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Desde lo hondo

Corrupción

6 de abril de 2018 0 comentarios

El autor repasa los casos de corrupción de personas de gran relieve público, sobre todo de políticos, bien de la política en general o de la política económica en diversos países de nuestro mundo occidental. Y entiende que si las personas públicas carecen de ética y se dejan llegar por intereses individuales hasta corromperse, se ha de derivar que los ciudadanos de a pie sigan su ejemplo. In vulgus (¿o?) manent exempla regentum, es axioma jurídico que recoge un texto medieval. En el pueblo se mantienen los ejemplos que dan quienes lo rigen. Me he preguntado, sin embargo, si la corrupción, en menor escala, no comienza en los ciudadanos, y cuando estos consiguen situaciones públicas de relieve no tienen más que dimensionar sus índices de corrupción, como se ha dimensionado su capacidad de administrar bienes económicos o el relieve social del cargo que ejerce. ¿Se aprende lo ilícito e inmoral cuando esto trae inmediatos, sabrosos e ingentes beneficios, o la escuela de la corrupción fue tratar de anteponer una cita o tratamiento médico, que postergaba la de otros; o buscar influencias que permitan no ajustarse a lo legal para conseguir lo que se pretende a costa de que otro no lo consiga, o tarde más en conseguirlo…? Si se insiste en que la corrupción empieza en quienes tienes responsabilidades públicas se explicará que pase a los ciudadanos, y éstos encontrarán en el mal proceder de sus dirigentes una excusa o incluso una justificación del suyo. Y a la vez bastaría que la corrupción desapareciera de los dirigentes para que no existiese en los ciudadanos. Si la corrupción reposa en las bases de la sociedad, aunque a nivel no muy relevante, se podrá pensar que el elegido dirigente la llevará consigo, sin mayores sorpresas de los gobernados, y el nivel de ella será proporcional a las dimensiones de su responsabilidad en la administración. A no ser que el dirigente asuma desde su limpia conducta -exempla- la labor de purificar a la sociedad.


Agua para todos

11 de marzo de 2018 0 comentarios

“Nunca llueve a gusto de todos”, es dicho popular. En medio de estas borrascas no siempre llueve la cantidad que deseamos, se puede sobrepasar lo necesario o quedarse corta la lluvia. Tampoco llueve lo mismo en todos los lugares en nuestra geografía española. Como tampoco todos los lugares tienen la misma necesidad de agua. Pensemos por ejemplo en los diversos cultivos. En concreto en esos cultivos que exigen sol, temperaturas moderadas y a la vez agua. En este caso no se puede esperar que toda el agua les venga del cielo, no viene la suficiente, ni llueve cuando es más necesaria la lluvia, ni del modo que pueda ser aprovechada; necesitan almacenar agua para los momentos de escasez. Pero su “almacén” con frecuencia está bastante vacío, no hay de dónde sacar el líquido necesario. A la vez en otros lugares el agua es un regalo dulce que se hace al mar de agua salada, que no sé si lo agradece o lo aguanta. Surge así la gran cuestión: ¿no se podría compartir el agua para que hubiera la suficiente para todos? La propiedad privada –el río es mío y para mí- tiene mucha fuerza. En general más que el bien común o la propiedad con dimensión social. Con ello lo que se plantea es un modo de ser y vivir en sociedad, o sea: de saber llevar una vida humana, que, por ser humana, tiene esa dimensión social. Se trata de vivir como lo que somos, humanos, no como lobos (Hobbes). ¿Existe la disposición y la decisión para abandonar su condición humana y optar por la de lobo?


