que no exige pensar.


Imagen y formas

10 de junio de 2017 1 comentarios

Es recurrente insistir en que existimos, nos movemos en el mundo de la imagen; en el ámbito de la apariencia. Desde el dogmatismo empirista, para quien todo queda reducido a lo que entra por los ojos, a lo que captan nuestros sentidos, a lo que aparece, de modo que sólo se pueda hablar –formular proposiciones- de lo empíricamente comprobable ( o lógica-matemática- mente formulable), hasta lo más liviano, el look de personas, “la buena imagen que se da”. Esto choca con algo tan frecuente como el descuido de las “formas”. Uno se pregunta “¿qué imagen ofrece quien acude a lugares o actos de cierta enjundia, sea la misa dominical o un acto académico, o una celebración social en bermudas y chancletas, por ejemplo?”. De inmediato surge la respuesta: la imagen es de suyo voluble, una buena imagen en un tiempo corresponde a unas “formas”, en otros a otras. Puede que estemos en tiempos en que la buena imagen lo aporte lo “informal”. Sea así. Pero queda en el aire pensar que la imagen implica a alguien que nos ve y quienes nos ven no están a gusto cuando se ofrece una imagen que según su sentir no corresponde a lugar o al acontecimiento en el que se está presente. Lo que está en el aire es algo tan importante como pensar en los otros, saber que se está con otros, se vive con otros, que vivir es convivir y convivir implica cooperar a que los demás se sientan bien a gusto en la convivencia. No se cuida la imagen para ver sólo qué impresión se causa uno a sí mismo ante el espejo, sino también para que los demás les agrade su presencia. Esto supone enfrentarse a algo de tanta hondura como es simplemente pensar en los otros. Mas esto choca con el tan denunciado individualismo cultivado, y por eso generalizado, de nuestra cultura o “postcultura”.


El Espíritu Santo, meta-relato de Jesús de Nazaret

29 de mayo de 2017 0 comentarios

Hoy lo que priva en ámbitos de cierto carácter intelectual es “el relato”. El relato, la descripción adquiere tal relieve que a veces se le entiende como la “última palabra”. No necesita interpretación, lo que llaman “meta-relato”. Éste distorsionaría el relato. Se habla de Teología narrativa. De lectura narrativa, sin interpretación, de los relatos evangélicos. Frente a esta actitud mental es frecuente escuchar y leer que “no se leyó bien o sí se leyó adecuadamente”, desde un partido de fútbol, a acontecimiento de más hondura de la vida social. En ese caso leer se entiende como interpretación. ¡Contradicciones de los tiempos! Schillebeecks titula uno de sus libros “Los hombres, relato de Dios”. Al acercarse la fiesta de Pentecostés tomo conciencia de que de Jesús tenemos relato, relatos; del Espíritu Santo no. Y entiendo que el Espíritu Santo es el meta-relato de Jesús. Jesús mismo le constituyó como su intérprete, el que haría conocer todo a los apóstoles, a interpretar su vida y sus palabras. Jesús salió del Jordán “lleno del Espíritu Santo”, dice Lucas. El Espíritu le llevaría a los días de reflexión del desierto, donde Jesús discerniría que le exigía ese Espíritu, qué tipo de presencia y misión. Bajo el Espíritu actuó. Y lo transmitió luego a sus discípulos, que descubren el “espíritu”, que a él le animó, al que han de ser fieles. Así puede decir Pablo, “si alguno no tiene el espíritu de Cristo, no es de Cristo”. Nosotros no podemos imitar literalmente relato de Cristo, pero sí su espíritu que se nos descubre al leer sus palabra, el relato de sus hechos bajo la inspiración del Espíritu Santo.


