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Desde lo hondo

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

24 de septiembre de 2014 0 comentarios

Pierangelo Sequeri en su libro “Contra los ídolos posmodernos” apunta con discurso cargado de fuerza, dialéctico, - el título lo indica- , a veces con expresiones no fáciles de entender, reflexiones muy a tener en cuenta. El primer ídolo contra el que se rebela es el de la juventud, la autonomía con la que se ha blindado, no ser camino a nada, ser joven para serlo siempre.. En realidad no es juventud es adolescencia continuada. ¿El puer aeternus? se pregunta el autor. La adolescencia es el momento del narcisismo, es el tiempo del espejo, el momento de no salirse de sí. Lo demás solo se entiende desde sus intereses: una infancia continuada en un mundo más amplio que el del niño con otras pulsiones, otras compañías. La adolescencia sin embargo está llamada dejar de ser. La crisis se produce cuando no se supera: Narciso impera. Esto se le perdona a quien está en la edad de la adolescencia. No a quien la ha superado y entra en la de la juventud. Ahí está el fallo: la juventud entendida como adolescencia, ejercida con más fuerza y entusiasmo. Se vive para ser joven siempre, para triunfar en sus intereses y no ver más allá de sí mismo. Para Sequeri esa situación se supera con el atractivo y la ambición de ser adultos. ¿Qué es ser adulto? Salirse de sí mismo. Entender la existencia del prójimo y tratarlo como a uno mismo. Entonces se empieza a ser persona humana. Lo humano empieza cuando los demás nos importan: son algo de nosotros. “El individuo que es capaz en convertirse en prójimo es un adulto digno de sentarse en la asamblea de los humanos; el que solo es capaz de amarse a sí mismo, todavía no”. Amarse a si mismo entendido como no manifestar afecto a nadie más que a sí mismo, es odiarse, negar su condición humana. La pregunta que hemos de formular es: ¿Qué tiene más fuerza en nuestra juventud: la adolescencia no superada, reafirmada más bien, o la adultez hacia la que se camina “negándose” a sí mismo, abandonando al espejo para asomarse a la ventana?


La Fábulas de las abejas

21 de septiembre de 2014 0 comentarios

Se cumplen en este año el trescientos aniversario de la publicación de esa conocida fábula expuesta por Bernard Mandeville. La tesis es conocida: es necesario que el vicio exista en los individuos para poder construir una sociedad de bienestar: si no existen ladrones no habría trabajo para los policías, si los excesos en la comida y bebida no existieran no habría trabajo para los médicos, si no hubiera violencia entre los individuos, no se necesitarían guardias, si no hubiera peleas por bienes o derechos quedarían sin trabajo abogados, magistrados, si todo fuera sobriedad no existiría la oportunidad de trabajo para quienes se dedican a fabricar lujo… La sociedad funciona bien gracias a los vicios de los ciudadanos. “Así pues, cada parte estaba llena de vicios, pero todo el conjunto era un Paraíso” Algo pasó que impulsó a los ciudadanos a ser honrados, sobrios, pacíficos… El efecto fue que desaparecieron los encargados de corregir o arreglar las situaciones que producen los vicios: dejaron de existir guardias del orden, jueces que solucionaran pleitos, abogados que defendieran –o provocaran –pleitos, para nada se necesitaban médicos, desapareció el trabajo de quienes producían objetos lujosos, ni reyes que gobernaran, ni sacerdotes que perdonen o rezaran para evitar el vicio; así como quienes guardaban las cárceles o los de cerrajeros que preparaban las cadenas, la generosidad evitó el trabajo, la laboriosidad del antes perezoso clero dejó sin razón de existir a los jornaleros que trabajan para él. Todos se fueron de la ciudad. Ni se necesitó organización social, ni autoridad ni Estado. Durante un tiempo la hipocresía ocultaba los vicios, con el tiempo los vicios se hicieron reales sin posibilidad de atajarlos: habían desaparecido los encargados de ello… La virtud individual generalizada hizo imposible una sociedad de orden y bienestar. Lo que dice Mendiville, otros en su tiempo y ámbito lo resumían diciendo que el egoísmo individual es el origen del bienestar social. En el fondo de ello, y es lo más serio, lo que se proclama como la realidad esencial, que tiene valor en sí misma es la organización social. El individuo es un elemento de esa sociedad, que ante ella pierde entidad propia. Frente a ello el Vaticano II nos recuerda en Gaudium et spes, que el ser humano “no es un elemento anónimo de la ciudad humana”. A quien hay que salvar es al ser humano, es lo absoluto de nuestro mundo; no se le puede sacrificar, en este caso éticamente para qué la sociedad ofrezca bienestar. Es la tesis de Cristo, que deja noventa nueve ovejas para salvar a una; frente a la de Caifás que cree que hay que acabar con la vida de un inocente para salvar al pueblo.


¿Qué hacer?

19 de septiembre de 2014 0 comentarios

Parece que siempre hay que hacer algo. Aunque se haya avisado de lo que se va a hacer en caso de que se haga lo que se anuncia. Quien dice hacer dice hablar, o gritar. Sobre el asunto Cataluña he leído y oído múltiples críticas a Rajoy porque no ha intervenido ya. Y me refiero sobre todo a los “suyos” y en general a los contrarios a la independencia. Ahora bien no he visto a nadie que le diga que acción concreta se ha de realizar, cuál es la precisa intervención que debe llevar a cabo. Pero hablo de Cataluña como ejemplo. Lo que quiero apuntar es el apremio por la acción en situaciones complejas; la presión por hacer algo: “algo hay que hacer”, se dice, con todo lo de ambigüedad que tiene la expresión, como si cualquier acción que se hiciera fuera mejor que no hacer. Y con frecuencia se trata de actuar aquí y ahora. Cuesta confesar que ante situaciones complejas no se sabe qué hacer. Nuestro mundo de la noticia y la prisa, necesitado de titulares, exige actuar más que pensar. Quiere acciones sobre las que pronunciarse, juzgar críticamente, decisiones a las que oponerse para sentirse relevante. No ofrecer esa oportunidad molesta. ¿Por qué en vez de censurar que no se actúe, se ofrece la oportunidad de pensar juntos cómo actuar? Quizás porque se prefiere censurar lo que se decida que implicarse en la decisión.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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