El futuro de la Iglesia a treinta años vista

3 de marzo de 2018 0 comentarios

La revista Vida Nueva se ha atrevido a pronosticar cómo va a ser la Iglesia de dentro de treinta años. Los autores de los pronósticos parten de que los movimientos actuales en la Iglesia y la sociedad se mantendrán y se acentuarán siguiendo una línea continúa durante esos treinta años. De este modo es fácil prever una Iglesia con menos presencia en la vida social, con un número muy inferior de sacerdotes, con una vida consagrada con muchos menos integrantes tanto de mujeres como de varones, con una presencia mayor y más cualificada de laicos en la vida de la Iglesia; con una mayor presencia de la mujer, que, al mantener la línea de digna reivindicación de la mujer, puede llevar a saltar a ejercer el ministerio presbiteral; a su vez por la presión ya existente y siguiendo otros modelos que existen en la iglesia católica, no exigirá el celibato para ejercer dicho ministerio. Prever todo esto no parece demasiado aventurado. Pero se parte de una premisa: los cambios que ahora se observan no tienen vuelta atrás, porque se apoyan en un ambiente social y en unas ideas que surgen de él y los consolidan sin retorno posible. No sé hasta qué punto la historia está a favor de esa premisa o más bien nos muestra que existen “conquistas definitivas”, pero también vuelta a tiempos anteriores, mejores o peores, distintos en cualquier caso. Ante la velocidad que se dice y experimentamos que evoluciona la sociedad habrá que estar preparado para lo imprevisible en el sentido etimológico del adjetivo: lo no era previsible. Aunque en estos tiempos, existan experiencias que no apoyen jugarse todo a previsiones en la línea de lo actualmente dominante. Hemos experimentado crisis económicas que, por lo visto, eran imprevisibles, ascensos al poder de personas por las que tiempo atrás nadie apostaba, reacciones en la misma Iglesia que se han detenido en tiempos pasados, fieles cristianos, a veces eclesialmente cualificados, e instituciones eclesiales, que se negaban a aceptar los cambios habidos. Lo pendular también es un movimiento presente en la historia de la Iglesia. En cualquier caso, bien esta prever…; pero con humildad, la que exige adelantar cómo será el futuro no tan inmediato. La humildad siempre denota inteligencia y viceversa. Ambas impiden moverse entre el miedo a la catástrofe con aires apocalípticos, y la ilusión de soñar “despiertos” en el paraíso futuro. Siempre esperanzados, nunca ilusos.


Hablar, oír y entender

26 de febrero de 2018 0 comentarios

Decía Eckhart: “lo nuevo y lo raro ofrecen al espíritu un estímulo más agradable que lo habitual, aunque este tenga más valor e importancia” (Citado en el libro de Silvia Bara y colaboradores, Dios en ti. Ed. San Esteban, Salamanca. 2018, pg 29). Lo dice pensando en cómo debe ser la predicación, propia de su Orden, la de Frailes Predicadores. A continuación dirá: “algunas afirmaciones –se entiende “nuevas y raras”- a primera vista pueden parecer monstruosas, dudosas o falsas; pero no será así si se tratan con mayor agudeza y estudio”. Dos afirmaciones que entiendo que se han de entender como complementarias. Y quizás no es lo más frecuente. La primera, la aceptación favorable de lo nuevo y raro es bien conocida. Es necesario para llamar la atención y fijarla en lo que interesa de modo que no pase desapercibido. Comienzo necesario del discurso que los clásicos llamaban “captar la benevolencia” del auditorio. Es también asunto de mercado: vender bien el producto. La segunda exige un esfuerzo mayor: el de superar lo que agrada al oído y poner en funcionamiento nuestra capacidad de análisis, es decir el entendimiento, que ha de esforzarse en entender bien lo que se quiere decir con lo “raro y nuevo”. Esto es más exigente, necesita tiempo, y a los oyentes de hoy les cuesta más la reflexión, darse tiempo para comprender bien, superar primeras impresiones y llegar al fondo de lo que se quiere expresar con las afirmaciones que sorprenden, llaman la atención por “raras y nuevas”. Una cosa es cómo exponer, cómo hablar y otra cómo oír, entender. Quizás porque sus lectores y oyentes se quedaron en lo “raro y nuevo”, literalmente entendido, sin esforzarse en llegar a lo que Eckhart quería decir, éste tuvo problemas con las autoridades eclesiásticas. Necesitó explicarse. Consciente de ello el mismo Maestro Eckhart “con frecuencia se expresa de este modo en sus sermones: ” (o.c). Valga este apunte para recomendar el libro antes citado que me ha sugerido esta reflexión,


