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Desde lo hondo

TENER OPINIÓN

26 de julio de 2017 0 comentarios

El ser humano necesita opinar, es decir, juzgar hechos y personas; también objetos, gustos, creencias y sentimientos. Le gusta situarse ante circunstancias concretas de la historia propia y ajena. El tertuliano radiofónico que tiene opinión sobre ¿casi? todo, es signo de la necesidad de formar opinión y a la vez estímulo para que los oyentes opinen. Doxa es la palabra con el que Platón denominaba a un conocimiento elemental que viene a ser la opinión. Criticó el usos y abusos de los sofistas en sus argumentos para formar doxa, que no pocas veces era verdad interesada, una especie de la ahora llamada “posverdad”. Sin embargo con base en ese término aparece “dogma”. El dogma pretende superar la opinión: es una verdad fija que no admite opinión sobre ella, sí sobre aceptarla o no. Esa mutación del término viene a indicar que el que opina se puede convertir en dogmático: entender que no cabe opinión distinta. Se pasa de la opinión a la certeza. Lo que implica exclusión de opiniones distintas. Sobre opiniones se dialoga, sobre dogmas se discute. El libro chinoTao Te Ching dice “el inteligente no discute y el que discute no es inteligente”. “Discutir” entendido como una de sus acepciones del DRAE, contender con alguien por su parecer. La opinión, sin embargo, es ámbito sobre el que dialogar, no implica una postura fija: lo opinable es lo que admite puntos de vista distintos; por ello cabe el diálogo. La opiniónno puede convertirse en dogma; pero hay más: ¿Por qué hay que tener opinión de todo o casi todo? ¿Por qué no se puede decir no tengo opinión sobre algo, sin por eso ser tachado de ignorante? Con los años me voy inclinando a opinar sólo de lo que de alguna manera sé algo, y abandonar la opinión sobre lo que sé poco o nada, la mayoría de lo cognoscible. Consideración aparte, pero en la línea de lo que digo, es el intento de tener opinión de lo que es un misterio que nos desborda, por ejemplo, opinar sobre Dios como se puede opinar sobre el modo mejor de preparar la paella. De hoc postea.


Lucidez en la vida

22 de julio de 2017 0 comentarios

Algo deseable, pero quizás no buscado por quienes reducen su vida a existir de manera más cómoda, una vida suya al margen de la de los demás; en el cotidiano esfuerzo por satisfacer necesidades elementales y proyectos de nivel económico y social. Lo que no conduzca a ello es preocupación inútil. Hasta el sentir religioso ha de servir para esos proyectos, con la pretensión de poner a Dios y a los santos al servicio de ellos. Creo que este dinamismo no permite dedicar tiempo a ahondar en la vida, en la vida buena, o sea en la éticamente buena; ni tratar de situarse en medio de los demás, de modo especial sentir a los que están en situación no propia de la condición humana. Pero también creo que llegarán momentos de hacerse las preguntas que han quedado marginadas. No se puede renunciar a cuestionar alguna vez la propia vida, es decir: a encontrar un sentido a ella y junto con la de otros. No será fácil encontrar lucidez para una respuesta a esas preguntas. Quizás sea imposible si la lucidez implica tenerlo todo claro, encontrar respuestas definitivas, absolutas. Mas la lucidez no es la certeza, sino encontrar luz que nos guíe en medio de la niebla o la incertidumbre; saber asumir el vivir cómo búsqueda. La satisfacción no es la del final del camino, sino la de caminar en buena dirección y saber asumir y procesar espacios y tiempo, compañías sobre todo, en ese caminar; sintiéndonos con fuerzas y ganas para ir interpretando la vida sin fáciles y engañosas rápidas respuestas. ¿Qué consideración merecería si dijera que eso implica incorporar la filosofía en el vivir? Sí, la considerada abstrusa, inútil para la vida filosofía, cuyo ámbito se cree, no rebasa lo académico, (por cierto cada vez más reducido). Si la persona quiere ser dueña de su vida, no arrastrada por pulsiones sin discernir, o modas sociales, por la trivialidad que reduce el vivir humano a cierta placidez superficial, donde el ser desaparece ante el estar, sin luces, porque son otros los que marcan el existir, la filosofía es imprescindible. La que pude dar lucidez a la vida.


