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Desde lo hondo

La decencia

30 de enero de 2014 1 comentarios


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La palabra viene de decet, verbo latino que se traduce por “es conveniente”. Pero la expresión española se ha desviado hacia otros significados. De una cuestión más bien formal  aquello que está bien, acomodado, presentable, avanza hacia valoraciones  éticas: “lo honesto, lo que corresponde a la dignidad de actos y palabras conforme al estado o calidad de las personas”. Y el adjetivo, “decente”, para el diccionario  de la RAE tiene como primera acepción, “honesto, justo, debido”. Lo contrario sería indecente, etimológicamente lo inconveniente, lo que non decet; para el el diccionario de la RAE, lo no decente, lo  indecoroso. ¿Lo honesto, lo digno, lo que corresponde al estado de las personas instituciones, es realmente entre nosotros, lo más conveniente? ¿Decet lo decente? ¿Conviene que la Iglesia sea coherente con su sentido de la persona humana y de la ética, - lo honesto, lo decente- aunque sea no sintiéndose apoyada por algunos que se consideran pertenecientes a ella, y, en general, perdiendo apoyo social? ¿Conviene que la coherencia, la verdad, en una palabra sea expuesta sencillamente, sin estilos impositivos, si eso hace perder acogida social a la Iglesia? ¿La Iglesia en sus manifestaciones públicas tiene que ajustarse al mantra de que una cosa son los principios –lo honesto, lo coherente con su ser-, y otra la responsabilidad,- lo que conviene decir y hacer- como gusta a los políticos, que legislan –dicen- tapándose las narices, porque tiene que atender a la “demanda social”, contraria sus principios? ¿Es decente actuar así: o sea, es “lo honesto, lo justo, lo debido” a su condición? ¿Decet, conviene lo decente?

 



El Papa Francisco y las “demandas sociales”

18 de enero de 2014 1 comentarios

¿La Iglesia es auténtica, ofrece esperanzas, tiene porvenir en nuestro mundo por atenerse y ajustarse los tiempos que corren o por ser fiel a sí misma, es decir, al Evangelio? En una tercera de ABC Antonio Garrigues Walker, ve en Francisco al Papa que va a acomodar la Iglesia a las “demandas sociales”. Pero a la vez afirma el prestigioso jurista que el Papa actúa desde “una profunda transformación moral reclamando sin tapujos, la verdadera exigencia ética y virtuosa que impone a sus creyentes la religión católica”; o sea: desde la fidelidad de la Iglesia a su esencia original. Las demandas sociales no puede ser criterio único ni fundamental del actuar de la iglesia. En primer lugar porque éstas demandas son diversas, según las personas en el mismo tiempo, y también según los tiempos. Que la Iglesia ha de tener en cuenta los llamados “signos de los tiempos” es manifiesto desde el Vaticano II. Pero, se trata de “signos” que, como todo signo, hacen alusión a otras realidades o verdades precisas; en la fe cristiana a fe en la vida y predicación de Jesús de Nazaret. Un ejemplo: la preocupación por la realidad de la miseria de tantos seres humanos en nuestro mundo, no es algo sobre lo que tiene que improvisar la enseñanza de la Iglesia. De siempre la Iglesia, con toda las debilidades propias de su componente humano, pecador, se ha volcado con el necesitado. La preocupación por la pobreza evangélica y la lucha contra la miseria inhumana ha pertenecido desde sus orígenes a la fidelidad de la Iglesia al Evangelio. ¿Olvidada en no pocas circunstancias? Sin duda. Pero para insistir en ella la Iglesia no necesita otra acomodación que a lo que la define, el Evangelio, a la Palabra que ella misma ha considerado que es de Dios. Desde esas referencias es como la Iglesia ha de actuar. Los tiempos son signos de que ha de ser fiel al Evangelio, no a los tiempos, ni a la ambigua “demanda social”. Apoyarse en la idea fundacional de la Iglesia para la su acción en el mundo ofrece base más firme que hacerlo en las demandas de la sociedad. Sobre todo cuando esta sociedad que manifiesta sus “demandas”, ha sido descrita como sociedad líquida, construida por la circunstancia más que por la categoría, cuidadosa más de mensajes de imágenes, que de la reflexión de las ideas sobre los valores, en cuya crisis está el origen de la crisis que padecemos, como asegura el autor al que nos hemos referido. En esa referencia continua al Evangelio radica la “novedad” de las palabras, gestos y decisiones del Papa Francisco.