Escribir o no escribir

23 de febrero de 2018 1 comentarios

¿Qué se puede escribir que no esté ya escrito? La realidad que queramos describir es ciertamente cambiante, a veces imprevisible; puede parecer nueva y desconocida. Eso es lo anecdótico, que sólo necesita tomar nota de ello y comunicarlo. Lo que sobre ella se pueda reflexionar estará ya reflexionado. Sería la conclusión del "nada nuevo bajo el sol”, que dice el Eclesiastés.. O de ese otro dicho: “lo que no está – no se reconoce- en los clásicos es plagio … de ellos”. Será la capacidad de olvido o la falta de información del ser humano lo que justificaría que cada uno hiciera su propio análisis y llegará a conclusiones que se creen propias de los hechos:, y así construir una teoría nueva que vaya más allá de la anécdota. Otros se mueven en la línea opuesta: “la historia de la Filosofía es la historia de ideas muertas”, Isaías decía “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43 18). ¿Lo habrá dicho todo Isaías? Dios siguió hablando. En Jesús de Nazaret expuso la nueva buena. Y luego “quedó mudo” (S, Juan De la Cruz, recogido por Benedicto XVI). Se puede concluir: es necesario “leer más, escribir o hablar menos”. Pero cuanto más se lee, más cree uno que tiene algo que decir a propósito de lo que lee. Y sucede sobre todo con la lectura de la Biblia. En fin, atengámonos a la falta de información o al olvido de lo ya dicho para seguir escribiendo.



CUARESMA 2018

13 de febrero de 2018 0 comentarios

¿Por qué al inicio de la Cuaresma,el miércoles de ceniza,el texto evangélico que nos ofrece la liturgia pretende afinar cómo han de ser las acciones propias de la religión judía: la oración, el ayuno y la limosna? Afinar quiere decir exigir que sean auténticas, que no se utilicen para otros fines no nobles, sino más bien vulgares como el aparentar ante los demás ser limosnero, penitente, orante. Esa decisión parte de conocer bien la condición humana, la capacidad que tenemos de servirnos de lo noble para cubrir intereses no tan nobles, por no decir innobles, como vernos mejores que los demás. El texto evangélico exige orar cuando nadie te ve, sólo Dios; ayunar de modo que no se manifieste en el rostro cuando sales a la luz; hacer limosna sin que una mano se entere de lo que la otra hace. Todo ello es un clamor de autenticidad frente al disfraz de carnaval, de realidad frente a la apariencia. Eso exige entrenamiento, concentrar las fuerzas en lo valioso. Es lo que significa el tiempo de desierto de Jesús, que ha de ser de cada uno. En el desierto se olvida lo superfluo y se busca lo esencial, sobriedad –ayuno-; en el desierto se mira más a Dios –oración-, porque se percibe la necesidad de su ayuda, no nos valemos a nosotros mismos. En el desierto se echa de menos la mano amiga, generosa, - la urgencia de alguien con quien compartir lo que somos y tenemos –limosna realizada con el único fin de ayudar, sin nadie que la perciba excepto quien se beneficia. Eso es la Cuaresma siempre entendida como camino hacia la Pascua. Vivida con ese horizonte para que no sea un caminar ciego; pero exigiéndose, con esfuerzo y renuncias, para que el horizonte no sea una ilusión. Avanzar paso a paso sabiendo quién es el que avanza, con lo que tiene que cargar y las peripecias del caminar. Siendo realista, o sea, lo que se es; no gastando las fuerzas en aparentar ante los demás lo que no se es.


