Blog

Desde lo hondo

CUARESMA 2018

13 de febrero de 2018 0 comentarios

¿Por qué al inicio de la Cuaresma,el miércoles de ceniza,el texto evangélico que nos ofrece la liturgia pretende afinar cómo han de ser las acciones propias de la religión judía: la oración, el ayuno y la limosna? Afinar quiere decir exigir que sean auténticas, que no se utilicen para otros fines no nobles, sino más bien vulgares como el aparentar ante los demás ser limosnero, penitente, orante. Esa decisión parte de conocer bien la condición humana, la capacidad que tenemos de servirnos de lo noble para cubrir intereses no tan nobles, por no decir innobles, como vernos mejores que los demás. El texto evangélico exige orar cuando nadie te ve, sólo Dios; ayunar de modo que no se manifieste en el rostro cuando sales a la luz; hacer limosna sin que una mano se entere de lo que la otra hace. Todo ello es un clamor de autenticidad frente al disfraz de carnaval, de realidad frente a la apariencia. Eso exige entrenamiento, concentrar las fuerzas en lo valioso. Es lo que significa el tiempo de desierto de Jesús, que ha de ser de cada uno. En el desierto se olvida lo superfluo y se busca lo esencial, sobriedad –ayuno-; en el desierto se mira más a Dios –oración-, porque se percibe la necesidad de su ayuda, no nos valemos a nosotros mismos. En el desierto se echa de menos la mano amiga, generosa, - la urgencia de alguien con quien compartir lo que somos y tenemos –limosna realizada con el único fin de ayudar, sin nadie que la perciba excepto quien se beneficia. Eso es la Cuaresma siempre entendida como camino hacia la Pascua. Vivida con ese horizonte para que no sea un caminar ciego; pero exigiéndose, con esfuerzo y renuncias, para que el horizonte no sea una ilusión. Avanzar paso a paso sabiendo quién es el que avanza, con lo que tiene que cargar y las peripecias del caminar. Siendo realista, o sea, lo que se es; no gastando las fuerzas en aparentar ante los demás lo que no se es.


CRÍTICA

28 de enero de 2018 0 comentarios

¡Existe tanto que criticar en nuestra sociedad! Esa acción es la que menos esfuerzo intelectual necesita. Y la que menos compromete; es fácil, al alcanza de todos. Además mientras criticamos quedamos al margen de la crítica: corruptos son los otros; ineptos son los otros; vagos son los otros… Los otros pueden ser todos, “la gente”, que son los otros menos yo, o un grupo determinado, los políticos, por ejemplo o los funcionarios, los directivos de un club o… La crítica no sólo es fácil, sino que sirve para vernos mejor, “no soy como los demás” es sentimiento que la incluye. Pero ahí termina. Su recorrido es corto. No lo sería si, ante tanto mal, utilizando ya la inteligencia, con esmero y esfuerzo, sin prisas, dándose tiempo para una información suficiente y adecuada; y con frecuencia con una dosis de humildad que permita ver que las soluciones no son fáciles, y que el mal no es ajeno a uno mismo, y tratáramos de ver qué soluciones habría que encontrar y cuál sería el compromiso de cada uno para actuar contra el mal. Puede que nos viéramos incapaces para hacer algo que no fuera no caer nosotros en lo criticable, aunque fuera en un nivel inferior. Confesémoslo. Pero no nos quedemos ahí: ejercitemos la inteligencia y unos ojos limpios para ver lo bueno que sí existe, sin ser perfecto, en nuestro mundo; y disfrutar de que exista. Nos servirá de referencia para combatir el mal con nuestro propio bien ser.


