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Desde lo hondo

Verdad, ignorancia, error

10 de enero de 2018 0 comentarios

El ser humano, en cuanto ser humano busca la verdad. La necesita. Por ello la ignorancia no es el estado deseado. Ahora bien la verdad no se posee, se busca. Si se busca es que existe ámbito extenso de ignorancia. La verdad, pues, cuenta con la ignorancia. Con la ignorancia consciente. No ser consciente de lo que ignoramos lleva a no buscar la verdad. Por eso ignorancia y verdad son distintas, pero no opuestas consideradas en general. Amabas conviven necesariamente en nuestra condición humana. El error si se opone a la verdad. Es contrario a ella porque el error es algo que se considera verdad y no lo es: es negación de la verdad. El deseo de tener la verdad es tan fuerte que se prescinde a veces de su búsqueda inteligente y paciente. En las relaciones sociales queremos manifestar lo que sabemos, no lo que ignoramos. Consecuencia de ello es que nos formamos pronto opinión; es decir, formulamos juicios, que como decía Aristóteles, es el momento de nuestro conocer cuando aparece la verdad y el error. No aceptamos reconocer la ignorancia y nos precipitamos en el error. Como si lo que interesara es hacer ver qué estamos enterados de lo que sucede en nosotros y en nuestro entorno, y además conocemos sus causas. Aunque otras veces si decimos: “no sé lo que me pasa”. O “no sé a qué viene esto, cómo pudo suceder”. La ignorancia es más amplia que la verdad. Eso es una verdad. Exageraba el filósofo que decía “sólo sé que no sé nada”. La ignorancia, nos pertenece. El error no tiene por qué. Es efecto de querer saberlo todo, de no reconocer la ignorancia o de precipitarnos en conocer la verdad. La ignorancia es propia de nuestro ser, en el error se cae por querer saber demasiado y no reconocer la ignorancia. Asunto distinto es precisar cuándo somos o no somos responsables de lo que ignoramos.


Verdad y edad

6 de enero de 2018 0 comentarios

En vista al Sínodo sobre los jóvenes y el discernimiento vocacional, le preguntan al cardenal responsable directo de esa gran asamblea si ve lógico que obispos, personas de edad, digámoslo con cortesía así, puedan opinar sobre los jóvenes. Cabían más preguntas si por ejemplo el sínodo o la asamblea, como quiera llamarse, lo formaran jóvenes, ¿estarían ellos preparados para hablar de la fe en las personas mayores? ¿Pueden decir los abuelos sobre sus nietos tanto como los nietos sobre sus abuelos y viceversa? Los abuelos tiene alguna experiencia de cuando eran nietos, los nietos ninguna de ser abuelos. Lo mismo sucede con los jóvenes y las personas de edad. El Secretario del Sínodo señala con inteligencia que los jóvenes son los protagonistas en la preparación del sínodo, el “presínodo”. Luego, en el sínodo, habrá una presencia representativa de los jóvenes del extenso y variado mundo; pero no tomarán decisiones. ¿Serán estas tenidas en cuenta por el Papaantes de que publique la Exhortación postsinodal, viniendo de personas de “edad avanzada”? Él mismo pertenece a esa edad. Es peligroso valorar las ideas por la generación a la que pertenecen las personas que las ofrecen y defienden; como si la cuestión generacional fuera la referencia esencial de la verdad. Lo que vale también para cuando el argumento en que se basa es la experiencia de la persona mayor. A veces las personas de edad acuden a la experiencia de años, que en realidad es la experiencia de un año reiterada durante muchos, sin haber dedicado tiempo a analizarla y actualizarla.