CRÍTICA

28 de enero de 2018 0 comentarios

¡Existe tanto que criticar en nuestra sociedad! Esa acción es la que menos esfuerzo intelectual necesita. Y la que menos compromete; es fácil, al alcanza de todos. Además mientras criticamos quedamos al margen de la crítica: corruptos son los otros; ineptos son los otros; vagos son los otros… Los otros pueden ser todos, “la gente”, que son los otros menos yo, o un grupo determinado, los políticos, por ejemplo o los funcionarios, los directivos de un club o… La crítica no sólo es fácil, sino que sirve para vernos mejor, “no soy como los demás” es sentimiento que la incluye. Pero ahí termina. Su recorrido es corto. No lo sería si, ante tanto mal, utilizando ya la inteligencia, con esmero y esfuerzo, sin prisas, dándose tiempo para una información suficiente y adecuada; y con frecuencia con una dosis de humildad que permita ver que las soluciones no son fáciles, y que el mal no es ajeno a uno mismo, y tratáramos de ver qué soluciones habría que encontrar y cuál sería el compromiso de cada uno para actuar contra el mal. Puede que nos viéramos incapaces para hacer algo que no fuera no caer nosotros en lo criticable, aunque fuera en un nivel inferior. Confesémoslo. Pero no nos quedemos ahí: ejercitemos la inteligencia y unos ojos limpios para ver lo bueno que sí existe, sin ser perfecto, en nuestro mundo; y disfrutar de que exista. Nos servirá de referencia para combatir el mal con nuestro propio bien ser.


El Papa en Puerto Maldonado

23 de enero de 2018 0 comentarios

La presencia del Papa en la selva amazónica, en concreto, en Puerto Maldonado tenía un objetivo, que resumiría diciendo: hay que apostar por los que habitan aquellas tierras, por su dignidad humana, su cultura y tradiciones y por el ámbito en que se mueven. Todos los seres humanos nos necesitamos. Todos tenemos algo que decirnos. Todos podemos aprender de los otros. Y lo mismo las diversas culturas han de nutrirse unas de otras. Es esta reciprocidad lo que nos sitúa en la verdad de nuestras relaciones. Por ello, la explotación de la que han sido víctimas por los extraños que vinieron a servirse de ellos para sus intereses exclusivos, con desprecio de sus personas, de su estilo de vida, desde la prepotencia de quienes se creen superiores, ha de ser censurada. Pero no todo fue así en el encuentro entre nuestra cultura cristiana occidental y las de ellos. Los misioneros pretendieron sin desprecio, desde el aprecio y el amor, ofrecerles algo que ellos no tenían. Con mayor o menor acierto. El sentido de la vida, el modo de ser personas humanas, y de relacionarse con Dios y los demás que ofrece el Evangelio. En aquellos lugares se encontraron con grupos que estaban en el paleolítico, no cultivaban la tierra, vivían de lo que cazaban o recolectaban sin sembrar. Ofrecieron una sanidad y una educación que desconocían. Les abrieron a un mundo distinto, pero formado por personas humanas como ellos. Ampliaron no sólo la expectativa de vida, sino un ámbito más amplio de conocimiento y relación. Los nativos que se fueron incorporando a este estilo de vida no desean volver a ser un grupo apartado, perdido en la selva, con el estilo de vida que llevaban hasta entonces. ¿Que han sido ultrajados, esclavizados, despreciados como seres inferiores por no pocos? también es verdad. Los misioneros dominicos fueron llamados por el Papa para que su presencia y acción fuera freno a ese inhumano trato que a principios del siglo XX les impusieron los prepotentes caucheros. Aún es necesario denunciar el que reciben de otros explotadores de nuestro tiempo de los recursos del lugar, como madera, oro, gas, petróleo. Pero sin pretender volver a tiempos anteriores. Tampoco la crítica de esas actitudes inhumanas hacia ellos, hacia el medio ambiente, puede olvidar lo que otros les han ofrecido para mejorar, desde el respeto a su idiosincrasia, su modo de vivir. No se puede volver a la simplificación del “buen salvaje”. Porque no es “bueno”, tiene también en su interior lo que de malo existe en todo ser humano, ni es “salvaje”. No debemos dejarnos arrastrar por un “indigenismo”, que sirva de estudio y de curiosidad a los que por allí se acercan, y se olvide de ofrecer lo que bueno tienen quienes se acercan, por ejemplo, el estilo evangélico de vivir. El sínodo de los obispos de la Amazonia tratará de todo ello. El Papa en sus intervenciones no tuvo ocasión más que para despertar la conciencia del mundo en orden a respetar y aprender de lo bueno de esas culturas, y cuidar la rica naturaleza de esa zona de nuestra tierra. A ellos y a su tierra la necesitamos. Y ellos nos necesitan.


