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Desde lo hondo
20 de febrero de 2012
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El carnaval surgió como un contrapunto que prologaba la cuaresma, a base de vivir lo contrario de lo que ella es. La contradicción se cifra en que el carnaval es el tiempo de la farsa y la mentira, de la máscara que engaña: simula lo que no es y disimula lo que es. La Cuaresma es afirmación de lo auténtico, de lo verdadero. El evangelio del Miércoles de Ceniza nos previene de no hacer una farsa de las buenas acciones definitorias de este tiempo: la oración, el ayuno y la limosna. Que los hechos, buenos, no escondan nuestro interior no tan bueno.
La verdad de la cuaresma conlleva que ella es solo camino, no meta. La meta, no es la austeridad, la renuncia, la oración penitencial, ni la limosna. La meta es la celebración de la Pascua de la plenitud de ser definitiva de Cristo; es la entusiasmada oración de acción de gracias por ese triunfo de Cristo; es el intento de una humanidad donde no sea necesaria la limosna, al menos referida a bienes materiales. La verdad, deseada, buscada es la Resurrección, nuestra resurrección. Entendida como vivir los valores de arriba, los superiores, que superan la muerte, de los que Pablo habla a los Colosenses y nos recuerda la liturgia pascual. Valores de arriba que se han de buscar aquí abajo. Ellos nos hacen ser lo que hemos de ser: el valor del amor, de la verdad, de la experiencia de Dios. Impregnar nuestra vida de esos valores, siempre en la limitación propia de nuestro ser, estimulados por el triunfo de Cristo, conseguido por vivirlos en plenitud, es el fin de la Cuaresma.
25 de enero de 2012
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Las cariátides son columnas de formas humanas que sostienen los templos. Alguien ha utilizado esa arquitectura para explicar la función de los santos en la Iglesia (Espíritu Santo, apare). Los santos canonizados y los que no lo han sido, pero han sustentado la Iglesia en medio, con frecuencia, condiciones adversas. Nos quedan restos de antiguos templos sustentados por cariátides. Los seres humanos que han hecho de cariátides desaparecen antes de la historia. Es necesario sustituirlos por otros. La fe nos dice que cabe la posibilidad de que sigan su labor de sostenimiento de la Iglesia más allá de la historia. Pero se necesita la visibilidad de los que sostienen la dimensión también visible de la Iglesia. De la Iglesia y de sus instituciones. ¿Cómo sustituir a Fray Bernardo para sostener Facultad, Escuela de Teología, Acción Verapaz, parroquias, todo lo que llevaba sobre sus hombros? No será fácil, pero se conseguirá. Mantengamos la esperanza. Pero fray Bernardo sostenía no sólo instituciones, sino, y sobre todo, personas. Personas que se apoyaban en su afecto, amistad, también en sus convicciones, relaciones, referencias. ¿Cómo sustituir esa columna en la que se apoyaba la existencia de tantos? Santo Domingo se despidió de sus frailes asegurando que les sería de más provecho tras su muerte. Confiamos en que así sea tras la muerte de este buen hijo de Santo Domingo, fray Bernardo Cuesta.