"POSVERDAD", "POSTUREO"

22 de diciembre de 2017 0 comentarios

La Real Academia de la Lengua entre otras palabras ha incorporado a su diccionario las palabras “posverdad” y “postureo”. Las ha incorporado con su propia definición. Así en el diccionario aparecerán dos términos que hacen referencia a la mentira, no sólo al error, porque es error pensado, consciente, interesado. “Posverdad” queda definida como "distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales". “Postureo”, "actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción". La diferencia entre posverdad y verdad es manifiesta, aquélla es una distorsión, una corrupción de ésta. Postureo, es pura apariencia, alejada de idea y de compromiso, que se apoya en la simulación de lo que no se piensa- si es que algo se piensa- pero permite quedar bien socialmente y verse, con engaño, “bonito”. Cuando utilicemos esas palabras hemos de ser conscientes de qué estamos hablando.


Lo nuevo

18 de diciembre de 2017 0 comentarios

Me refiero a lo nuevo que celebramos en Navidad: la presencia de Jesús en nuestra historia. Jesús en su predicación era consciente de la novedad que proclamaba su palabra. Esa palabra pasa a la historia con “La buena nueva”. La novedad siempre es atractiva, sólo los que viven bajo el miedo al cambio, sea cual sea, la temen. En Jesús las novedades de su predicación no tiene la misma dimensión. Hay una novedad más radical, que se expresa con el dicho: “Hasta ahora se os ha dicho, pero yo os digo… del Sermón del Monte, que recoge san Mateo. Otra novedad no es cambio de lo que existía por algo nuevo, sino dar un nuevo sentido a lo establecido, que sigue manteniéndose. Es el caso de la Ley mosaica. No ha venido a destruir la ley, sino a darle plenitud. Pablo diría que la plenitud de la Ley es el amor. En otra ocasión Jesús habla de “odres nuevos” para “vino nuevo”. ¿Qué tipo de novedad es la que con esta expresión quiere señalar Jesús? La parábola de los odres y el vino, la recogen los tres sinópticos. Jesús la proclama a propósito de los ayunos rituales judíos, a los que no se someten sus discípulos. Como indican los estudiosos, los textos escritos tienen a la vista una discusión en las comunidades cristiana de ajustarse o no a los ayunos judíos. La versión de Mateo termina la parábola con una frase peculiar: “el vino nuevo se echa en odres nuevos así los dos se conservan”. El objetivo es que se conserven los odres y el vino. Si se mezclan odres viejos con vino nuevo ambos desaparecen. Los odres nuevos tienen como fin conservar el vino en su interior. En orden a responder a la pregunta sobre de qué novedad se trata, podíamos precisar: si lo que se cambia viene de Dios, la ley mosaica, el cambio no es anular, ni una tilde, dice Jesús, para inventarse algo nuevo; sino darle una nueva orientación, un sentido nuevo: no sólo cumplir una ley, sino introducir el afecto, el amor. Si lo que se cambia es producto humano, como odiar a los enemigos, el cambio implica anulación de lo que había. “A vino nuevo, odres nuevos” es el título de un documento que surge de la Congregación de Institutos de vida consagrada”, que plantea “retos aún abiertos”. Habrá que tener en cuenta: 1º Que los cambios no afecten a lo esencial, a lo que tiene base evangélica. 2º Que los cambios sean para “conservar” la vida consagrada y su carisma en los tiempos actuales”. Todo según la letra y el espíritu del Vaticano II. En concreto es cambio a odres nuevos para acoger el vino nuevo que surge del Vaticano II, como aparece en los diversos documentos que se refieren a la “vida religiosa”, cuyo objetivo es “dar plenitud”, sentido, base evangélica a dicha vida.


Mujeres “teólogas”