Verdad, ignorancia, error

10 de enero de 2018 0 comentarios

El ser humano, en cuanto ser humano busca la verdad. La necesita. Por ello la ignorancia no es el estado deseado. Ahora bien la verdad no se posee, se busca. Si se busca es que existe ámbito extenso de ignorancia. La verdad, pues, cuenta con la ignorancia. Con la ignorancia consciente. No ser consciente de lo que ignoramos lleva a no buscar la verdad. Por eso ignorancia y verdad son distintas, pero no opuestas consideradas en general. Amabas conviven necesariamente en nuestra condición humana. El error si se opone a la verdad. Es contrario a ella porque el error es algo que se considera verdad y no lo es: es negación de la verdad. El deseo de tener la verdad es tan fuerte que se prescinde a veces de su búsqueda inteligente y paciente. En las relaciones sociales queremos manifestar lo que sabemos, no lo que ignoramos. Consecuencia de ello es que nos formamos pronto opinión; es decir, formulamos juicios, que como decía Aristóteles, es el momento de nuestro conocer cuando aparece la verdad y el error. No aceptamos reconocer la ignorancia y nos precipitamos en el error. Como si lo que interesara es hacer ver qué estamos enterados de lo que sucede en nosotros y en nuestro entorno, y además conocemos sus causas. Aunque otras veces si decimos: “no sé lo que me pasa”. O “no sé a qué viene esto, cómo pudo suceder”. La ignorancia es más amplia que la verdad. Eso es una verdad. Exageraba el filósofo que decía “sólo sé que no sé nada”. La ignorancia, nos pertenece. El error no tiene por qué. Es efecto de querer saberlo todo, de no reconocer la ignorancia o de precipitarnos en conocer la verdad. La ignorancia es propia de nuestro ser, en el error se cae por querer saber demasiado y no reconocer la ignorancia. Asunto distinto es precisar cuándo somos o no somos responsables de lo que ignoramos.


Verdad y edad

6 de enero de 2018 0 comentarios

En vista al Sínodo sobre los jóvenes y el discernimiento vocacional, le preguntan al cardenal responsable directo de esa gran asamblea si ve lógico que obispos, personas de edad, digámoslo con cortesía así, puedan opinar sobre los jóvenes. Cabían más preguntas si por ejemplo el sínodo o la asamblea, como quiera llamarse, lo formaran jóvenes, ¿estarían ellos preparados para hablar de la fe en las personas mayores? ¿Pueden decir los abuelos sobre sus nietos tanto como los nietos sobre sus abuelos y viceversa? Los abuelos tiene alguna experiencia de cuando eran nietos, los nietos ninguna de ser abuelos. Lo mismo sucede con los jóvenes y las personas de edad. El Secretario del Sínodo señala con inteligencia que los jóvenes son los protagonistas en la preparación del sínodo, el “presínodo”. Luego, en el sínodo, habrá una presencia representativa de los jóvenes del extenso y variado mundo; pero no tomarán decisiones. ¿Serán estas tenidas en cuenta por el Papaantes de que publique la Exhortación postsinodal, viniendo de personas de “edad avanzada”? Él mismo pertenece a esa edad. Es peligroso valorar las ideas por la generación a la que pertenecen las personas que las ofrecen y defienden; como si la cuestión generacional fuera la referencia esencial de la verdad. Lo que vale también para cuando el argumento en que se basa es la experiencia de la persona mayor. A veces las personas de edad acuden a la experiencia de años, que en realidad es la experiencia de un año reiterada durante muchos, sin haber dedicado tiempo a analizarla y actualizarla.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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