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Desde lo hondo

Profetas según Miqueas

29 de septiembre de 2015 0 comentarios

“Si viniera un profeta de mentiras y engaños, invitándote al vino y al licor, sería un profeta digno de este pueblo.” El texto es de Miqueas. Da qué pensar. ¿Qué profeta es el que es bien recibido por el pueblo? En los textos bíblicos reiteradamente aparece que los profetas auténticos son perseguidos…hasta la muerte y los falsos profetas “los que babean profecías” como dice también Miqueas, son aceptados: ofrecen vino y licores. ¿Quién falla? En su origen el pueblo que selecciona a los profetas. Y éstos que emplean argucias fundadas en la mentira que generan estómagos agradecidos, no mentes ni voluntades libres. Si quisiéramos corregir la situación, ¿a dónde acudiremos? No creo que lo más eficaz fuera revolverse contra esos falsos profetas, sino actuar sobre el pueblo que los elige. El proceso es más largo, pero el único eficaz. Tampoco se ha de buscar la solución a ofrecer más o mejor “vino y licor”, sino lo que el pueblo necesita: verdad y libertad de pensar, o sea, información y capacidad de decidir. Ser los profetas que necesita el pueblo implica ofrecer lo que satisfaga necesidades auténticas, las que exige la dignidad humana, no las generadas por quienes quieren vender su producto. En definitiva: buscar profetas –gobernantes- que busquen el bien del pueblo no servirse del pueblo para el triunfo personal.


La misa y el protocolo

26 de septiembre de 2015 0 comentarios

¿Se puede entender la celebración eucarística como un acto protocolario? Estamos acostumbrados a que así sea. Es un acto más, por ejemplo, de las fiestas de una localidad. Por ello lo que parece normal es que asistan los que representan a los habitantes del lugar. Si no lo hacen parece una descortesía. Así lo han entendido obispos cuando las autoridades del lugar no se han hecho presentes en las misas, bien porque no son creyentes o bien porque entienden que las celebraciones religiosas no deben estar en los programas festivos de una sociedad aconfesional. Incluso cuando la fiesta se enuncie como fiesta religiosa: se celebra una advocación mariana, o un santo o un “cristo”… Lo que no deja de ser paradójico: una sociedad aconfesional celebra sus fiestas oficiales en honor a algo religioso. Si la razón es la primera entiendo que el protocolo no debe imponerse a la opción personal hacia lo religioso de la persona. Es por otra parte un modo de dar el sentido pleno a la celebración y no rebajarla a un acto más del protocolo civil. Si la inasistencia de las autoridades del lugar, en cuanto autoridades, a título personal no existe inconveniente, se apoya en el carácter aconfesional de la sociedad, puede verse como una fidelidad exagerada a la aconfesionalidad, no a la secularidad, si representan a un pueblo muy mayoritariamente confesional. Siempre insisto en que cada representante de la autoridad sepa de qué va la misa, qué es lo que se celebra y se una a la celebración porque responde a su fe religiosa.


Ir a misa por afición

14 de septiembre de 2015 0 comentarios

El dependiente de la carnicería es un buen hombre. No suele hablar mucho; sólo con los clientes con quienes ha adquirido cierta confianza. La señora es clienta asidua, con ella si establece conversación. En un momento de ella le dice en voz baja para que sólo ella le oiga: “mire, es que yo soy aficionado a ir a misa”. La señora me lo cuenta. Me ha gustado la expresión. Se ha de ir a misa por afición, no por obligación. Hay que ir a misa porque se le saca gusto a participar en ella. Aunque parezca trivializar, como se va al futbol, por afición. Si realmente se fuera a misa más por afición que por obligación se abandonaría ese peso que aplicamos a lo que hacemos “obligadamente”. Nuestra presencia, nuestra participación sería más honda. Una madre atiende a su hijo ¿por la obligación que impone el cuarto mandamiento de la ley de Dios o por “afición”?


Vida humana, vida divina

7 de septiembre de 2015 0 comentarios

Es frecuente en la liturgia y el devocionario cristiano pedir para nosotros participar de la vida divina. Expresiones como “Dios asumió la naturaleza humana para que nosotros participáramos de la naturaleza divina” son harto frecuentes. Explicación clásica de lo que es la gracia era mostrarla como participación de la naturaleza divina. Esto de querer ser Dios va en los genes humanos. En nuestra tradición judeocristiana es origen del mal en el mundo. Las religiones griegas y asiáticas ofrecen relatos de los intentos frustrados de diversos personajes de querer ser Dios. En ambos relatos Dios o los dioses castigan a quienes quieren ser como él/ellos. Lo más peculiar de la fe cristiana es que es Dios quien, por amor, se hace ser humano para elevar la condición humana: ¿hasta participar de la condición divina? En principio para salvar la condición humana de lo que la degrada. Jesús de Nazaret vive y proclama la dignidad de la condición humana. Esta condición humana tiene su realización más elevada en él: es “perfecto hombre y hombre perfecto”, como recuerda Gaudium et Spes. Somos sus seguidores en la medida que nos acercarnos a esa perfección humana. Nadie debe pretender desprenderse de la condición humana para ser, por ejemplo, un ángel. A esa perfección humana pertenece buscar la cercanía a Dios; pero desde la distancia, siendo lo que somos y no dejaremos de ser: seres humanos. Engrandecidos por Dios, por su gracia, su ayuda, por apuesta por la salvación…de nuestra condición humana. Salvación que consiste no en ser más de lo que somos, sino para ser hombres en su dimensión más elevada. Cierto es que nosotros con nuestros propios medios no avanzaríamos mucho, necesitamos la ayuda de Dios, pero, insisto, para ser o que somos, no más que lo que somos: hechos a imagen y semejanza de Dios, con una naturaleza que el mismo Dios asumió en Jesús para sí; y que él elevó a niveles máximos. ¡Qué más podemos querer! Nuestra oración, pues, ha de solicitar avanzar hacia la plenitud de esa vida humana que se manifestó en Jesús de Nazaret.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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