Blog

Desde lo hondo

VUCA, en español VICA

17 de marzo de 2017 1 comentarios

Versátil, Incierto, Complejo y Ambiguo; así dicen que es nuestro mundo, nuestra sociedad. Al decir “nuestra sociedad” se quiere decir, “nuestra economía”, “nuestra política”, “nuestra cultura” y “nuestra religión”, yendo de menos a más en relevancia. ¿Dónde queda la verdad en ese mundo VICA? Se responde: “en la eficacia”: “posverdad”. ¿En qué consiste la eficacia? Respuesta: en invertir el orden de importancia: la religión en función de la cultura, la cultura en función de la política, la función de la economía. O de otra manera, el bienestar en función del “bienser”. De ordinario no se es tan explícito en los pronunciamientos, pero sí en los procedimientos. Que responden a los intereses individuales y, por tanto colectivos de la sociedad conformada por quienes tienen esos intereses individuales. Y terminan dominando los sentimientos: amores interesados, eficaces, VICAs: versátiles, inciertos, complejos, ambiguos. De los adjetivos que compone el acrónimo, “complejo” es el que creo que hemos de considerar como eje. Y a partir de él valorar lo de versátil, incierto y ambiguo. Ser “complejo” pertenece al ámbito de lo humano. Lo contrario es simplificar ese ámbito y, por tanto, reducirlo. Lo “uno” pertenece a lo formal, como las matemáticas, en la realidad solo Dios es uno. Uno como único y como simple. El ser humano es único, no hay otro como él, pero no uno, si bien sí, por usar términos clásicos, indiviso. Una sociedad formada por miembros “únicos”, tiene que ser compleja. Sin embargo esa sociedad, como el propio ser humano, como lo complejo, ha de evolucionar hacia lo uno, a conformar diversidades, sin uniformar. Para ello están las verdades, los principios que han de guiar la constitución, la construcción, del ser humano y de la misma sociedad. Vivir como seres humanos ha de ser aceptar la complejidad y caminar hacia la unidad. Sin atajos, sin quemar etapas, y sabiendo que no se llegará a la unidad plena. En ese proceso aparecerá la versatilidad, la incertidumbre, la ambigüedad, hay que contar con ello. No se puede terminar el proceso de modo simple antes de tiempo, con un dogma o una decisión “terminante” –en el sentido literal de fin del proceso-. Decisiones habrá que tomar, pero conscientes que no responde a la única verdad ni a la última palabra; sólo a la necesidad de avanzar en el proceso hacia lo verdadero, conscientes de que no se clausura ni la información ni la decisión. Un mundo VICA puede expresar la realidad; pero no hay por qué resignarse sin esfuerzo a ella, es punto de partida del esfuerzo humano, individual y social, para que cada vez sea menos VICA. Eso es vivir humanamente, caminar hacia ser mejor y construir una sociedad mejor.


Inteligencia emocional, emoción inteligente

14 de marzo de 2017 0 comentarios

La primera parte del título “inteligencia emocional” es la que ha prosperada, sobre todo después de la publicación del libro que lleva ese título de Daniel Goleman. Ha sido un recurso reiterado y fácil de los que insisten en el aspecto afectivo de la condición humana, no sé si después de leer el libro o deslumbrados sin más por el título. Desde una perspectiva antropológica tiene pleno sentido insistir en los afectos. Son lo constitutivos más reales del ser humano. Y exigen una educación nada fácil, precisamente en la medida que se pueden distanciar de lo razonable, de la inteligencia. Es imprescindible acudir a los procesos racionales, para orientar bien los afectos. Dentro de las teorías sobre el ser humano, es la cultura cristiana la que con más fuerza ha apoyado los afectos en la centralidad que da al amor. El amor, nos hace estar vivos, nos dice Juan, sin amor, muertos. Como el Dios vivo del cristiano es un Dios amor. La inteligencia tiene que descubrirlo cuando se preocupa de la verdad de lo que somos, (que es la preocupación esencial de nuestra razón). Ha de introducirse en el análisis de los afectos, no echarse a un lado. Es necesario reflexionar sobre cómo desarrollar esos afectos, a quién dirigirlos, discernir entre afectos y afectos, y valorarlos, así cómo analizar el proceso para llevarlos a cabo y mantenerlos. Los afectos, por ejemplo, exigen libertad y para ser libres necesitamos la verdad: “la verdad os hará libres”. La verdad discierne lo que nos esclaviza; analiza y discierne las pulsiones que fortalecen nuestros afectos o los desvían de la realización auténtica de nuestra condición humana. Hablo de afectos como manifestación de sentimientos. Los sentimientos dan sentido a la emoción. Ésta puede ser momentánea, como viene se va; sucede con las que producen las imágenes. Las emociones han de ser meditadas, valoradas para ser un sentimiento que se afinca en nuestro ser. Para eso está la inteligencia. De lo contrario la emoción sólo produce sentimentalismo, o sea sentimientos de baja intensidad y corto recorrido. La emoción ha de ser, pues, inteligente, traspasada por el esfuerzo de la razón que busca verdad y libertad. En resumen: inteligencia emocional y emoción inteligente.