10 de diciembre de 2017 0 comentarios

Ha de alegarnos ver cómo desde hace ya años la mujer se acerca a la Teología. Que se entienda que “la teología no es cosa de hombres”, como se decía, creo, la publicidad de una marca de brandy. Y no lo es en parte porque la teología no ha de estudiarse sólo para alcanzar el presbiterado. He impartido clases a aspirantes al presbiterado que aceptaban estudiar resignadamente teología, por ser camino impuesto para alcanzar su objetivo, ser presbítero. La teología tiene sentido en sí misma no es sólo medio para ejercer ministerios. Ni siquiera se puede reducir a materia académica. Busca ante todo ahondar en la Palabra de Dios, dicha para todo ser humano, hombre y mujer. Es pues tarea de todo aquel que quiera buscar las raíces, el fundamento de su ser cristiano. Lo que ha ido cambiando es la aplicación del término “teólogo”; “teóloga”. Se ha aplicado a los seminaristas que estaban en el estudio institucional de la Teología en proceso hacia el presbiterado. Sin embargo no se aplicaba a los profesores, varones normalmente. Estos eran profesores de las diversas ramas de la teología, antes moral y dogma, ahora de: tratado de Dios o Cristología, o Antropología teológica, o las diversas dimensiones de la moral... A los que explicaban la Sagrada Escritura, más que teólogos, se les llama exégetas, escrituristas. Y, por supuesto, los que explicaban Derecho canónico, se quedaban con el título de canonistas. En general cuando se habla de varones dedicados a la Teología se les suele presentar como profesores de alguna de las ramas de esta ciencia. Sin embargo cuando se habla de mujeres, se suele aplicar el adjetivo general “teóloga”, ellas mismas firman como tales. Existe un benemérito grupo de “mujeres teólogas”. Prescinden de identificarse por la especialidad de la Teología que cultivan. Esto puede ser, a) porque, a pesar de su preparación no se les da con frecuencia opción a ser profesoras de alguna modalidad en los centros de Teología; b) porque es necesario hacer público que la Teología en su amplitud es también “cosa de mujeres”, lo que no deja de ser muy justo y laudable; c) porque en ellas predomina una visión general de la Teología, sin insistir en su diversidad. En cualquier caso es de agradecer que la mujer se acerque a la teología, que la teología sea estudiada con ojos y sensibilidad femenina. Así como es necesario ofrecer más oportunidades a que ocupen cátedras de alguna de las especialidades de la Teología.


Rutina y entusiasmo

7 de diciembre de 2017 0 comentarios

La rutina tiene una dimensión pobre y práctica, positiva. La que nos evita discernir en cada momento qué hacer, por dónde movernos, que palabra decir…, y los asuntos a os que se refiere son triviales, sin mayor relieve. En los aspectos nada triviales que se refieren a lo hondo de nuestro ser, a nuestro sentir, a nuestras acciones más definitorias de lo que somos, con más repercusión en el acomodo existencial, la rutina puede impedir vivir en hondura lo esencial de nuestra vida, empobrecerla. No nos impide realizarlo o sentirlo, pero de una manera demasiado lineal, sin entusiasmo. Por eso se dice que la gran enemiga de amores hondos es la rutina al vivirlos: pierden hondura, se vuelven epidérmicos o, engañosos, protocolarios. Frente a esa rutina está el entusiasmo. El término tiene origen griego y se manifiesta como exaltación, fogosidad, inspiración, incluida la divina, y produce admiración satisfacción honda y sincera. Permite vivir en intensidad. La vida al alargarse sabe de entusiasmos, que han iniciado las elecciones vitales más relevantes: el amor, la búsqueda de la verdad, la percepción de lo bello o de lo bueno; y también el sentir el misterio que nos trasciende y a la vez nos inunda. El entusiasmo puede brotar sin buscarlo; pero también es necesario provocarlo, precisamente cuando vivir lo que con entusiasmo se inició y se reiteró puede caer en la rutina. Es más necesario cuando la vida va sumando años y experiencias que a veces son desengaños de lo que nos entusiasmó; o simplemente se ha rebajado el tono vital debido a que las energías físicas y psíquicas se van debilitando; o bien cuando el futuro se prevé con menos interés que asentarse en el recuerdo del pasado. Para seguir viviendo y no sólo subsistiendo se ha de remozar el entusiasmo, querer vivir con intensidad. Siempre habrá motivos para entusiasmarse, nunca ha pasado el tiempo del entusiasmo; aunque la vida que se lleve parezca monótona, sencilla, sin alardes.


