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Desde lo hondo

Ser de preguntas

5 de mayo de 2012 0 comentarios

“Para mí y para el mundo soy una pregunta infinita”, Karl Rhaner Que somos seres de preguntas es constatación cotidiana. ¿Qué?, ¿por qué?, ¿para qué? ¿cómo?, ¿cuándo?... pertenece al vivir diario. También a la reflexión honda sobre nuestro existir, nuestro origen, nuestro futuro, nuestro modo de ser… Sobre el mismo ámbito en que nos movemos. Sobre no pocos acontecimientos que se nos imponen… Son preguntas sobre lo cotidiano y sobre lo global de nuestro ser, nuestro vivir y convivir. Nos llegan respuestas de diversos lugares: de la religión, de la filosofía, de la historia, también de nuestros hondos deseos, de nuestra propia experiencia… Esas respuestas ¿agotan las peguntas? ¿las dejan resueltas? Me temo que no. Seguimos formulándonos preguntas: las mismas, que aún no se ven solucionadas, y otras que van surgiendo en la búsqueda de soluciones. ¿El hombre, la mujer de hoy acepta ser para ellos mismos una pregunta nunca definitivamente contestada? Me inclino a decir que no. Hombre y mujer exigen, se exigen a sí mismos y a los demás, también a Dios, respuestas claras, que cierren el círculo de las preguntas. Es una exigencia de la vida aburguesada, que se basa ante todo en aburguesar la razón, para que deje de preguntarse. La ambigüedad no se digiere. Se atranca en nuestro sistema mental, que pretende digerir todo, haciendo todo nuestro y para nosotros. Y vivir así disfrutando de buenas digestiones. Hasta a Dios queremos apartarlo de preguntas. Bien porque creemos saber de Él, bien porque deja de ser alguien que nos interrogue. Tampoco gusta vivir interrogándose a uno mismo sobre uno mismo. >Tanta pregunta genera cansancio e…inseguridad. Se prefiere lo previsible, no admirarse por lo imprevisible, que nos sorprende e interroga. Eso permite descansar, pero no en la verdad, a lo sumo en pequeñas verdades. Es renunciar al dinamismo de la búsqueda. Y por la tanto de algo esencial a nuestro ser. No es humano.


Economía y ética

26 de abril de 2012 0 comentarios

La viñeta de un periódico de estos días representaba el rostro de alguien con expresión entre sorprendida y triste que formulaba la pregunta: “Pero ¿qué es lo que os enseñan en Ciencias Políticas y Económicas?”. Se podría responder: no ética. Quedémonos con las Ciencias Económicas. La Economía es ciencia, por eso emancipada de lo que no sea ciencia. Es autónoma como ciencia que es, se rige por sus propias leyes. Y éstas son simplemente leyes científicas. Se presume, incluso, de que son leyes exactas. No admiten, pues análisis éticos, ni reservas respecto a las consecuencias de sus conclusiones. La política, a su vez, es ante todo economía. Ésta entiende a la política en la medida que se vierte sobre la economía. Pues bien, parece que los resultados de aplicar esa ciencia no han dado resultado. De ahí la pregunta que parafrasea la anterior: ¿Qué economía os enseñan? Más aún, habrá que atreverse a preguntar: ¿esa Ciencia tiene algo que ver con la condición humana? ¿O no más que la astronomía? Porque si es humana, tiene ineludiblemente una dimensión ética. La ética puede modular la economía, así con minúscula, es decir: el modo cómo utilizamos los bienes para satisfacer día a día nuestras necesidades, pero me temo que no sea admitida en el ámbito académico de la Economía, con mayúsculas, porque es una… Ciencia. Parece dar prestigio no admitir consideraciones ajenas a lo exclusivamente científico.