Cuaresma y Pascua

7 de marzo de 2017 0 comentarios

“Cuaresma” hace referencia sólo al número de días que hay que vivir para llegar al objetivo, celebrar la Pascua, cuarenta. Como “Pentecostés” señala los cincuenta días vividos de Pascua Resurrección previos a la Pascua del Espíritu Santo. Términos ambos, pues, que se refieren al transcurso del tiempo. De ellos se deduce el relieve de la fiesta que exige ese tiempo de preparación. El tiempo de Cuaresma es tiempo pues de camino. El camino tiene sentido cuando se conoce a dónde lleva: es el fin del camino quien da relieve a éste. El sacerdote parece que acaba de descubrir esto e insiste con fuerza en que el espíritu propio de la Pascua no tiene sentido penitencial, sino de alegre anticipo de la Pascua y censura que se hable de penitencia en esos días de Cuaresma. Su formación no fue así: el aspecto ascético de la vida en general y de este tiempo cuaresmal en concreto pertenecía al carisma de su Instituto religioso, de ahí el relieve de los “ejercicios espirituales”, del esfuerzo permanente por dominar lo que dificultara el progreso hacia el fin, así como el establecido examen asiduo de conciencia varias veces al día, cuya ausencia nunca se podría justificar, como si cabría poder justificar no hacer la oración señalada. La espiritualidad cristiana es esencialmente teologal, es decir, hay que entenderla como camino hacia Dios, de lo contrario no tendría sentido, sería una espiritualidad a ciegas. Pero es también moral, es decir, valora cómo hay que realizar el camino, de lo contrario es una espiritualidad vacía, ilusa. El camino hay que discernirlo, e ir superando los obstáculos, ir desprendiéndose de lo que impide caminar, y no realizar rodeos innecesarios que pueden poner en peligro la conciencia de a dónde se quiere llegar. La espiritualidad es labor de cada día. Labor de depuración de obstáculos, de tensión, conversión continua. Celebrar la alegría de la Pascua a lo largo de la Cuaresma implica comprometerse día a día a llegar a ella y esto exige esfuerzo, ejercicio –“ejercicios espirituales”, contrarrestar tantas y tan fuertes pulsiones que nos pretenden llevar a fines distintos del de la Pascua. Sin un fin distinto la Cuaresma perdería sentido; sin la Cuaresma no se llegaría a la Pascua. Quedarse en los medios olvidando el fin es caminar ciegos, querer el fin sin poner los medios es ilusión infantil.