Verdad y titulares

26 de mayo de 2017 0 comentarios

¿Qué tal Juanjo?, se dirige a mí un joven con el que coincidía en uno de tanto viajes nocturnos míos en tren de Oviedo a Madrid. “Perdona, no te conozco”. “Yo a usted tampoco”. Pero conozco el jersey que lleva puesto: Manolita lo ha tenido expuesto en el escaparate de su tienda. He querido comprarlo y me ha dicho, ”. En efecto era uno de los jerséis que Manolita tejía y me regalaba. Llamaban la atención. Yo entonces me “atrevía” con ellos incluso para vestir en sesiones de trabajo tan sesudas como las que me convocaban a Madrid. He recordado la anécdota cuando por no sé qué asociación de ideas meditaba sobre la frecuencia con la que se nombran la realidad o el acontecimiento fijándose en lo accidental; a veces, como en el caso del joven del tren, es lo único que se conoce, lo que viste. Algo bien accidental y equívoco, como recuerda el dicho: “aunque la mona se vista de seda...”. La técnica periodística exige titulares llamativos –como el jersey-. El titular da carácter “periodístico” a la noticia sobre la exactitud de ella. Y el titular busca lo llamativo, que no siempre es la expresión de lo real. Con suerte el titular podría ser truco para llamar la atención, para interesarse por la noticia o la opinión y adentrarse en ella a lo largo de la lectura del texto. En la lectura se descubrirá lo substancial de la información u opinión. La verdad suele estar en lo hondo y lo hondo no se vende. No es crítica señalar ese desajuste entre titular y texto. Lo llamativo está bien si es el primer paso para entrar en contacto con la verdad de lo que es. El flash atrae la atención, pero si todo queda ahí, la oscuridad es lo que reina. Estamos tan asaeteados por informaciones, escritas, orales, en papel, en dispositivos electrónicos, que casi no nos queda más tiempo que el que necesitan los titulares. El texto exige demasiado tiempo y ver más allá del titular: demasiado, digo, dado lo rapidez exigida para formarse opinión de personas y acontecimientos, propio de tiempos de epidermis e imágenes como meta última del conocer.


CUAJO DOCTRINAL

13 de mayo de 2017 0 comentarios

La falta de lo que indica esa expresión lo atribuye un columnista a un líder político que quiere ser más líder, único líder. De ahí, apunta, que puede ser flexible y formar coyundas con cualquiera. Otro periodista apuntaba cómo en política se está supliendo la complejidad por la simplificación, el argumento por la consigna, y se reduce el diálogo a provocación, o sea, a ¿diálogo? que empieza por el insulto y no pasa de ahí. En la presentación de cierto libro un cardenal acudía a la doctrina social de la Iglesia como referencia obligatoria para considerar, si no juzgar, un sistema político. El también cardenal y autor del libro, entendía que bien está la doctrina, el cuajo doctrinal, (esto es mío), pero es más interesante desde la perspectiva cristiana la persona y a ella hay que acercarse aunque haya que poner entre paréntesis, nuca negarla, la doctrina. Un laico presente venía a decir que eso es lo que define a la por todos reconocida “ejemplar diplomacia vaticana”. Triste y banal es enfrentar, desde una perspectiva cristiana, la afirmación doctrinal con el compromiso con las personas o instituciones concretas. El Papa al que se le ha acusado de falta de “cuajo doctrinal”, ha avisado de que tenemos una doctrina pero no para apedrear con ella a las personas. Por el contrario a “la doctrina cristiana” pertenece, el valor absoluto de la persona, de toda persona, así como que antes que juzgar hay que esforzarse en comprender, y estar más dispuestos al diálogo que a la excomunión o al anatema. Dialogar con todos, incluso con los que convierten el diálogo en colección de consignas cargadas de descalificaciones. Eso será responsabilidad de ellos. A ello hay que responder con el “cuajo doctrinal”, que proclama la defensa de la dignidad de la persona, de su libertad, de sus derechos y…deberes. A Pablo VI pertenece la afirmación de que el diálogo es nueva forma de la caridad. Que no es una consigna, sino la conclusión de su defensa del diálogo en un documento tan doctrinal como la encíclica Ecclesiam suam, 1964.


El positivismo cristiano

10 de mayo de 2017 0 comentarios

Es Ratzinger quien utiliza esta expresión. Positivismo entendido como el conocimiento propio de los sentidos. Para Comte positivo es el tercer y último estado del desarrollo de la mente humana, superado el estado teológico y el filosófico. Si se habla de Dios nos movemos en lo transensorial, en el estado religioso, diría Comte. Incluso la razón, no sólo los sentidos, se encuentra limitada para hablar de Él: solo unos pocos, después de muchos errores y con conocimiento análogo podrían saber algo de Él. Siempre será mucho más lo que de Él ignoremos, que lo que sepamos, nos lo advirtió ya Tomás de Aquino. Dios es inalcanzable e invisible para las religiones, sobre todo para las monoteístas. El judaísmo y el islam, celosas de esa distancia de lo divino, para no caer en la idolatría, rechazan cualquier imagen de de Dios. Por el contrario el Dios cristiano desde su también infinita distancia asumió la condición humana: se le pudo ver y palpar, se oyó su palabra, permitió que los sentidos humanos llegaran hasta él, pues “se hizo carne”. En ello radica la dimensión positiva de la fe cristiana. Y también su dificultad, porque podría resultar más fácil quedarse en lo insondable de la lejanía de Dios, abrumados por su misterio, que no verle, sentirle, oírle al visitarnos en un momento dado de la historia. Pero no sería inteligente desaprovechar esa cercanía de hombre perfecto y perfecto hombre , como recuerda de Jesús el Vaticano II, para no considerarle nuestra referencia existencial. Ser centro de la vida y no sólo de la religión, del culto a lo misterioso.