Por decir algo

25 de noviembre de 2017 0 comentarios

De algunos de los personajes antiguos, de los que se desconoce el dato de su nacimiento y muerte, se indicaba que había “florecido” en tal fecha. Era la fecha en la que realizó lo que ha pasado a la posteridad. ¿De qué siglo somos los que hemos pasado la mayor parte de nuestra vida en el otro, pues para vivir los años vividos en siglo XX en el XXI necesitábamos llegar a los cien? No estamos jubilados de la actividad propia, aunque recibamos una limitada pensión, seguimos pensando, hablando, a veces escribiendo...Pero, como se preguntaba tanto en el siglo pasado ¿desde dónde?: ¿desde lo que hemos vivido en el siglo anterior? o ¿hemos admitido la posibilidad de seguir dejándonos iluminar, o oscurecer, por lo que se vive en éste? ¿En qué siglo hemos “florecido”? Hemos vivido experiencias propias o ajenas que han perdido fuerza en los años de este siglo. Hemos tomado conciencia de movimientos de pensamiento que han adquirido más vigor, si no en su expresión teórica, sí en su realización práctica, como, por ejemplo, el pensamiento posmoderno, la centralidad de la imagen o del gesto en la comunicación, la interpretación funcional del pensamiento, incluido el filosófico y el teológico: las ideas pierden fuerza ante la realidad, se nos recordaba desde altas instancias eclesiales. Podemos presumir de vivir “a caballo” entre los dos siglos. Si quisiéramos precisar, puede que sea una pura curiosidad, una respuesta a la pregunta sobre el siglo de nuestro “florecimiento”, ¿tendríamos respuesta? Esto es un juego retórico lo sé. Pero a veces nos tienta situarnos estableciendo distancias. Ya sé: alguien estará diciendo: si te preocupas en qué siglo has “florecido”, puede que te estés situando ya en el XXI, que hereda del XX el culto a la imagen, a la flor. Pero ¿en cuál has “fructificado”? El título de este post lo dice: dicho sea por decir algo, cuando no se me ocurre algo mejor que escribir, y quiero vencer la pereza de dejar mucho tiempo en blanco este rinconcillo de nuestra “página” que me han asignado.



Otro modo de vivir, que no de ser

17 de noviembre de 2017 0 comentarios

Otro modo de vivir, que no de ser Una año más he pasado unos veinte días en La Habana impartiendo unas clases sobre El hecho religioso a alumnos y alumnas laicos, algunos no católicos ni creyente en religión alguna, también a tres religiosas. La primera pregunta que tenían que responder en la prueba final versaba sobre cómo veían en Cuba el hecho religioso. La mayoría hablaba de un despertar, amparado por una mayor libertad de creencias: ser católico ya no supone un mayor inconveniente para ser funcionario del Estado. Al menos en la medida que lo fue de años anteriores. Ven despertar lo religioso. En diversas expresiones: la administración del Estado ve con buenos ojos el fenómeno del santerismo, porque afirma la idiosincrasia cubana, nunca desapareció y sigue vigente; tolera confesiones evangélicas que están abriéndose paso con cierto éxito. La religión católica goza ahora de poder manifestarse externamente: procesiones, fiesta civil en Navidad y Viernes santo, en parte a consecuencia de la visita de los Papas. Las parroquias establecen organizaciones juveniles, aparecen algunas vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. Eso sí, están vetados colegios privados, entre ellos católicos, la educación en toda su amplitud es conducida por la Administración civil, aunque se permiten seminarios. Los estudiantes apuntan a cierto interés que surge por lo religioso, pues está en las raíces del pueblo, y, a pesar de los casi sesenta años de revolución de carácter confesional ateo, no se ha extinguido. Y de alguna manera emerge en el pueblo con una cierta fuerza. Es difícil cambiar el ser humano, en concreto eliminar sentimientos que son específicos de él, como es el religioso. El sentimiento que produce el misterio del ser. Seguimos haciéndonos preguntas que la cencía ni la filosofía materialista responde; que no aceptan respuestas por recetas materialista, empiristas… de corto alcance. Sigue presente el sentimiento ante lo tremendo y lo numinoso de lo que sentimos que nos desborda, en parte nos anonada, y en gran parte nos atrae. No se puede suprimir el misterio como realidad humana, que invita a ahondar en lo que somos, en lo que seremos, que hace misteriosa la muerte y por ello la vida y que suscita tanta pregunta vital. No se es persona humana sin plantearse esas preguntas aunque no tengamos las respuestas a nuestro alcance. Ser persona humana es ser y vivir en el misterio.