Más sobre verdad y utilidad

1 de marzo de 2017 0 comentarios

La afirmación de que los principios son inútiles, aplicada a la política, o sea, cuando lo que importa es conseguir o mantener el poder, puede que se extienda más allá de la política: por supuesto a la economía, pero también incluso a la ética, con las formas atenuantes que exige esta disciplina, por ejemplo cuando se propone una “ética de responsabilidad”, que se aplica en espacial al ámbito de lo social. Responsabilidad, dicho de manera un tanto simple, se llama a tomar conciencia de circunstancias concretas que impiden aplicar los principios en orden a evitar males ¿mayores? que el dejar los principios en teoría. En la exhortación Amoris Laetitia el Papa Francisco, cuando se refiere a situaciones que están enfrentadas a los principios que rigen para la Iglesia el matrimonio, como el “matrimonio” nuevo del divorciado, apunta que no podemos tirarnos a la cara las verdades como pedradas. En ese caso la verdad –principio- es la indisolubilidad del matrimonio. El Papa acude a la necesidad de que el interesado actúe en conciencia, por ejemplo para acercarse a la eucaristía. Acudir a la conciencia es el recurso más noble y a la vez lo más falible. La afirmación es clásica: “nunca se puede obrar contra la conciencia”. Esto exige la responsabilidad ineludible de que nuestra conciencia sea recta. Sólo es recta cuando se ha dado tiempo a formarla bien; es decir: cuando se ha dado tiempo y esfuerzo a buscar la verdad. (He ahí la importancia de la “preverdad” de la que hablamos en otros posts, frente a la “posverdad” que es prescindir sin más de principios en aras de lo útil). Y aun así la conciencia puede ser recta, porque honradamente se ha buscado formarla, y no ser verdadera, porque no se conocieron todas las variables necesarias para llegar a la verdad. Por otra parte la conciencia ha sido sometida a prueba. Desde la clara afirmación marxista, “no es la conciencia lo que constituye el ser, sino el ser –entiéndase el lugar que ocupa la persona en el proceso de producción- lo que forma la conciencia”, hasta el vulgar dicho: “cada uno habla de la feria como le ha ido en ella”. La conciencia está sometida a los intereses, a los deseos, a las pulsiones interiores y exteriores que pesan sobre el necesario imparcial discernir sobre qué es lo recto. Trento reaccionó contra la tesis de la Reforma del libre albedrío como ley moral. Y el problema no está en negar la libertad individual, sino en saber cuándo existe esa libertad y no el sometimiento esclavo a pulsiones e intereses individuales con más fuerza que la verdad: sólo “la verdad os hará libres”. En resumen, vivir es vivir en tensión. Y lo es sobre todo el vivir moral, o sea, el vivir propio de la condición humana, el que nos hacer ser lo que somos. Tomar conciencia de esa tensión evita dogmatizar en exceso y ser esclavos de los principios, que están para liberarnos, o de la utilidad entendida como lo social o políticamente correcto o lo que sirva para dar satisfacción a pulsiones o intereses no confesables. Hemos de vernos como humildes buscadores de la verdad, que pueden acertar o equivocarse; pero que, a pesar de todo, tienen que actuar.


La verdad y la utilidad

16 de febrero de 2017 1 comentarios

Mantener los principios no es útil en política viene a decir el dirigente de un partido político. La utilidad como único referente del valor. La utilidad es la única verdad en el mundo de la posverdad, es una posverdad. La verdad ha de someterse a la pregunta ¿para qué sirve? Si la respuesta es “no sirve, es inútil”, se abandona y se busca la posverdad, la que es útil. Frente a esto y causa de ello existe el dogmatismo: la precipitación para declarar verdad, sin previo proceso de acceso a ella, y convertir esa verdad en certeza inamovible, como si la verdad excluyera toda duda. Dogmatismo es también huir de que la verdad con dimensiones prácticas, no la puramente matemática, sin dejar de ser verdad, sino que lo es con más propiedad, ha de contar con situaciones históricas concretas para su aplicación. La verdad se busca y busca antes de ser apropiada; y cuando se cree encontrarla, tras un serio proceso, se la maneja con humildad: siempre cabe el error en el proceso. Por otra parte el proceso para llegar a ella no está al alcance de todos, por eso no se puede imponer. Pero no puede estar sometida a la utilidad. La verdad como el amor no tienen carácter instrumental, valen en si mismos.