CIENCIA Y FILOSOFÍA

9 de mayo de 2017 0 comentarios

El post anterior en el se hacía la pregunta si la ciencia y la religión estaban enfrentadas mereció un juicio sumario a un lector: “muy malo”. Ni siquiera mereció que se apuntara en qué consistía la “maldad”. A pesar de ello sigo en esa línea de reflexión Entiendo que si no tiene sentido enfrentar religión con ciencia porque caminan por sendas en distinto nivel, sí es grave que la cuestión cognoscitiva sobre la religión se reduzca a enfrentarla con la ciencia, cuando de haber enfrentamiento es, en términos generales con la razón. Y no con cualquier razón, sino con la filosófica. La que se plantea las cuestiones kantianas, la que busca el origen el fin, el sentido de la totalidad y de modo especial de quien se plantea esas cuestiones, del ser humano. Ello pertenece a la filosofía. Entiendo que es más grave negar la existencia de la razón filosófica que la de la religión. Negar o prescindir de ella a la hora de ejercer nuestra capacidad de entender y entendernos es atentado contra la dignidad humana. El exclusivismo del saber científico, que sin duda tanto bien –y no poco mal- ha aportado a la humanidad, es ataque a lo hondo de la condición humana. Reservar el saber a lo que los sentidos aportan, investigan y hallan, es rebajar el ansia de saber humano. Entender que sólo lo experimentable merece ser tenido en cuenta, es negar el esfuerzo por saber que ha animado a las mentes más lúcidas de la historia humana. Aunque no llegaran a ofrecer respuestas definitivas, que “entrara por los ojos o se formulara e una terminante ecuación matemática. Nadie niega que a lo largo de la historia ha avanzado la ciencia: sabemos más de nuestro mundo; pero seguimos, por ejemplo, comportándonos en gran parte como hace siglos de manera violenta, con una violencia, con efectos más devastadores propiciados por los avances científicos al ser utilizados contra la condición humana, contra la naturaleza. Ello grita la necesidad de la insuficiencia del saber científico. Sin filosofía no hay ética, sólo verdad instrumental –posverdad-, ideología. El ser humano es reducido a un elemento de la raza humana, o de la sociedad, sin autonomía, sin libertad. Todo es efecto del determinismo de la ciencia biológica o…del azar. Ni libertad ni más afectos que los que la fisiología genera. Ni derechos…ni deberes.


RELIGIÓN Y CIENCIA ¿ENFRENTADAS?

5 de mayo de 2017 1 comentarios

Los laicos de la fraternidad de Nuestra señora de Atocha proponen cada año con motivo de la fiesta de santa Catalina de Siena una conferencia sobre asuntos de actualidad. Este año el tema fue “Ciencia y Religión ¿enfrentadas? “. Estuvo a cargo del profesor Valderas, asiduo en espacios de la página web de dominicos.org. Me ha sorprendido el título. La ciencia discurre en un ámbito distinto del de la Religión, son líneas que se cruzan, nunca se enfrentan, porque no se encuentran. No así fe y razón que si se ven en no pocos temas. Me temo que ello responda: a) por una parte a que en el ámbito social o popular, el de los medios, el conocimiento es ciencia o es fe, o b) a que se parta de la afirmación ya académica de que no hay más conocimiento que el empírico, el que aportan los sentidos. Se margina así al conocimiento de lo que se llama Filosofía, de la pregunta por las últimas causas que diría Aristoteles, por asuntos como el origen del ser, su destino, la existencia o no de un proyecto en la evolución creadora, el sentido del vivir humano, la peculiaridad de ser persona humana y no reducirlo a un ser más de la creación…, y todo el amplio ámbito de lo ético, del bien y mal moral, de la justicia, del amor… De nada de esto sabe la ciencia, que a partir de cuestiones formales, las matemáticas, trata de reinterpretar científicamente lo que los sentidos perciben. La ciencia se preocupa de lo que es, no lo que debe ser, de lo que es, no el fin último de lo que es, de lo que es, no del sentido del ser, de lo que es, no de lo bello de ser, de lo que es, no de los sentimientos hacia el ser, el amor o la admiración; eso que no le preocupa ni estudia pertenece, sin embargo, a lo más hondo de las preocupaciones humanas de todos los tiempos. La razón filosófica y la fe son las que se inquietan por ello, acudiendo a fuentes distintas, la pura razón o la revelación. Razón filosófica y fe son las que pueden entrar en conflicto, pero también en ayuda mutua, cuando cada una se mueve en su ámbito. El problema grave que, está en el fondo de comparar la ciencia con la fe, es el rechazo de la Filosofía, y con ello de afrontar las preocupaciones más serias de la condición humana. Recordemos las preguntas que formulaba Kant: ¿qué podemos conocer? ¿qué debemos hacer?, ¿qué nos cabe esperar?, ¿Quién es Dios?, en definitiva ¿qué es el hombre?. La ciencia puede ayudar ofreciendo bases experimentales, pero se ve incapaz para responder a esas preguntas. La razón filosófica, la fe sí las abordan, desde puntos de vista distintos.