28 de diciembre de 2011
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El relato de Mateo de la matanza de los niños es el relato de una crueldad. ¿Qué celebrar, entonces? Existe una tradición, vieja tradición que quiere ver en esos niños verdaderos mártires. El color litúrgico del día es el rojo de los mártires. Mártir sabemos que significa testigo. ¿De qué son testigos los niños asesinados, si no es de la crueldad de Herodes? ¿Cómo se ha pasado a decir que, no con las palabras, pero sí con los hechos, los niños masacrados fueron testigos del Niño recién nacido. Está claro que asesinados con ocasión de su nacimiento, como reacción cruel de Herodes al no encontrar al “Rey de los judíos”, no es lo mismo que asesinados porque ofrecieron su vida por Jesús. Repasamos los textos de la celebración eucarística:
En la antífona de entrada se dice: “los niños inocentes murieron por Cristo”. Lo dicho, es evidente que su inconsciencia les impedía morir o vivir por alguien. En la colecta se dice que “los mártires inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor”. San Ireneo decía “la gloria de Dios era la vida del hombre”, no su muerte. Muerte además sin ser querida ni asumida, simplemente ejecutada. En el salmo responsorial se manifiesta la alegría porque “hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador”… la trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor”. El salmo manifiesta la alegría por lo que había que alegrarse y lo que había que celebrar: que José inspirado por un ángel, logra burlar al asesino y salvó a Jesús de ser asesinado. Esa fue la voluntad de Dios. Es la vida amenazada y salvada de Jesús lo que había celebrar. (Si bien oscurecida la celebración por la reacción criminal de Herodes). El texto evangélico no alude a ninguna celebración, sino a que se oyen los lloros y lamentos en Ramá: “es Raquel que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo porque ya no viven” Y eso es lo que se cumple, según apunta san Mateo.
En el mundo civil este día es el día de las “inocentadas”, día de las bromas. No parece de buen gusto que se “bromee” en el recuerdo de una matanza de niños. Quizás la Iglesia dio pie a ello con la celebración litúrgica, que se funda en lo que dice la oración de después de la comunión: “Los niños fueron coronados de gloria en virtud del Nacimiento de Cristo” Lo que estimo que sucede con todo niño que muere –desestimado el limbo-. Sin que nadie vea en la muerte del niño, provocada de modo cruel, algo que celebrar.
Nota. Son muchas las personas más inteligentes que yo que en los siglos de historia del cristianismo han encontrado razones para celebrar litúrgicamente esta fiesta; sigue habiéndolas hoy. Son más de fiar que yo. De todos modos si se suprimiera la fiesta litúrgica de los “Santo inocentes”, puede que no hubiera demasiadas protestas. Así lo entiendo. De momento, lectores, mantengan la fidelidad al “Calendario litúrgico
24 de diciembre de 2011
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¿Quedará algo por decir sobre la Navidad? Si la Navidad es misterio nunca habrá una última palabra sobre él. Sí, es misterio, aunque haya tanto empeño en hacerle visible, tangible. Ya que es un misterio que consiste en encarnarse. La Navidad se toca, se ve, se oye. Pero no anula la realidad del misterio. Es misterio de Dios, que, como huyendo del misterio, se hace realidad palpable. Mas, ¿qué misterio más grande que ver a un Dios que se nos presenta como niño? El pueblo lo ha entendido: por eso llama “misterio” a una escena nada misteriosa: un recién nacido entre su padres. Ver más allá que la escenificación de la Navidad es nuestro desafío. Intentar conectar con ese Dios que no sabe qué hacer con nosotros de tanto como nos ama. A la vez, y por eso conectar con ese ser humano a quien tanto ama: ¿qué tendremos para que Dios se vuelque tanto con nosotros? ¿Por qué no nos valoramos más? ¿A nosotros y a los demás, a todos? No reconocer nuestra dignidad es reducir el misterio de la Navidad a un absurdo. El misterio no se puede penetrar en toda su hondura, pero nos llama a intentarlo, a ahondar en él. El absurdo, no tiene sentido, no merece que gastemos tiempo y esfuerzo en él. La Navidad es misterio, y a la vez algo tangible, una proclamación que todos podemos entender: tratémonos los hombres como Dios nos trata.