El presente

15 de abril de 2012 0 comentarios

“El pasado es el recuerdo, el futuro la promesa, el presente es el hogar”. Algo así recuerdo de una reciente lectura. La apuesta era por el presente, frente al recuerdo y la promesa. Se trataba de las diversas religiones. Por el presente apostaba las de origen oriental. La nuestra heredera del judaísmo se basa en la memoria de Cristo que tratamos de actualizar y de la promesa que queremos anticipar. Es apuesta también por el presente. Pero presente integrador de la historia vivida o por vivir. No al margen de la historia. La frase que comento tiene aire de posmodernidad. Algo así como el carpe diem, tan celebrado hoy, aunque sea heredado de la antigüedad clásica, Con lo que implica de reducir la vida a la satisfacción inmediata y a recelar o simplemente prescindir de la historia y de horizontes en la vida. . Decir que el presente es el hogar, es atribuirle el ámbito donde uno se encuentra mejor. ¡El hogar, dulce hogar! Pero eso suele decirse cuando uno vuelve a él. Para apreciarlo es necesario salir. Vivir recluido en el hogar es perder perspectivas y exponerse a perderse en lo mínimo y a veces intranscendente. Exponerse a que deje de ser dulce. Trascendiendo el símbolo, el presente ha de alimentarse de la historia y la promesa. Así es nuestra fe. Fe que responde a nuestra condición humana. En san Lucas en la última de las bienaventuranzas se insta, en medio de la persecución por la causa de Cristo, a “ser feliz ese día” por la promesa de felicidad futura. En un conocido film la esposa amenazada de muerte por un cáncer decía a su esposo, el dolor de mañana pertenece a la felicidad del hoy. No era la promesa de felicidad, sino el temor del dolor futuro lo que contribuía también a la felicidad presente. La felicidad, el hogar, implica la memoria y la promesa. Incluso aunque la historia no se llene con recuerdos positivos y la promesa se convierta en temor. Todo ello puede fabricar felicidad en el presente. No prescindiendo de ello.


RESURRECCIÓN

8 de abril de 2012 0 comentarios

Lo que empezó así: “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su hijo”, no podía terminar en la cruz. En la cruz se dio la versión cristiana del amor de Dios: tanto amó Cristo al mundo que se sometió a la muerte. Si el amor de Dios supuso la presencia histórica de Cristo entre nosotros, el amor hasta la muerte de Jesús de Nazaret le permitió superar esa muerte y desde su estado de gloria acompañarnos en nuestra historia, y ofrecerse como la razón el fin de ella. La razón de la historia es seguir un proceso de humanización, que Cristo lo expresaba como el Reino de Dios: comunidad hombres y mujeres que, bajo la mirada de Dios Padre, va construyendo una existencia humana regida por los valores proclamados por Jesús y recogidos en los evangelios. Los valores que san Pablo llama de arriba, no de la tierra, porque superan la muerte, lo efímero. El amor, más fuerte que la muerte; el encuentro con el Dios que nos trasciende, que veremos luego “cara a cara”; la verdad que alcanzaremos superadas las limitaciones de este momento. Celebrar la resurrección no es sólo celebrar el triunfo de Jesús de Nazaret, sino el triunfo del amor, de la verdad, del plan de Dios sobre nosotros, el triunfo de la condición humana. Es celebrar nuestra “resurrección”. Es celebrar el éxito de lo que fue un aparente fracaso en la cruz,el triunfo del proyecto del Dios que “tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo”. A nosotros nos toca vivir como “resucitados”, es decir haciendo que esos valores que superan la muerte sean los que rijan nuestra existencia: amor, verdad, contacto con Dios.


Vacaciones de Semana Santa

29 de marzo de 2012 0 comentarios

Semana Santa o semana grande como la llaman en algunos lugares de América. Los secularizantes quieren llamar a las vacaciones de esos días “vacaciones de primavera”. Y no está mal. Es un modo de separar la celebración santa de una semana de tomarse unos días de vacaciones, aunque coincidan los días. No se ve muy lógico que unamos semánticamente vacaciones a santidad. Sin embargo ahondando en la tradición judía y cristiana no existe tal distanciamiento entre lo santo y las vacaciones. Es una semana distinta y bajo ese punto de vista tiene un cierto carácter de sábado y lo que implica: descanso y santidad. En la tradición judía el sábado es día de descanso y a la vez día dedicado a Yavhé; y en la tradición cristiana ese día es el domingo, día de no trabajar y oír “misa entera”. Viene de lejos, pues, unir la santidad y la vacación. Antes se decía que era propio de los monjes vacare Deo, o sea dedicarse a Dios. Era la manera más elevada de ocupar el tiempo. Y era tiempo de vacación, como el término expresa, no de trabajo. Sin salirnos de antiguas consideraciones, era el tiempo del ocio, no del negocio –nec otium- El tiempo más humano. Tiempo de juntar, pues a Dios con el descanso. No olvidemos que en el Antiguo Testamento se señala como premio supremo “descansar en el Señor”. Descanso que Dios cierra al pueblo de “corazón extraviado, que no conoce mi camino”. ¿Podríamos concluir que se puede combinar playa y templo, disfrutar de la Naturaleza y celebrar los misterio de la Redención…? Existen razones para que sea así. Pero a cada uno le toca saber qué es lo más presente en sus días de vacación de semana santa.