Fe en la resurrección

14 de abril de 2017 0 comentarios

El signo del cristianismo es la cruz, no un Cristo resucitado o un pastor con la oveja a los hombros, representación previa en las primeras comunidades a la del crucificado. La muerte en la cruz entra más por los ojos que la resurrección: tiene una representación más fácil que la de la resurrección. Y ello influye en algo que está cargado de símbolos visibles como es la religión y más aún la religiosidad. La Pasión y muerte de Cristo está minuciosamente descrita en los textos evangélicos. La de la resurrección, aparte de divergencias en los relatos de los evangelistas, se apoya en hechos puntuales que es necesario reinterpretar, cuya fuerza está en el mensaje que ofrecen más que en el episodio. La reflexión sobre la muerte y pasión de Cristo antes que mirar hacia afuera ha de fortalecer nuestro interior. Interiorizando lo que Jesús padeció, su muerte, y tomando conciencia de “su amor hasta muerte”, su fidelidad a la voluntad del Padre, es como podemos orientar con sentido nuestra actitud ante las pasiones de los “cristos” de hoy. A la vez hemos de interiorizar los valores de la Resurrección: el triunfo de “los bienes del cielo” que san Pablo nos dice hemos de buscar. Los bienes que son más fuertes que la muerte, por eso son eternos, que encontramos en nuestro existir en este mundo, aunque de manera imperfecta: el amor, la verdad, la relación con Dios, construir comunidad humana. Interiorizado el mensaje de la resurrección de Cristo, tan exigente o más que el de su muerte, estaremos en situación de ser testigos de esa resurrección, y proclamaremos esos “bienes del cielo”. Bienes que son los que constituyen lo esencial y más noble de nuestra condición humana, los que nos hacen ser lo que somos. Etty Hillesum, la judía víctima de Auswichtz, cuando estaba en el campo de Westerbork, previo al del exterminio, se esforzaba en conseguir una “vida interior productiva y esperanzada”, para poder procesar, encontrar sentido, a lo que ella y los demás vivían en ese ambiente inhumano. La fe en la Resurrección, bien interiorizada ha de ser productiva, eficaz en trabajar por un mundo más humano. Para ello tiene que ser esperanzada. Y ello implica saber descubrir los signos de esperanza que existen en la vida de hombres y mujeres de este nuestro mundo. Incluso en ámbitos de inhumanidad tan esparcidos por él.


Axioma y paradoja en la vida humana

14 de abril de 2017 0 comentarios

Joaquín Alonso Vigil en su interesante novela “La flecha en el aire”, tan bien escrita, en la que junto al relato incluye consideraciones cargadas de hondura filosófica, dice que lo propi de la juventud son los axiomas, mientras que de la vejez lo son las paradojas. Que a la juventud le gusten los axiomas, afirmaciones o creencias que tiene la verdad en sí mismas y no necesitan de gastar tiempo y esfuerzo en demostrarlas, porque toda demostración parte de ellas, es bastante aceptado. Ser joven es vivir apurando tiempos, sin detenerse demasiado en evaluarlos. Para ello se necesita estar convencido del punto de partida y del objetivo que se busca y caminar sin apenas detenerse. Sobre todo no dar lugar a dudas, al menos en demasía. Las certezas son las que mueven a la acción, no las dudas. Ser joven es vivir en acción. Aplicar a la vejez la paradoja, también tiene sentido. En el ritmo de la vejez y con la experiencia de lo vivido se da posibilidades a descubrir las contradicciones del ser y del hacer: la falsedad de no pocas “verdades”; la miseria del avaro; el dolor de placeres; la frustración de no pocos éxitos; lo efímero de lo creído definitivo…etc. En la vejez, si no a lo paradójico, sí se da amplio margen a la ambigüedad, o sea, a percibir contrarios que se unen. Es su fuerza y su debilidad, o sea, algo paradójico. Fuerza porque asume el vivir con un realismo mayor: la vida como algo lleno de situaciones, de verdades inacabadas, que exigen seguir con gusto caminando por el existir. Debilidad, porque se abandona la seguridad del ser, del estar, del hacer: la certeza del punto de partida, de aquello que se quiere conseguir y de los medios para conseguirlo. Un comentario a está leve descripción, comentario de vejez, podía ser: está bien cada actitud humana en su tiempo.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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