La Filosofía

10 de enero de 2014 0 comentarios

Una vez más un plan educativo de ámbito nacional reduce la presencia académica de la Filosofía. No creo que tenga más contestación que la que proceda de alguna elite intelectual o de alguien que vea en peligro su trabajo como profesor. Leo: “La postmodernidad ha destruido el mito de que las humanidades humanizan. No es cierto lo que creyeron tantos educadores y filósofos optimistas, que una educación liberal, al alcance de todos garantizaría un futuro de progreso, de paz, de libertad, de igualdad de oportunidades, en las democracias modernas…” Lo escribe Vargas Llosa al exponer la tesis del Kulturpessimismus de Steiner, en su libro “La civilización del espectáculo”. Antes de plantear el valor humanizador de las humanidades, será necesario entender qué se entiende por humanizar. O sea, en qué ser humano pensamos, qué líneas han de predominar en él: ¿Es el hombre que pretende interpretar su realidad la que le envuelve y la que le trasciende y situarse – éticamente- en ella? ¿ Es el homo faber, el que sabe servirse la naturaleza para su propio interés? ¿Es el que centra su vivir en la satisfacción inmediata de sus pulsiones sin más horizonte que el carpe diem? La diferencia entre esos modelos de ser humano se funda en buscar o eludir la interpretación de lo que uno es, o mejor ha de ir siendo. No detenerse a interpretar el propio ser y hacer, es dejarse arrastrar por las fuerzas dominantes de lo mediático, la moda, la inmediatez, lo provisional, lo circunstancial… Es vivir sin hondura y sin horizonte. Es cierto, para eso no se necesita la filosofía.


El regalo

6 de enero de 2014 0 comentarios

Escribo el día de los Reyes Magos. Es el día del regalo. Realizado por seres misteriosos. Luego han aparecido días de regalo a instancias de las exigencias del mercado, adjuntándolo al día de la madre, el padre, san Valentín, de los abuelos… Gusta recibir regalos. También pueden decepcionar cuando se esperaba y el regalo no satisface esa esperanza. Pero gusta también regalar. Se percibe la satisfacción de quien regala cuando lo hace al margen de protocolos, intereses de correspondencia: lo hace por afecto, por ofrecer lo que agrada, lo que ayuda a hacer feliz…. Así, quien regala se regala también un buen momento, instantes de sintonía feliz, un intercambio de miradas amigas. El regalo no es la limosna. Quizás no llega a su altura. No surge de la diferencia entre quien tiene y no tiene, y trata de ayudar al que padece escasez. Es un signo de compartir felicidad. No tanto por el regalo en sí, como la “química” que establece entre quienes se regalan: el intercambio de objetos cede ante el intercambio de afectos: se regalaría mucho más de lo que se regala si bastara el cariño para poder regalar. No pocas veces negarse a recibir el regalo es bloquear el gozo de regalar. Nuestra vida es un regalo: surge de un regalo y debe ser un regalo para los demás. Una “vida regalada” no es la vida del sibarita que se cierra en su gozo solitario, es una vida que es vista como regalo y que como regalo se ofrece. Es una vida que siente y goza de los regalos de la convivencia, de la luz, y el aire…; la del que se siente agraciado. El regalo dice relación directa con la gracia. Con lo gratuito. Finalizamos el tiempo en el que celebramos el regalo de Dios, Jesús de Nazaret. Dios nos regaló porque amaba al mundo, nos amaba; es una sintonía de afectos, de amor. Dios practica el gozo del regalo. ¡Hagamos de nuestra vida un regalo!


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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