EL MUNDO

15 de marzo de 2012 0 comentarios

No se tiene, en general buen concepto del mundo. Digo “el mundo” y, de acuerdo con nuestra manera de hablar, se podría decir “la gente”.” El mundo está perdido”. Y la gente que nos rodea es…. Y los calificativos no suelen ser ensalzadores. Parece existir la necesidad, en no pocos, de que su entorno: la gente, el mundo, estén cargados de maldad o ignorancia. Es el modo de que uno se vea brillar en medio de tanta oscuridad intelectual o moral. Si la gente, el mundo fueran buenos e inteligentes, a uno no le quedaba más que ser, como mucho, uno de tantos. Eso no gusta, es necesario verse superior, distinto y mejor. Y eso pertenece también al mundo, a la gente. Sin embargo el texto de Juan: “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo”, implica que algo bueno veía Dios en el mundo, en la gente. Sólo se ama lo que tiene bondad. No lo envió a condenar, sino a salvar. Claro que tenía y tiene el mundo y la gente, también hoy, aunque no más que en tiempo de Cristo, necesidad de salvación. Pero la salvación se ofrece a quien tiene capacidad de ser salvado, y así es considerado. Con una mirada como la de Dios se puede esperar del mundo, de la gente, capacidad de bien. No son tan malos.Quien así los juzgue no mira con ojos de Dios. Esto si puede ser malo.


Injusta, ineficaz e inútil

29 de febrero de 2012 0 comentarios

Bastaría decir que la reforma laboral que se quiere introducir en España era injusta para qué fuera desechada. Pero el crítico a tal reforma añade que es “ineficaz e inútil”. Lo de injusta puede deducirse de su formulación. Lo de ineficaz e inútil es un adelanto, espero que justificado en razones potentes, de lo que sucederá: no servirá ni para rebajar el déficit ni para estimular el trabajo. Inútil e ineficaz son dos calificativos, que en el caso que nos trae son convertibles. Lo de “injusto” es distinto. Supongamos que la reforma, en contra de lo que anuncia el calificador, resultara eficaz y por tanto útil, o útil y por tanto eficaz, ¿estaría justificada, aunque mantuviera el calificativo de injusta? O bien ¿dejaría de ser injusta al ser útil y eficaz? Lo que quiere decir: ¿habría que combatir esa injusticia aunque se consiguieran con ella lo que todos desean: superar el déficit y pleno empleo, es decir: éxito económico, acabar con el déficit, y un bien social –sin duda con repercusiones económicas-, poder ejercer todos el derecho al trabajo? ¿O por el contrario, calificarla como injusta es suficiente para rebelarse contra ella, independientemente de los resultados económicos y sociales positivos que pudiera lograr? No alcanzo a juzgar lo justificado que esté señalarla como “inútil e ineficaz”, pero sí veo que calificarla como injusta no puede quedar al margen de que sea o no útil y eficaz. Esta duda permite llamar la atención de que los valores éticos se mueven en distinto plano que los económicos, aunque no sean ajenos a ellos: ellos han avalarlos por encima de otra consideración. No conviene situarlos en el mismo plano.


Honda Cuaresma

20 de febrero de 2012 0 comentarios

El carnaval surgió como un contrapunto que prologaba la cuaresma, a base de vivir lo contrario de lo que ella es. La contradicción se cifra en que el carnaval es el tiempo de la farsa y la mentira, de la máscara que engaña: simula lo que no es y disimula lo que es. La Cuaresma es afirmación de lo auténtico, de lo verdadero. El evangelio del Miércoles de Ceniza nos previene de no hacer una farsa de las buenas acciones definitorias de este tiempo: la oración, el ayuno y la limosna. Que los hechos, buenos, no escondan nuestro interior no tan bueno. La verdad de la cuaresma conlleva que ella es solo camino, no meta. La meta, no es la austeridad, la renuncia, la oración penitencial, ni la limosna. La meta es la celebración de la Pascua de la plenitud de ser definitiva de Cristo; es la entusiasmada oración de acción de gracias por ese triunfo de Cristo; es el intento de una humanidad donde no sea necesaria la limosna, al menos referida a bienes materiales. La verdad, deseada, buscada es la Resurrección, nuestra resurrección. Entendida como vivir los valores de arriba, los superiores, que superan la muerte, de los que Pablo habla a los Colosenses y nos recuerda la liturgia pascual. Valores de arriba que se han de buscar aquí abajo. Ellos nos hacen ser lo que hemos de ser: el valor del amor, de la verdad, de la experiencia de Dios. Impregnar nuestra vida de esos valores, siempre en la limitación propia de nuestro ser, estimulados por el triunfo de Cristo, conseguido por vivirlos en plenitud, es el fin de la Cuaresma.