El Papa en Puerto Maldonado

23 de enero de 2018 0 comentarios

La presencia del Papa en la selva amazónica, en concreto, en Puerto Maldonado tenía un objetivo, que resumiría diciendo: hay que apostar por los que habitan aquellas tierras, por su dignidad humana, su cultura y tradiciones y por el ámbito en que se mueven. Todos los seres humanos nos necesitamos. Todos tenemos algo que decirnos. Todos podemos aprender de los otros. Y lo mismo las diversas culturas han de nutrirse unas de otras. Es esta reciprocidad lo que nos sitúa en la verdad de nuestras relaciones. Por ello, la explotación de la que han sido víctimas por los extraños que vinieron a servirse de ellos para sus intereses exclusivos, con desprecio de sus personas, de su estilo de vida, desde la prepotencia de quienes se creen superiores, ha de ser censurada. Pero no todo fue así en el encuentro entre nuestra cultura cristiana occidental y las de ellos. Los misioneros pretendieron sin desprecio, desde el aprecio y el amor, ofrecerles algo que ellos no tenían. Con mayor o menor acierto. El sentido de la vida, el modo de ser personas humanas, y de relacionarse con Dios y los demás que ofrece el Evangelio. En aquellos lugares se encontraron con grupos que estaban en el paleolítico, no cultivaban la tierra, vivían de lo que cazaban o recolectaban sin sembrar. Ofrecieron una sanidad y una educación que desconocían. Les abrieron a un mundo distinto, pero formado por personas humanas como ellos. Ampliaron no sólo la expectativa de vida, sino un ámbito más amplio de conocimiento y relación. Los nativos que se fueron incorporando a este estilo de vida no desean volver a ser un grupo apartado, perdido en la selva, con el estilo de vida que llevaban hasta entonces. ¿Que han sido ultrajados, esclavizados, despreciados como seres inferiores por no pocos? también es verdad. Los misioneros dominicos fueron llamados por el Papa para que su presencia y acción fuera freno a ese inhumano trato que a principios del siglo XX les impusieron los prepotentes caucheros. Aún es necesario denunciar el que reciben de otros explotadores de nuestro tiempo de los recursos del lugar, como madera, oro, gas, petróleo. Pero sin pretender volver a tiempos anteriores. Tampoco la crítica de esas actitudes inhumanas hacia ellos, hacia el medio ambiente, puede olvidar lo que otros les han ofrecido para mejorar, desde el respeto a su idiosincrasia, su modo de vivir. No se puede volver a la simplificación del “buen salvaje”. Porque no es “bueno”, tiene también en su interior lo que de malo existe en todo ser humano, ni es “salvaje”. No debemos dejarnos arrastrar por un “indigenismo”, que sirva de estudio y de curiosidad a los que por allí se acercan, y se olvide de ofrecer lo que bueno tienen quienes se acercan, por ejemplo, el estilo evangélico de vivir. El sínodo de los obispos de la Amazonia tratará de todo ello. El Papa en sus intervenciones no tuvo ocasión más que para despertar la conciencia del mundo en orden a respetar y aprender de lo bueno de esas culturas, y cuidar la rica naturaleza de esa zona de nuestra tierra. A ellos y a su tierra la necesitamos. Y ellos nos necesitan.


Verdad, ignorancia, error

10 de enero de 2018 0 comentarios

El ser humano, en cuanto ser humano busca la verdad. La necesita. Por ello la ignorancia no es el estado deseado. Ahora bien la verdad no se posee, se busca. Si se busca es que existe ámbito extenso de ignorancia. La verdad, pues, cuenta con la ignorancia. Con la ignorancia consciente. No ser consciente de lo que ignoramos lleva a no buscar la verdad. Por eso ignorancia y verdad son distintas, pero no opuestas consideradas en general. Amabas conviven necesariamente en nuestra condición humana. El error si se opone a la verdad. Es contrario a ella porque el error es algo que se considera verdad y no lo es: es negación de la verdad. El deseo de tener la verdad es tan fuerte que se prescinde a veces de su búsqueda inteligente y paciente. En las relaciones sociales queremos manifestar lo que sabemos, no lo que ignoramos. Consecuencia de ello es que nos formamos pronto opinión; es decir, formulamos juicios, que como decía Aristóteles, es el momento de nuestro conocer cuando aparece la verdad y el error. No aceptamos reconocer la ignorancia y nos precipitamos en el error. Como si lo que interesara es hacer ver qué estamos enterados de lo que sucede en nosotros y en nuestro entorno, y además conocemos sus causas. Aunque otras veces si decimos: “no sé lo que me pasa”. O “no sé a qué viene esto, cómo pudo suceder”. La ignorancia es más amplia que la verdad. Eso es una verdad. Exageraba el filósofo que decía “sólo sé que no sé nada”. La ignorancia, nos pertenece. El error no tiene por qué. Es efecto de querer saberlo todo, de no reconocer la ignorancia o de precipitarnos en conocer la verdad. La ignorancia es propia de nuestro ser, en el error se cae por querer saber demasiado y no reconocer la ignorancia. Asunto distinto es precisar cuándo somos o no somos responsables de lo que ignoramos.