Paciencia activa

21 de octubre de 2017 0 comentarios

No son tiempos de paciencia, es decir de saber esperar en acción, de mantener el esfuerzo en la esperanza de conseguir los objetivos deseados. Que no son fáciles, que exigen reflexión, cargarse de razones, y analizar bien los hechos y las consecuencias de lo que al final se decida. Todo ello necesita tiempo. Necesita ritmo de vida que permita informarse bien, reflexionar sobre los principios y los hechos. La paciencia choca con el ansia de la noticia, más aún de la primicia, que gusta tanto a los medios de comunicación social. Choca con la actitud de personas irreflexivas, que lo tienen todo claro; sobre todo cuando los resultados de lo que se haga no les afecta, al menos de modo inmediato. El tiempo cura, pero no siempre; pero cura si es tiempo no sólo de decisión sino de reflexión previa. Que los acontecimientos marquen el ritmo no siempre es bueno. Si los acontecimientos “se precipitan” no tiene por qué precipitarse la reflexión. Quemar etapas en circunstancias no claras no ha de ser la mejor solución. La emoción que producen los acontecimientos, tan humana y necesaria, necesita ser procesada a la luz de lo que no es sólo emotivo, sino racional. En fin, cuando uno se carga de razones antes de actuar puede mantener la firmeza en la decisión, a pesar de las dificultades que surjan.


Realidad e idea

18 de octubre de 2017 0 comentarios

“La realidad es más importante que la idea”, es afirmación del Papa Francisco, que ha sido recogida en diversos escritos de personas de relieve. La expresión se refiere a las ideas que regulen la conducta humana. A la idea no se le puede dejar libertad total sin contraste con la realidad. Ante todo con la realidad del propio sujeto que mantiene esa idea. Tiene que saberse por qué surge la idea, la capacidad del sujeto para discernirla y de llegar a ella previa la información indispensable. Y también es necesario el contraste con la realidad a la que se aplica. Realidad de la persona humana, con sus limitaciones, su carácter histórico; así como del amplio ámbito social que las personas constituyen. La realidad ha de ayudar a discernir las ideas, a ajustarlas a lo que ellas pretenden en el contexto de su aplicación. De modo que no sea dogmas que sirven igual para ángeles que para hombres, para un ámbito social u otro, sea cual sea el momento histórico y las fuerzas que predominan en el vivir humano concreto. Pero no se puede obviar que esa afirmación fuera del contexto en la que se expresa y de la aplicación correspondiente puede generar situaciones de conflicto. Puede animar a pasar del hecho al derecho, a la justificación de hechos antes que a su discernimiento a la luz de los principios aceptados; a pasar a la política de hechos consumados, como algo dado e inamovible. También a que sea preferible pedir perdón que permiso cuando alguien actúa al margen de la ley; una petición de perdón sin arrepentimiento ni propósito de la enmienda. Puede llevar a una ética pragmática sin fundamentos racionales y/o revelados, instadas por pulsiones viscerales, no contrastadas racionalmente. Lo importante es la persona humana, no un código de conducta, como la moral cristiana se cifra en el seguimiento de Cristo más que en ajustarse a unas frías normas. Códigos, normas han de estar en función de la persona; pero la persona ha de ir haciéndose como tal desde unas convicciones, unas ideas que no tienen por qué ser juguete de la realidad concreta, a la que se llega a veces por actitudes no racionales, cargadas de visceralidad, o pulsiones de corto alcance, de carácter egoísta, sea individual o colectivo.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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