8 de diciembre de 2011
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Estamos marcados por el espacio y el tiempo. El filósofo Kant ya nos lo precisaba: todo nuestro conocimiento pasa por encuadrarlo en un espacio y en un tiempo. También Aristóteles nos lo venía a decir al exigir que el conocer empiece por los sentidos. Percibimos en el espacio. Espacio y tiempo no son solo condiciones de nuestro saber, es una experiencia existencial. No nos vemos fuera de ambos. De ello surge la dificultad de entender la eternidad. (Dejamos ahora la cuestión del espacio). Nos es imposible pensar sin sucesión de acontecimientos, de días que pasan. Nos es imposible considerar algo que es todo al mismo tiempo, que viene a ser la definición de eternidad. No entendemos no poder jugar con “ahora”, “más tarde”, “luego”, “antes”; no tener “mañanas”; que nada cambie: siempre igual. Aunque el igual sea un plenitud de felicidad. Que nada termine, que nada pase, en la doble acepción de acontecer y dejar de ser, no encaja en nuestra mente, en nuestra experiencia existencial. Podemos vivir momentos que no nos gustaría que terminaran. Pero es el saber que van a terminar, lo que nos permite disfrutar del acontecimiento: no todos van a ser igual. No somos capaces de vernos en una vida “eterna”, sin alternancias. Hablamos, por ejemplo, de amor eterno, porque nos gustaría que el tiempo no lo diluyera, pero no porque esté fuera del tiempo. Eterno sería, en ese caso, lo que está bien enraizado, y corresponde a lo nuclear de lo que somos y superará los acontecimientos, incluida la muerte. Pero por muy permanente, estable que sea su inclusión en el ser, está expuesto al devenir del tiempo. Fuera del tiempo, lo eterno nos abruma, desborda, se nos hace incomprensible. ¿Lo entenderemos cuando nuestra mente esté fuera de él?
22 de noviembre de 2011
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Son días de veinticuatro horas, pero los decimos “cortos” porque la mayor parte de esas horas pasan en oscuridad. En el Oficio de las Horas encontramos un himno que nos ilustra con cadencia poética cuántos relevantes acontecimientos se han producido durante la noche. Sin embargo somos seres de luz. Nos ingeniamos para superar la tiniebla creando luz. La oscuridad la dejamos para el sueño. Para cuando nos transponemos y pasamos a abrirnos a otro mundo, el de los sueños. Estos cortos días del fin del otoño, en nuestro hemisferio norte, se hacen largos. Cuesta llenar las horas que dedicábamos a realizar lo que exige la luz del día. En concreto, se acorta el tiempo del contacto con la Naturaleza, con la evasión al aire libre. La noche que se precipita estos días nos encierra. La noche es siempre un desafío a seguir viviendo sin el tacto agradable de la luz, del aire, sin la perspectiva de árboles, ríos, pájaros… Obliga a encontrarse con uno mismo: con lo que surge de uno más que con lo que se nos ofrece desde afuera. Por eso la noche es reto a vivir lo hondo de nosotros. A descubrir que en esa hondura existe tanta vida, tanta luz, tanto aire, como en el ámbito luminoso del día. Son días de muchas horas, que brindan ocasión a descubrir, en la oscuridad ambiente, la luz que brota de nuestro interior, que nos define y conduce.
7 de noviembre de 2011
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Elegir es siempre un acto de libertad. No el único, por cierto. También lo es obedecer. En este momento, cuando escribo esto casi todos los medios de comunicación están retransmitiendo el debate entre los dos candidatos de los partidos mayoritarios ante las próximas elecciones en España. Hemos recibido precisa información de los preparativos. Se ha cuidado minuciosamente todo. Todo se ha acordado: quién llegará primero al estudio, cómo sentarse, qué temas se van a tratar, qué iluminación; han conseguido que un cronometrador de baloncesto controle que cada candidato se ajuste al tiempo que se le concede. Se ha buscado un gran espacio público. Pagándolo, claro…. Todo para debatir. Ambos candidatos han hecho públicos sus programas de gobierno. ¿Cuántos de los que ven o escuchan el debate lo han leído? ¿Qué pedagogía han utilizado para hacer comprender a los votantes qué quieren hacer con ellos cuando accedan al gobierno? La de la imagen. La de su propia imagen. Y junto a ella su destreza para salir victoriosos en la confrontación dialéctica. Lo más importante no es lo que vayan a hacer sino la dialéctica con lo que lo prometan. Voy a votar a….., “porque habla muy bien”, “me gusta cómo habla”, se dice. “Me cae bien”, “parece inteligente y buena persona”. Todo por su manera de debatir. Es algo viejo en la política. Recordemos a los sofistas griegos. Cultivaban una retórica unida a la oratoria que les permitía pasar de defender una propuesta de gobierno a la contraria. Manejar bien la palabra lleva a eso. Y si además, como ahora se hace, se cuida la imagen hasta el mínimo detalle, para qué preocuparse del contenido.