Verdad y edad

6 de enero de 2018 0 comentarios

En vista al Sínodo sobre los jóvenes y el discernimiento vocacional, le preguntan al cardenal responsable directo de esa gran asamblea si ve lógico que obispos, personas de edad, digámoslo con cortesía así, puedan opinar sobre los jóvenes. Cabían más preguntas si por ejemplo el sínodo o la asamblea, como quiera llamarse, lo formaran jóvenes, ¿estarían ellos preparados para hablar de la fe en las personas mayores? ¿Pueden decir los abuelos sobre sus nietos tanto como los nietos sobre sus abuelos y viceversa? Los abuelos tiene alguna experiencia de cuando eran nietos, los nietos ninguna de ser abuelos. Lo mismo sucede con los jóvenes y las personas de edad. El Secretario del Sínodo señala con inteligencia que los jóvenes son los protagonistas en la preparación del sínodo, el “presínodo”. Luego, en el sínodo, habrá una presencia representativa de los jóvenes del extenso y variado mundo; pero no tomarán decisiones. ¿Serán estas tenidas en cuenta por el Papaantes de que publique la Exhortación postsinodal, viniendo de personas de “edad avanzada”? Él mismo pertenece a esa edad. Es peligroso valorar las ideas por la generación a la que pertenecen las personas que las ofrecen y defienden; como si la cuestión generacional fuera la referencia esencial de la verdad. Lo que vale también para cuando el argumento en que se basa es la experiencia de la persona mayor. A veces las personas de edad acuden a la experiencia de años, que en realidad es la experiencia de un año reiterada durante muchos, sin haber dedicado tiempo a analizarla y actualizarla.


"POSVERDAD", "POSTUREO"

22 de diciembre de 2017 0 comentarios

La Real Academia de la Lengua entre otras palabras ha incorporado a su diccionario las palabras “posverdad” y “postureo”. Las ha incorporado con su propia definición. Así en el diccionario aparecerán dos términos que hacen referencia a la mentira, no sólo al error, porque es error pensado, consciente, interesado. “Posverdad” queda definida como "distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales". “Postureo”, "actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción". La diferencia entre posverdad y verdad es manifiesta, aquélla es una distorsión, una corrupción de ésta. Postureo, es pura apariencia, alejada de idea y de compromiso, que se apoya en la simulación de lo que no se piensa- si es que algo se piensa- pero permite quedar bien socialmente y verse, con engaño, “bonito”. Cuando utilicemos esas palabras hemos de ser conscientes de qué estamos hablando.


Lo nuevo

18 de diciembre de 2017 0 comentarios

Me refiero a lo nuevo que celebramos en Navidad: la presencia de Jesús en nuestra historia. Jesús en su predicación era consciente de la novedad que proclamaba su palabra. Esa palabra pasa a la historia con “La buena nueva”. La novedad siempre es atractiva, sólo los que viven bajo el miedo al cambio, sea cual sea, la temen. En Jesús las novedades de su predicación no tiene la misma dimensión. Hay una novedad más radical, que se expresa con el dicho: “Hasta ahora se os ha dicho, pero yo os digo… del Sermón del Monte, que recoge san Mateo. Otra novedad no es cambio de lo que existía por algo nuevo, sino dar un nuevo sentido a lo establecido, que sigue manteniéndose. Es el caso de la Ley mosaica. No ha venido a destruir la ley, sino a darle plenitud. Pablo diría que la plenitud de la Ley es el amor. En otra ocasión Jesús habla de “odres nuevos” para “vino nuevo”. ¿Qué tipo de novedad es la que con esta expresión quiere señalar Jesús? La parábola de los odres y el vino, la recogen los tres sinópticos. Jesús la proclama a propósito de los ayunos rituales judíos, a los que no se someten sus discípulos. Como indican los estudiosos, los textos escritos tienen a la vista una discusión en las comunidades cristiana de ajustarse o no a los ayunos judíos. La versión de Mateo termina la parábola con una frase peculiar: “el vino nuevo se echa en odres nuevos así los dos se conservan”. El objetivo es que se conserven los odres y el vino. Si se mezclan odres viejos con vino nuevo ambos desaparecen. Los odres nuevos tienen como fin conservar el vino en su interior. En orden a responder a la pregunta sobre de qué novedad se trata, podíamos precisar: si lo que se cambia viene de Dios, la ley mosaica, el cambio no es anular, ni una tilde, dice Jesús, para inventarse algo nuevo; sino darle una nueva orientación, un sentido nuevo: no sólo cumplir una ley, sino introducir el afecto, el amor. Si lo que se cambia es producto humano, como odiar a los enemigos, el cambio implica anulación de lo que había. “A vino nuevo, odres nuevos” es el título de un documento que surge de la Congregación de Institutos de vida consagrada”, que plantea “retos aún abiertos”. Habrá que tener en cuenta: 1º Que los cambios no afecten a lo esencial, a lo que tiene base evangélica. 2º Que los cambios sean para “conservar” la vida consagrada y su carisma en los tiempos actuales”. Todo según la letra y el espíritu del Vaticano II. En concreto es cambio a odres nuevos para acoger el vino nuevo que surge del Vaticano II, como aparece en los diversos documentos que se refieren a la “vida religiosa”, cuyo objetivo es “dar plenitud”, sentido, base evangélica a dicha vida.