La verdad de la feria, la posverdad

30 de junio de 2017 0 comentarios

Leo que la Real Academia de la Lengua va incluir el término “posverdad” como uno más de los componen el léxico del español. De momento mi ordenador me lo subraya en rojo. Hay que incorporarlo al diccionario. La definición que se ofrecerá de posverdad, en resumen, viene a decir que es la verdad subjetiva, que responde a intereses, ideas, afectos de quien se expresa. Verdad subjetiva que se impone sobre la verdad objetiva. Es viejo tema que recibió consistencia en el idealismo filosófico. Idealismo, que no viene de ideal, sino de idea. La verdad no está en las cosa –res, que dirían los escolásticos medievales-; sino en la idea que el sujeto humano crea. Todo lo real es racional y todo lo racional es real o, de otra manera, lo real es lo racional. El sujeto es el constructor, no el descubridor de la verdad. La verdad no es adecuación de la idea a la realidad –res-, porque la realidad es sólo en cuanto pensada. Desde ese punto de vista, que no creo que tengan en cuenta los posmodernos de la posverdad, porque los “discurso filosóficos”, sobre todo globalizadores del siglo XIX, no es lo suyo, habría una base lógica para la posverdad. Pero no es el discurso filosófico el creador de la posverdad, sino los intereses de muy diversa especie del sujeto que se imponen al serio, hondo y no pocas veces necesitado de tiempo, razonamiento. Los intereses, los afectos son realidades más inmediatas y perceptibles que el discurso lógico. Hay que quedarse en ellos y basta. Lo dice el pueblo: “cada uno habla de la feria como le va en ella”. La posverdad es la verdad de la feria para quien ha estado en ella.


Obras son amores y no buenas razones. Sagrado Corazón de Jesús

23 de junio de 2017 1 comentarios

No será fácil encontrar a alguien que no esté de acuerdo con el dicho generalizado. Como tantos dichos reiterados o refranes es necesario fijarse en lo que quieren decir más que en lo que dicen. ¿Qué sería del amor si no tuviera buenas razones? ¿Qué amor sería? Alguien, con una visión pesimista de nuestra sociedad, podría responder: “el vigente en nuestra sociedad”, que surge de impulsos más o menos instintivos que hay que satisfacer sin buscar razones que lo justifiquen. Manifiesto es que las razones se quedan a medio camino cuando no pasan del ámbito del pensar y no se manifiestan en las otras dimensiones del ser humano: en los afectos en primer lugar y luego en el obrar de acuerdo con esos afectos y esas razones. La tentación es la escisión: quedarse sólo en razones, o quedarse solo en afectos sin base racional y sin trascender al obrar; como también quedarse en obrar y obrar bien, como” dar de comer al hambriento, de beber al sediento…”, sin razones y sin afectos, o por razones no confesables, que también apunta el evangelio, para aparecer, generar una imagen de bondad ante los demás, sin que te importe el hambriento y el sediento, y por lo tanto sin afectos. Es imprescindible, pues, que haya amor basado en razones y que se realice en obras. Esta reflexión la ofrezco en el día del Sagrado Corazón de Jesús. Más allá de la terciopelada devoción que ha podido surgir de él, más allá de tantas consagraciones de entidades seculares, más allá de devociones en las que puede faltar la devoción, en lo hondo y auténtico de lo que significa el corazón de Jesús, que amó como hombre –varón- ,que dice el Vaticano II, está una amor que no encontró más razones que el trasladar el amor intranitario al ser humano –“tanto amó Dios al mundo…”- . Poderosa razón, que se realiza en comprometer su vida en la propuesta de la auténtica condición humana – el reino de Dios- y de ofrecer la vida, no sólo palabras, por esa causa. En Jesús se juntó la razón, al amor y la obra. El “sagrado” corazón de Jesús, implica “sagrada” mente y “sagrado” compromiso con el ser humano.