Hipocresía

9 de febrero de 2017 0 comentarios

La liturgia de la Palabra de estos días recoge textos del evangelio de en los que Jesús manifiesta su afán de precisar bien su mensaje en relación con la visión de las autoridades religiosas judías, fariseos, sacerdotes, escribas. En concreto intenta poner en su sitio las formas externas de culto, las tradiciones que sitúan en lugar preferente diversos ritos sobre todo de purificación; así como el lugar que ocupa los religioso, significado en el entorno del templo, en la vida: lavarse las manos, alimentos puros e impuros, el descanso sabático que impide “hacer el bien” ese día, el valor de una ofrenda al templo por encima de las exigencias de atender a los padres, en fin diversas manifestaciones externas de lo religioso. Jesús reprocha con dureza al menos dos inversiones de valoración: una, dar más valor a tradiciones rituales que, a las exigencias del Decálogo; otra quedarse en las manifestaciones externas y despreocuparse del interior humano, de sus intereses, afectos, intenciones: lo que sale de dentro es lo que dicta el valor de la acción. Un calificativo duro reserva para esas actitudes: hipocresía. ¿Cómo habrá que valorar desde la perspectiva de las palabras de Jesús el mundo de la imagen, la necesidad de cuidar la apariencia, la fascinación de lo que entra por los ojos o de las bellas palabras, que camuflan vacíos de sentido y de contenido, y la misma realidad de lo que existe, y ahorran además el esfuerzo de la reflexión honda y sincera para conocer y conocerse? Y es que a veces calificamos como propias de nuestros tiempos características humanas presente a lo largo de la historia; pues pertenecen a la tensión propia de la condición humana entre interioridad y superficialidad, entre lo que se es y lo que se quiere aparecer. El mayor engaño sería no reconocer esa tensión y dejarse llevar por lo más fácil, lo socialmente reconocible, lo inmediato… Engaño que tiene su origen en la pereza mental, en no darse tiempo para la reflexión sincera.


Atajos

4 de febrero de 2017 0 comentarios

Época de atajos. Atajos en el pensamiento. “El tiempo es oro”, se dice, para no dejar que lo ocupe algo tan prescindible como el pensar. Hay que afirmar y decidir pronto. Y con certeza, no sólo categóricamente, sino apodícticamente, sin dejar el más mínimo resquicio a la duda que nos lleve a volver a pensar y “perder” el tiempo así. Se dice que no hay atajo sin trabajo. Eso sucede cuando queremos alcanzar una cima; pero para algunos lo trabajoso es prescindir de los atajos mentales e insistir en la búsqueda paciente de lo verdadero con sus distintos matices. ¿Y en el amor? Poco atajo, de frente y sin darse tiempo a discernir razones ni consecuencias. Ni siquiera si existe el amor. Preguntas inútiles, como ¿qué es eso de amar?, no: basta sentir algo que así se puede llamar, una cierta atracción, corporal sobre todo, una simpatía y ya. Atajo en el amor porque se vive en el atajo del pensar. No todo funciona así, ni siempre. Los hay que saben concederse tiempo, disfrutar del paisaje mientras se camina antes de alcanzar la cima, saborear el pensar, el discernir el volver sobre informaciones que se reciben, sentimientos que conmueven, recrearse en ese proceso tan humano de búsqueda, de lenta implicación en compromisos afectivos, en el proceso de conocerse y conocer a otros, de ir descubriendo personas y naturaleza, las maravilla de ser y de ser con otros seres. Los montañeros aún adolescente, ojalá hubiera muchos, y no sólo los adolescentes, aquellos que sólo conocen el valor de coronar la cima, lo que quieren es llegar, se sacrifican pensando en llegar; pero no se dan tiempo a disfrutar del ámbito que les rodea mientras lentamente ascienden: paisaje, olores, cantos de pájaros o susurro del viento, caricia del sol, dinamismo interior que aflora… El placer no se puede reducir a llegar, sino también al caminar previo, en medio del esfuerzo. No se hace el camino para llegar a Santiago, sino también para “hacer el camino”.