Mujeres “teólogas”

10 de diciembre de 2017 0 comentarios

Ha de alegarnos ver cómo desde hace ya años la mujer se acerca a la Teología. Que se entienda que “la teología no es cosa de hombres”, como se decía, creo, la publicidad de una marca de brandy. Y no lo es en parte porque la teología no ha de estudiarse sólo para alcanzar el presbiterado. He impartido clases a aspirantes al presbiterado que aceptaban estudiar resignadamente teología, por ser camino impuesto para alcanzar su objetivo, ser presbítero. La teología tiene sentido en sí misma no es sólo medio para ejercer ministerios. Ni siquiera se puede reducir a materia académica. Busca ante todo ahondar en la Palabra de Dios, dicha para todo ser humano, hombre y mujer. Es pues tarea de todo aquel que quiera buscar las raíces, el fundamento de su ser cristiano. Lo que ha ido cambiando es la aplicación del término “teólogo”; “teóloga”. Se ha aplicado a los seminaristas que estaban en el estudio institucional de la Teología en proceso hacia el presbiterado. Sin embargo no se aplicaba a los profesores, varones normalmente. Estos eran profesores de las diversas ramas de la teología, antes moral y dogma, ahora de: tratado de Dios o Cristología, o Antropología teológica, o las diversas dimensiones de la moral... A los que explicaban la Sagrada Escritura, más que teólogos, se les llama exégetas, escrituristas. Y, por supuesto, los que explicaban Derecho canónico, se quedaban con el título de canonistas. En general cuando se habla de varones dedicados a la Teología se les suele presentar como profesores de alguna de las ramas de esta ciencia. Sin embargo cuando se habla de mujeres, se suele aplicar el adjetivo general “teóloga”, ellas mismas firman como tales. Existe un benemérito grupo de “mujeres teólogas”. Prescinden de identificarse por la especialidad de la Teología que cultivan. Esto puede ser, a) porque, a pesar de su preparación no se les da con frecuencia opción a ser profesoras de alguna modalidad en los centros de Teología; b) porque es necesario hacer público que la Teología en su amplitud es también “cosa de mujeres”, lo que no deja de ser muy justo y laudable; c) porque en ellas predomina una visión general de la Teología, sin insistir en su diversidad. En cualquier caso es de agradecer que la mujer se acerque a la teología, que la teología sea estudiada con ojos y sensibilidad femenina. Así como es necesario ofrecer más oportunidades a que ocupen cátedras de alguna de las especialidades de la Teología.


Rutina y entusiasmo

7 de diciembre de 2017 0 comentarios

La rutina tiene una dimensión pobre y práctica, positiva. La que nos evita discernir en cada momento qué hacer, por dónde movernos, que palabra decir…, y los asuntos a os que se refiere son triviales, sin mayor relieve. En los aspectos nada triviales que se refieren a lo hondo de nuestro ser, a nuestro sentir, a nuestras acciones más definitorias de lo que somos, con más repercusión en el acomodo existencial, la rutina puede impedir vivir en hondura lo esencial de nuestra vida, empobrecerla. No nos impide realizarlo o sentirlo, pero de una manera demasiado lineal, sin entusiasmo. Por eso se dice que la gran enemiga de amores hondos es la rutina al vivirlos: pierden hondura, se vuelven epidérmicos o, engañosos, protocolarios. Frente a esa rutina está el entusiasmo. El término tiene origen griego y se manifiesta como exaltación, fogosidad, inspiración, incluida la divina, y produce admiración satisfacción honda y sincera. Permite vivir en intensidad. La vida al alargarse sabe de entusiasmos, que han iniciado las elecciones vitales más relevantes: el amor, la búsqueda de la verdad, la percepción de lo bello o de lo bueno; y también el sentir el misterio que nos trasciende y a la vez nos inunda. El entusiasmo puede brotar sin buscarlo; pero también es necesario provocarlo, precisamente cuando vivir lo que con entusiasmo se inició y se reiteró puede caer en la rutina. Es más necesario cuando la vida va sumando años y experiencias que a veces son desengaños de lo que nos entusiasmó; o simplemente se ha rebajado el tono vital debido a que las energías físicas y psíquicas se van debilitando; o bien cuando el futuro se prevé con menos interés que asentarse en el recuerdo del pasado. Para seguir viviendo y no sólo subsistiendo se ha de remozar el entusiasmo, querer vivir con intensidad. Siempre habrá motivos para entusiasmarse, nunca ha pasado el tiempo del entusiasmo; aunque la vida que se lleve parezca monótona, sencilla, sin alardes.