Ser y nada

14 de junio de 2017 1 comentarios

Acabo de leer el artículo del País: “Millennials’: dueños de la nada”. Y me temo que se encontrará con la calificación o, quizás mejor, descalificación, de cualquiera de los “millenails”, resumida en la afirmación, “asunto generacional”. O sea reacción de viejo, propio de otra generación, no de la nuestra, con la vanidad –no llega soberbia- de los que se sienten, solo por pertenecer a esa generación, dueños de la verdad –o posverdad- e intérpretes auténticos de lo que somos y nos pasa. No seamos pretenciosos: es pedir peras al olmo querer que en nuestro tiempo se desarrolle un sistema de pensamiento –discurso lo llamará un posmoderno, porque lo reduce a retórica- como el del siglo XIX, tras la honda crítica al pensamiento del XVIII; ni siquiera que nos preguntemos por el ser de modo más ligero, propio de la metafísica de Heidegger, o del existencialismo de las décadas centrales del siglo XX. Primero porque no se reconoce valor al sistema, a no ser para presentarse ante el público como antisistema. Segundo porque “yo soy yo y mi circunstancia”, se reduce a “yo soy mi circunstancia” ¿“Dueños de la nada”? Pero ¿existe el ser para los millennials o solo el acontecer, el relato, la apariencia? Ese es su ser, la nada es lo que no se encuentra al querer ahondar para aproximarse al ser. Ni revisión crítica del pensamiento anterior desde un nuevo modo de pensar propio de la crítica de Hume o Kant, ni idealismo ni materialismo histórico o dialéctico, ni preocupación por el mundo de la conciencia individual de la fenomenología, ni por la conciencia social de los existencialistas y personalistas. Ni por la presencia del misterio, en el que ahondar o creer. Ni tampoco por la responsabilidad desde un sistema ético, fuera de la moral a la carta. En el ámbito de lo social el llamado populismo como refugio de la debilidad de pensamiento, es la solución. También en la formalidad social: la democracia no se basa en la presencia representativa del pueblo, sino en lo asambleario. La verdad está no en lo que la mayoría decida, es inútil cualquier proceso para buscarla, es pérdida de tiempo. Ni siquiera hay que gastar esfuerzo por educar a quien va a decidir, basta con poner como argumento los intereses individuales, y las consignas “que suenan bien”. El error ha acompañado siempre a quien busca la verdad, pero el mayor error es no buscarla con seriedad, porque, hay que decirlo, la verdad no interesa, no tiene porvenir, su porvenir es el de los caducos sistemas filosóficos, previos al pensamiento débil y fragmentario. Este es el que nos ha de conducir. Y no es poco que aún hablemos de “pensamiento” cuando hemos dejado al margen la verdad para quedarnos con la posverdad, que no exige pensar.


Imagen y formas

10 de junio de 2017 1 comentarios

Es recurrente insistir en que existimos, nos movemos en el mundo de la imagen; en el ámbito de la apariencia. Desde el dogmatismo empirista, para quien todo queda reducido a lo que entra por los ojos, a lo que captan nuestros sentidos, a lo que aparece, de modo que sólo se pueda hablar –formular proposiciones- de lo empíricamente comprobable ( o lógica-matemática- mente formulable), hasta lo más liviano, el look de personas, “la buena imagen que se da”. Esto choca con algo tan frecuente como el descuido de las “formas”. Uno se pregunta “¿qué imagen ofrece quien acude a lugares o actos de cierta enjundia, sea la misa dominical o un acto académico, o una celebración social en bermudas y chancletas, por ejemplo?”. De inmediato surge la respuesta: la imagen es de suyo voluble, una buena imagen en un tiempo corresponde a unas “formas”, en otros a otras. Puede que estemos en tiempos en que la buena imagen lo aporte lo “informal”. Sea así. Pero queda en el aire pensar que la imagen implica a alguien que nos ve y quienes nos ven no están a gusto cuando se ofrece una imagen que según su sentir no corresponde a lugar o al acontecimiento en el que se está presente. Lo que está en el aire es algo tan importante como pensar en los otros, saber que se está con otros, se vive con otros, que vivir es convivir y convivir implica cooperar a que los demás se sientan bien a gusto en la convivencia. No se cuida la imagen para ver sólo qué impresión se causa uno a sí mismo ante el espejo, sino también para que los demás les agrade su presencia. Esto supone enfrentarse a algo de tanta hondura como es simplemente pensar en los otros. Mas esto choca con el tan denunciado individualismo cultivado, y por eso generalizado, de nuestra cultura o “postcultura”.