¿Qué se elige? La elección, decíamos, es un ejercicio de libertad; preciso: cuando se conoce lo que se elige y a quién se elige. De lo contrario es prescindir de la verdad y elegir la apariencia. Y sólo la verdad nos hace libres, especialmente en la elección.
23 de octubre de 2011
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Hemos celebrado un congreso con motivo del V aniversario del sermón de fray Antón de Montesino en la isla La Española, en su capital Santo Domingo, ahora de una parte de esa isla, la República Dominicana. El dominico, por encargo de su comunidad, denuncia con energía el maltrato de los españoles hacia los nativos, a quienes no consideraban hombres. De ahí su grito “¿es que éstos no son hombres?”. Entre las comunicaciones que se nos presentaron destacó una que exponía que, según el filósofo judío Cohen, el “prójimo” a quien se refiere el mandamiento del amor, era, en su versión del Levítico, el extranjero, no el judío. Frente a lo que se suele entender para destacar el cambio que estableció Jesús de Nazaret al aplicar ese término bíblico no al próximo sino también a alejados y proscritos, como el samaritano: es decir a todo ser humano. No deja de ser valiosa la apreciación de Cohen. El prójimo es el extranjero. Pienso que es así, el extranjero él era simplemente un ser humano, no judío. Y el amor del Levítico y de Cristo es al ser humano. El ser humano, su ser, aflora con más fuerza cuando no está oculto por el tener: por tener derechos ciudadanos, acogida social, consideración ética y no digamos bienes materiales. Por eso se manifiesta de modo más claro en el pobre. La opción por el pobre es la expresión de la opción por el ser humano. Es opción por lo que es, y por que su vida sea humana.
La pregunta del doctor de la ley que provocó el relato de la parábola del samaritano fue: “¿Quién es mi prójimo? La pregunta de Jesús al final de su relato a dicho doctor es: ¿Quién se mostró o actuó como prójimo del malherido”. La respuesta del doctor de la ley, “quien le hizo misericordia”. Quizás no se atrevió a decir “el samaritano”, es decir el ser proscrito y extranjero. Jesús no exige una respuesta esencialista, que señale quién es el prójimo. Lo que le interesa es un modo de actuar. Esto implica que más que saber quién es mi prójimo, yo tengo que actuar como prójimo de… quien me necesita, sea judío o samaritano, el malherido era “un hombre cualquiera”, como Cristo quiso ser, según el himno de la carta a los Filipenses. Jesús, pues, más que pronunciarse sobre “quién es mi prójimo” o el próximo a mí, enseña de quién me hago yo prójimo o próximo y actúo en consecuencia: y éste ha de ser quien me necesita y le ayudo. En la comunidad humana todos nos necesitamos, todos necesitamos ayuda, pero unos más que otros.