¿Cómo sustituir columnas?

25 de enero de 2012 0 comentarios

Las cariátides son columnas de formas humanas que sostienen los templos. Alguien ha utilizado esa arquitectura para explicar la función de los santos en la Iglesia (Espíritu Santo, apare). Los santos canonizados y los que no lo han sido, pero han sustentado la Iglesia en medio, con frecuencia, condiciones adversas. Nos quedan restos de antiguos templos sustentados por cariátides. Los seres humanos que han hecho de cariátides desaparecen antes de la historia. Es necesario sustituirlos por otros. La fe nos dice que cabe la posibilidad de que sigan su labor de sostenimiento de la Iglesia más allá de la historia. Pero se necesita la visibilidad de los que sostienen la dimensión también visible de la Iglesia. De la Iglesia y de sus instituciones. ¿Cómo sustituir a Fray Bernardo para sostener Facultad, Escuela de Teología, Acción Verapaz, parroquias, todo lo que llevaba sobre sus hombros? No será fácil, pero se conseguirá. Mantengamos la esperanza. Pero fray Bernardo sostenía no sólo instituciones, sino, y sobre todo, personas. Personas que se apoyaban en su afecto, amistad, también en sus convicciones, relaciones, referencias. ¿Cómo sustituir esa columna en la que se apoyaba la existencia de tantos? Santo Domingo se despidió de sus frailes asegurando que les sería de más provecho tras su muerte. Confiamos en que así sea tras la muerte de este buen hijo de Santo Domingo, fray Bernardo Cuesta.


De la crueldad a la fiesta. ¿Una inocentada?

28 de diciembre de 2011 0 comentarios

El relato de Mateo de la matanza de los niños es el relato de una crueldad. ¿Qué celebrar, entonces? Existe una tradición, vieja tradición que quiere ver en esos niños verdaderos mártires. El color litúrgico del día es el rojo de los mártires. Mártir sabemos que significa testigo. ¿De qué son testigos los niños asesinados, si no es de la crueldad de Herodes? ¿Cómo se ha pasado a decir que, no con las palabras, pero sí con los hechos, los niños masacrados fueron testigos del Niño recién nacido. Está claro que asesinados con ocasión de su nacimiento, como reacción cruel de Herodes al no encontrar al “Rey de los judíos”, no es lo mismo que asesinados porque ofrecieron su vida por Jesús. Repasamos los textos de la celebración eucarística: En la antífona de entrada se dice: “los niños inocentes murieron por Cristo”. Lo dicho, es evidente que su inconsciencia les impedía morir o vivir por alguien. En la colecta se dice que “los mártires inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor”. San Ireneo decía “la gloria de Dios era la vida del hombre”, no su muerte. Muerte además sin ser querida ni asumida, simplemente ejecutada. En el salmo responsorial se manifiesta la alegría porque “hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador”… la trampa se rompió y escapamos. Nuestro auxilio es el nombre del Señor”. El salmo manifiesta la alegría por lo que había que alegrarse y lo que había que celebrar: que José inspirado por un ángel, logra burlar al asesino y salvó a Jesús de ser asesinado. Esa fue la voluntad de Dios. Es la vida amenazada y salvada de Jesús lo que había celebrar. (Si bien oscurecida la celebración por la reacción criminal de Herodes). El texto evangélico no alude a ninguna celebración, sino a que se oyen los lloros y lamentos en Ramá: “es Raquel que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo porque ya no viven” Y eso es lo que se cumple, según apunta san Mateo. En el mundo civil este día es el día de las “inocentadas”, día de las bromas. No parece de buen gusto que se “bromee” en el recuerdo de una matanza de niños. Quizás la Iglesia dio pie a ello con la celebración litúrgica, que se funda en lo que dice la oración de después de la comunión: “Los niños fueron coronados de gloria en virtud del Nacimiento de Cristo” Lo que estimo que sucede con todo niño que muere –desestimado el limbo-. Sin que nadie vea en la muerte del niño, provocada de modo cruel, algo que celebrar. Nota. Son muchas las personas más inteligentes que yo que en los siglos de historia del cristianismo han encontrado razones para celebrar litúrgicamente esta fiesta; sigue habiéndolas hoy. Son más de fiar que yo. De todos modos si se suprimiera la fiesta litúrgica de los “Santo inocentes”, puede que no hubiera demasiadas protestas. Así lo entiendo. De momento, lectores, mantengan la fidelidad al “Calendario litúrgico


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología San Esteban (Salamanca). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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