El Espíritu Santo, meta-relato de Jesús de Nazaret

29 de mayo de 2017 0 comentarios

Hoy lo que priva en ámbitos de cierto carácter intelectual es “el relato”. El relato, la descripción adquiere tal relieve que a veces se le entiende como la “última palabra”. No necesita interpretación, lo que llaman “meta-relato”. Éste distorsionaría el relato. Se habla de Teología narrativa. De lectura narrativa, sin interpretación, de los relatos evangélicos. Frente a esta actitud mental es frecuente escuchar y leer que “no se leyó bien o sí se leyó adecuadamente”, desde un partido de fútbol, a acontecimiento de más hondura de la vida social. En ese caso leer se entiende como interpretación. ¡Contradicciones de los tiempos! Schillebeecks titula uno de sus libros “Los hombres, relato de Dios”. Al acercarse la fiesta de Pentecostés tomo conciencia de que de Jesús tenemos relato, relatos; del Espíritu Santo no. Y entiendo que el Espíritu Santo es el meta-relato de Jesús. Jesús mismo le constituyó como su intérprete, el que haría conocer todo a los apóstoles, a interpretar su vida y sus palabras. Jesús salió del Jordán “lleno del Espíritu Santo”, dice Lucas. El Espíritu le llevaría a los días de reflexión del desierto, donde Jesús discerniría que le exigía ese Espíritu, qué tipo de presencia y misión. Bajo el Espíritu actuó. Y lo transmitió luego a sus discípulos, que descubren el “espíritu”, que a él le animó, al que han de ser fieles. Así puede decir Pablo, “si alguno no tiene el espíritu de Cristo, no es de Cristo”. Nosotros no podemos imitar literalmente relato de Cristo, pero sí su espíritu que se nos descubre al leer sus palabra, el relato de sus hechos bajo la inspiración del Espíritu Santo.


Verdad y titulares

26 de mayo de 2017 0 comentarios

¿Qué tal Juanjo?, se dirige a mí un joven con el que coincidía en uno de tanto viajes nocturnos míos en tren de Oviedo a Madrid. “Perdona, no te conozco”. “Yo a usted tampoco”. Pero conozco el jersey que lleva puesto: Manolita lo ha tenido expuesto en el escaparate de su tienda. He querido comprarlo y me ha dicho, ”. En efecto era uno de los jerséis que Manolita tejía y me regalaba. Llamaban la atención. Yo entonces me “atrevía” con ellos incluso para vestir en sesiones de trabajo tan sesudas como las que me convocaban a Madrid. He recordado la anécdota cuando por no sé qué asociación de ideas meditaba sobre la frecuencia con la que se nombran la realidad o el acontecimiento fijándose en lo accidental; a veces, como en el caso del joven del tren, es lo único que se conoce, lo que viste. Algo bien accidental y equívoco, como recuerda el dicho: “aunque la mona se vista de seda...”. La técnica periodística exige titulares llamativos –como el jersey-. El titular da carácter “periodístico” a la noticia sobre la exactitud de ella. Y el titular busca lo llamativo, que no siempre es la expresión de lo real. Con suerte el titular podría ser truco para llamar la atención, para interesarse por la noticia o la opinión y adentrarse en ella a lo largo de la lectura del texto. En la lectura se descubrirá lo substancial de la información u opinión. La verdad suele estar en lo hondo y lo hondo no se vende. No es crítica señalar ese desajuste entre titular y texto. Lo llamativo está bien si es el primer paso para entrar en contacto con la verdad de lo que es. El flash atrae la atención, pero si todo queda ahí, la oscuridad es lo que reina. Estamos tan asaeteados por informaciones, escritas, orales, en papel, en dispositivos electrónicos, que casi no nos queda más tiempo que el que necesitan los titulares. El texto exige demasiado tiempo y ver más allá del titular: demasiado, digo, dado lo rapidez exigida para formarse opinión de personas y acontecimientos, propio de tiempos de epidermis e imágenes como meta última del conocer.