La “preverdad”

31 de enero de 2017 1 comentarios

Este término no se emplea como sí el de la “posverdad”. Y ello es significativo. En el post anterior decía que la verdad tenía condición de ser algo final, el fin de todo proceso cognoscitivo. (Afinando sí podíamos decir que tras la verdad en el ámbito del conocer quedaría la contemplación). Precisamente porque tiene condición de fin exige un proceso previo a conseguirlo, que podíamos llamar la “preverdad”. Aristóteles resumía el proceso cognoscitivo en tres tiempos: la aprensión de la realidad que nos ofrecen los sentidos, el discernimiento racional sobre la relación entre las diversas informaciones y finalmente el juico, que establecía cómo eran esas relaciones. Y es en este momento cuando podemos hablar de verdad. Es un esquema elemental, expuesto a muchas precisiones, pero refleja con cierta precisión el proceso de conocer. La “preverdad”, pues, abarca la información previa que hemos de recabar y el razonamiento necesario para poder emitir un juicio. En nuestro mundo apresurado suele fallar la serena información y el razonamiento serio, objetivo, imparcial. Toda información ha de ser contrastada para que responda a la realidad, no se puede clausurar pronto y con prisas el proceso informativo, siempre puede quedar al margen información que necesitaríamos para poder afirmar o negar, juzgar. De la misma manera siempre se ha de dar tiempo al razonamiento, no es aconsejable llegar pronto a conclusiones, a juicios; se exige serenidad, imparcialidad, sinceridad para razonar bien, además de tiempo. Cuando no se realiza bien el proceso la verdad que afirmamos al juzgar carece de la “preverdad” necesaria para afirmarla. Lo que se entiende por posverdad es la negación de la preverdad, por inútil o porque consume demasiado tiempo y esfuerzo; que es en gran parte oscuro, sin apariencias y por ello se vende peor que la posverdad. Es la negación, y a la vez la consecuencia, despreocupación por la verdad por prescindir de una seria “preverdad”.


"Posverdad"

27 de enero de 2017 1 comentarios

El prestigioso Diccionario de Oxford señala como la palabra del año la de “posverdad”. Después de la verdad ¿qué puede existir? Lo lógico hasta ahora era pensar que lo último era la verdad, nada existe después de lo que tiene carácter de fin en los procesos cognoscitivos. Tras conocerla se podría tratar en cómo aplicarla, qué consecuencias se podrían sacar de la verdad, pero nunca ir más allá cognoscitivamente de la verdad. Pues no, ahora lo más contemporáneo –“in”- es la “posverdad”. Y, claro, hay que estar al día. O desde una perspectiva teológica hay que aceptarlo como “signo de los tiempos”. Y ya sabemos que para no pocos los signos de los tiempos no es un lugar teológico, sino que es el lugar teológico. (Se prescinden de que el Vaticano II cuando hace referencia a los signos de los tiempos, añade que han de ser interpretados a la luz del Evangelio). Lo de “posverdad” me suena lo mismo que pensamiento débil, fragmentado, o quedarse en el relato de los postmodernos. Suena como similar a los que pensadores clásicos de la modernidad llaman “ideología”, es decir: verdad que no depende de lo objetivo y real, sino de los intereses de personas o grupos sociales. A su vez viene a ser una canonización de la apariencia: por encima de lo real, está lo aparece. Es lo que se vende, no por su bondad –el paño bueno no se vende en el arca-, sino por efectos de la propaganda o publicidad. En el ámbito de lo político atribuyen el éxito del Trump o del Brexit a la generalización y triunfo de la “posverdad” sobre la verdad de los hechos y de los principios. En cualquier caso el término “posverdad” –que en mi ordenador todavía aparece subrayado con la línea roja oscilante- es expresión de un concepto que viene a sepultar en la vida social la búsqueda de lo verdadero, el lento y minucioso proceso de caminar hacia la verdad, para quedarse con el fruto de intereses manifiestos –esto es lo real de verdad- o las apariencias, de frutos políticos o económicos inmediatos, que es lo que “verdaderamente” interesa. De nuevo a la pregunta de Pilatos “¿qué es la verdad? habrá que responder con el silencio de Jesús, no se entendería que fuera algo distinto de lo que “interesa” política o económicamente de se califica como lo “correcto”. El cambio de concepto del término “correcto” es propio de la “posverdad”.