4 de octubre de 2011
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La “Nueva evangelización para la transformación de la fe cristiana” sobre lo que versará el sínodo de los obispos en octubre de 2012, representa la actualidad de la Iglesia en este tiempo. Una vez pasada la multitudinaria manifestación de la JMJ, toca reflexionar. A ello invita el documento preparatorio del Sínodo, llamado Lineamenta. Su lectura es imprescindible si queremos ir más allá de lo vivido o al menos visto en Madrid. Es el momento de pasar de la imagen al concepto. El documento se lee bien. Sin embargo de vez en cuando nos encontramos con párrafos que quieren decir mucho, pero no sabemos qué ni cuánto. He aquí un párrafo que es un desafío para que sepamos cuál es su alcance. Los lectores que caigan sobre estas líneas mías harían bien aportando lo que les dice o sugiere el siguiente texto: “Es necesario que la práctica cristiana oriente la reflexión hacia un lento proceso de construcción de un nuevo modelo de ser Iglesia, que evite los escollos del sectarismo y de la , y permita en un contexto postideológico como el actual, seguir manteniendo la forma de una Iglesia misionera”. Como el redactor haya previsto la dificultad de hacerse entender, continúa: “En otras palabras, la Iglesia tiene necesidad, dentro de la variedad de figuras, de no perder el rostro de Iglesia .
El texto pertenece al número 9, que se titula “Nuevos modos de ser Iglesia”. Entiendo que no es lo mismo que, “La Iglesia, nuevos modos de ser”...
29 de septiembre de 2011
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El próximo sínodo de los obispos, del 7 al 28 de octubre de 2012, versará sobre "la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana". Este amplio objetivo, la nueva evangelización, queda precisado, si nos atenemos a la presentación que el secretario general del Sínodo indica en el prólogo a los lineamenta, primer documento de preparación de dicha asamblea, "está dirigida más bien a aquellos que se han alejado de la Iglesia en los países de antigua cristiandad". Este propósito nos lleva a la parábola del sembrador. En concreto a la semilla que cae, bien en el camino, donde antes de germinar es arrebatada por los pájaros, bien en zona rocosa en la que encuentra dificultades para echar raíces, bien en buena tierra, pero que la encuentra ocupada por otras semillas que crecen más rápidamente, y acaban la asfixiándola. ¿Qué ha pasado con el Evangelio que ha sido predicado en “países de antigua cristiandad”? ¿Qué tierra lo ha recibido? Lo que mueve a convocar el Sínodo con ese objetivo es que bien el evangelio se ha quedado al borde la vida, y se acaba prescindiendo de él; o ha sido incapaz de ahondar y resistir las circunstancias, siempre difíciles, en las que ha de germinar en las personas y en la sociedad; o ha perdido en la lucha con otras inquietudes que arrebatan el interés de la sociedad y de las personas.
Antes del 1 de noviembre de este año los distintos “ámbitos eclesiales: diócesis, zonas pastorales, parroquias, congregaciones, asociaciones, movimientos…etc.“ han debido reflexionar sobre el documento Lineamenta publicado el 2 de febrero de este año, y ofrecer sus propuestas para ser “analizadas e integradas en el Instrumentum laboris, documento de trabajo de la próxima asamblea sinodal”. ¿Qué hemos hecho? ¿Qué podemos hacer en el poco tiempo que nos queda? Que no sea sólo lamentarnos de la situación de la fe cristiana en nuestra sociedad; y menos de que las decisiones que se tomen no han contado con nuestra colaboración.
Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…
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El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…Hasta las personas, de las que parece que sólo cuenta su “perfil”, no logran sustraerse al dominio de la apariencia, la imagen. Resulta algo “contracultural” hablar hoy de hondura. Pero sólo en lo hondo se encuentra la verdad, el misterio de lo personal, la relación con Dios. Este blog es una propuesta para “ahondar” en la realidad. Los dominicos tenemos como lema “veritas”,( verdad). La verdad no se posee como se poseen las cosas. Se busca y se roza. Y cuando se encuentra nos comprometemos con ella. El compromiso con la verdad nos salva del dogmatismo y del relativismo. Y para los cristianos, la verdad nos remite al hecho del amor de Dios con el que nos encontramos en la hondura de nosotros mismos.
Sobre el autor
Juan José de León
Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología San Esteban (Salamanca). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...
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Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología San Esteban (Salamanca). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros. En la Editorial San Esteban ha publicado, Creado y creador. Visión cristiana de la existencia; Seis días en busca de la felicidad. Proyecto evangélico para ser felices y Seis días para repensar la vida.
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