Por decir algo

25 de noviembre de 2017 0 comentarios

De algunos de los personajes antiguos, de los que se desconoce el dato de su nacimiento y muerte, se indicaba que había “florecido” en tal fecha. Era la fecha en la que realizó lo que ha pasado a la posteridad. ¿De qué siglo somos los que hemos pasado la mayor parte de nuestra vida en el otro, pues para vivir los años vividos en siglo XX en el XXI necesitábamos llegar a los cien? No estamos jubilados de la actividad propia, aunque recibamos una limitada pensión, seguimos pensando, hablando, a veces escribiendo...Pero, como se preguntaba tanto en el siglo pasado ¿desde dónde?: ¿desde lo que hemos vivido en el siglo anterior? o ¿hemos admitido la posibilidad de seguir dejándonos iluminar, o oscurecer, por lo que se vive en éste? ¿En qué siglo hemos “florecido”? Hemos vivido experiencias propias o ajenas que han perdido fuerza en los años de este siglo. Hemos tomado conciencia de movimientos de pensamiento que han adquirido más vigor, si no en su expresión teórica, sí en su realización práctica, como, por ejemplo, el pensamiento posmoderno, la centralidad de la imagen o del gesto en la comunicación, la interpretación funcional del pensamiento, incluido el filosófico y el teológico: las ideas pierden fuerza ante la realidad, se nos recordaba desde altas instancias eclesiales. Podemos presumir de vivir “a caballo” entre los dos siglos. Si quisiéramos precisar, puede que sea una pura curiosidad, una respuesta a la pregunta sobre el siglo de nuestro “florecimiento”, ¿tendríamos respuesta? Esto es un juego retórico lo sé. Pero a veces nos tienta situarnos estableciendo distancias. Ya sé: alguien estará diciendo: si te preocupas en qué siglo has “florecido”, puede que te estés situando ya en el XXI, que hereda del XX el culto a la imagen, a la flor. Pero ¿en cuál has “fructificado”? El título de este post lo dice: dicho sea por decir algo, cuando no se me ocurre algo mejor que escribir, y quiero vencer la pereza de dejar mucho tiempo en blanco este rinconcillo de nuestra “página” que me han asignado.



Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

Ver más

Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

Ver más

Normas del blog

Suscribirse a este blog Suscribirse a este blog
Suscribirse a los comentarios Suscribirse a los comentarios

Otros blogs
Cátedra de Prima Cátedra de Prima
de Editorial San Esteban/Facultad de Teología San Esteban


Últimos artículos
13 de febrero
CUARESMA 2018
28 de enero
CRÍTICA
23 de enero
El Papa en Puerto Maldonado
10 de enero
Verdad, ignorancia, error
6 de enero
Verdad y edad
22 de diciembre
"POSVERDAD", "POSTUREO"
18 de diciembre
Lo nuevo
10 de diciembre
Mujeres “teólogas”
7 de diciembre
Rutina y entusiasmo
25 de noviembre
Por decir algo


Histórico
2018
2017
2016
2015
2014
2013
2012
2011


Boletín

Apúntese y recibirá en su correo las últimas novedades de la Editorial:

Enviar
 

Revistas
Revista Archivo Dominicano
Revista Ciencia Tomista
Revista Estudios Filosóficos
Revista Vida Sobrenatural
 
Logotipo san esteban editorial
Teléfonos: (34) 923 264 781 / 923 215 000
Fax: (34) 923 265 480
E-mail:
Dirección: Plaza Concilio de Trento s/n, 37001 Salamanca, España
Dirección postal: Apartado 17, 37080 Salamanca, España