"Mundanizarse"

25 de enero de 2017 0 comentarios

La dialéctica entre estar en el mundo sin ser del mundo se encuentra ya en las enseñanzas de despedida de Jesús a sus discípulos según el Evangelio de Juan. El mundo ha tenido mala prensa, es uno de los enemigos del alma, nos decía el catecismo. Sin embargo el mundo, lo dice Juan, ha sido tan amado por Dios que le entregó su hijo. La Iglesia está al servicio del mundo sin ser del mundo. Más allá de esa dialéctica, mundanizarse es ajustarse a las exigencias del mundo, prohibido por Jesús a sus discípulos. Hoy sería aburguesarse, buscar lo que busca el mundo: el bienestar, el bien parecer, la comodidad, la seguridad económica, el deseo de la estima y consideración de la sociedad…y, un cuidado del cuerpo y del vestido, mundano. Existe una mundanización interior más preocupante, con una doble manifestación: La primera es acomodar nuestro pensar y nuestro hablar a lo posmoderno, o sea, a cerrar pronto los procesos de información y más los de la formación; a no ir más allá de la imagen y del impacto efímero y momentáneo que produce,, y no darse tiempo ni esfuerzo para que se consolide con la reflexión y la matización; o bien rebajar la verdad a la noticia; o la levedad y apresuramiento de los juicios, sobre todo negativos de los otros –“la gente”- ; o ¿pensar?, juzgar desde etiquetas, que evitan el análisis detenido y pausado. En una palabra frivolizar el pensar, el juicio y el discurso oral. La segunda es la necesidad de vivir como triunfadores aplaudidos, frente al caminar en verdad, que diría la santa de Ávila, que es la humildad. Verdad y humildad implica vivir a contracorriente, ser antisistema, no ser del mundo. Y no olvidemos otras dimensiones de la mundanidad que el Papa expone en Evangelii Gaudium como tentación permanente. Una mundanidad espiritual que alude a una vida espiritual centrada en manifestaciones cultuales que se quedan en lo más aparente y a veces legal con olvido del evangelio, que utiliza lo religioso para sentirse mejor que los demás. Es religiosidad que el papa califica de “gnóstica”, de iniciado, de élite. Refiriéndose al ámbito de la misión, mundanidad propia del agente de pastoral es sentirse satisfecho por lo bien que lo hace, como si la labor pastoral se debiera sólo a él –“pelagianismo”, lo califica el Papa-. O bien la “mundanidad” del “habriaqueísmo”, es decir, la actitud del que formula grandes proyectos, suele quedarse en formularlos, y no acomete la labor sencilla y silenciosa de cada día.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

Ver más

Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

Ver más

Normas del blog

Suscribirse a este blog Suscribirse a este blog
Suscribirse a los comentarios Suscribirse a los comentarios

Otros blogs
Cátedra de Prima Cátedra de Prima
de Editorial San Esteban/Facultad de Teología San Esteban


Últimos artículos
17 de marzo
VUCA, en español VICA
14 de marzo
Inteligencia emocional, emoción inteligente
7 de marzo
Cuaresma y Pascua
1 de marzo
Más sobre verdad y utilidad
16 de febrero
La verdad y la utilidad
9 de febrero
Hipocresía
4 de febrero
Atajos
31 de enero
La “preverdad”
27 de enero
"Posverdad"
25 de enero
"Mundanizarse"


Histórico
2017
2016
2015
2014
2013
2012
2011


Boletín

Apúntese y recibirá en su correo las últimas novedades de la Editorial:

Enviar
 

Revistas
Revista Archivo Dominicano
Revista Ciencia Tomista
Revista Estudios Filosóficos
Revista Vida Sobrenatural
 
Logotipo san esteban editorial
Teléfonos: (34) 923 264 781 / 923 215 000
Fax: (34) 923 265 480
E-mail:
Dirección: Plaza Concilio de Trento s/n, 37001 Salamanca, España
Dirección postal: Apartado 17, 37080 Salamanca, España