CUAJO DOCTRINAL

13 de mayo de 2017 0 comentarios

La falta de lo que indica esa expresión lo atribuye un columnista a un líder político que quiere ser más líder, único líder. De ahí, apunta, que puede ser flexible y formar coyundas con cualquiera. Otro periodista apuntaba cómo en política se está supliendo la complejidad por la simplificación, el argumento por la consigna, y se reduce el diálogo a provocación, o sea, a ¿diálogo? que empieza por el insulto y no pasa de ahí. En la presentación de cierto libro un cardenal acudía a la doctrina social de la Iglesia como referencia obligatoria para considerar, si no juzgar, un sistema político. El también cardenal y autor del libro, entendía que bien está la doctrina, el cuajo doctrinal, (esto es mío), pero es más interesante desde la perspectiva cristiana la persona y a ella hay que acercarse aunque haya que poner entre paréntesis, nuca negarla, la doctrina. Un laico presente venía a decir que eso es lo que define a la por todos reconocida “ejemplar diplomacia vaticana”. Triste y banal es enfrentar, desde una perspectiva cristiana, la afirmación doctrinal con el compromiso con las personas o instituciones concretas. El Papa al que se le ha acusado de falta de “cuajo doctrinal”, ha avisado de que tenemos una doctrina pero no para apedrear con ella a las personas. Por el contrario a “la doctrina cristiana” pertenece, el valor absoluto de la persona, de toda persona, así como que antes que juzgar hay que esforzarse en comprender, y estar más dispuestos al diálogo que a la excomunión o al anatema. Dialogar con todos, incluso con los que convierten el diálogo en colección de consignas cargadas de descalificaciones. Eso será responsabilidad de ellos. A ello hay que responder con el “cuajo doctrinal”, que proclama la defensa de la dignidad de la persona, de su libertad, de sus derechos y…deberes. A Pablo VI pertenece la afirmación de que el diálogo es nueva forma de la caridad. Que no es una consigna, sino la conclusión de su defensa del diálogo en un documento tan doctrinal como la encíclica Ecclesiam suam, 1964.


El positivismo cristiano

10 de mayo de 2017 0 comentarios

Es Ratzinger quien utiliza esta expresión. Positivismo entendido como el conocimiento propio de los sentidos. Para Comte positivo es el tercer y último estado del desarrollo de la mente humana, superado el estado teológico y el filosófico. Si se habla de Dios nos movemos en lo transensorial, en el estado religioso, diría Comte. Incluso la razón, no sólo los sentidos, se encuentra limitada para hablar de Él: solo unos pocos, después de muchos errores y con conocimiento análogo podrían saber algo de Él. Siempre será mucho más lo que de Él ignoremos, que lo que sepamos, nos lo advirtió ya Tomás de Aquino. Dios es inalcanzable e invisible para las religiones, sobre todo para las monoteístas. El judaísmo y el islam, celosas de esa distancia de lo divino, para no caer en la idolatría, rechazan cualquier imagen de de Dios. Por el contrario el Dios cristiano desde su también infinita distancia asumió la condición humana: se le pudo ver y palpar, se oyó su palabra, permitió que los sentidos humanos llegaran hasta él, pues “se hizo carne”. En ello radica la dimensión positiva de la fe cristiana. Y también su dificultad, porque podría resultar más fácil quedarse en lo insondable de la lejanía de Dios, abrumados por su misterio, que no verle, sentirle, oírle al visitarnos en un momento dado de la historia. Pero no sería inteligente desaprovechar esa cercanía de hombre perfecto y perfecto hombre , como recuerda de Jesús el Vaticano II, para no considerarle nuestra referencia existencial. Ser centro de la vida y no sólo de la religión, del culto a lo misterioso.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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