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Desde lo hondo

MISERICORDIA III

29 de enero de 2016 0 comentarios

La respuesta a las preguntas conocidas de Miqueas, (6,8): ¿Con qué me presentaré al Señor?....¿con holocaustos, con terneros de un año?, ¿le agradarán al señor mil bueyes?...¿le ofreceré mi primogénito, el fruto de mis entrañas?... tiene diversas traducciones: una es ésta: “Te he hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan sólo practicar el derecho/la equidad, amar la bondad/la misericordia , caminar con humildad con tu Dios”. Derecho, equidad, justicia según otras versiones, bondad o misericordia es lo que Dios quiere.. Fijándome en la bondad o la misericordia, la similitud entre ambas es relevante. Bondad en su sentido más comprensivo es perfección. Nada mejor podemos ser que buenos. La dimensión moral es dimensión absoluta. Nadie puede renunciar a ella en aras de otros valores. Es inexcusable. Y a la vez y por ello ha de ser objetivo de nuestro vivir, ser “buenas personas”. Se identifica pues con la perfección propia de nuestra condición humana. Pues bien sabemos que donde Mateo dice “sed perfectos como vuestro padre celestial es perfecto”, Lucas dice “sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Identificación entre la perfección de Dios y su misericordia, entre la búsqueda de la perfección y humana y la exigencia de ser misericordioso. La misericordia implica el derecho, la equidad, la justicia y apunta más alto a un corazón que se entrega “miseri-cor-dare´. Y no es irrelevante que todo ha de hacerse desde la humildad, desde la verdad de lo que somos, semejantes a Dios , imagen suya y a la vez capaces de traicionar esa semejanza rebajándonos hasta hundirnos en un yo sin referencias a nadie; por ello sin misericordia, ahogados en un yo orgulloso y autosuficiente


Misericordia II “La fidelidad y la misericordia se encuentran” Salmo 84

14 de enero de 2016 0 comentarios

Misericordia II “La fidelidad y la misericordia se encuentran” Salmo 84. La fidelidad es una exigencia del bien ser. El infiel es alguien que traiciona a Dios, al marido o al amigo, a la palabra dada, a la promesa, a lo que debe ser. ¿Quién no ha sido de alguna manera infiel?: infiel a Dios, a quien se quiere, a la palabra comprometida. La infidelidad espera el perdón, la misericordia. Siempre que sea infidelidad reconocida. Una manera de fidelidad a Dios es incorporar la misericordia en nuestro sentir y vivir. No ser misericordioso es infidelidad a Dios. También a los demás, que más de una vez habrán utilizado la misericordia hacia nosotros. La misericordia se realiza sobre todo en la comunidad en que vivimos. Familiar, social, religiosa… Toda comunidad cristiana es comunidad reconciliada y en continua reconciliación. Sin misericordia no es posible la reconciliación, solo una componenda sin afecto, una estrategia. La misericordia se manifiesta de manera especial hacia el que encuentre más dificultades para sentir a la comunidad y ser fiel a ella. La misericordia es la búsqueda de la oveja perdida, no sólo el disfrute de las bien agrupadas. En fin la fidelidad se realiza en la misericordia. “La fidelidad y la misericordia se encuentran”


NAVIDAD DEL SIETE DE ENERO Y...

9 de enero de 2016 0 comentarios

Las navidades han pasado, empecemos a vivir de la Navidad. La vida hay que celebrarla. A veces lo que celebramos no lo vivimos. Nos quedamos satisfechos con la celebración. Podemos celebrar el cumpleaños de alguien aunque no sea alguien relevante en nuestra vida. La celebración puede entenderse de una manera autónoma, reducirse a los actos que se celebran sin referencias a lo que se celebra. Esto puede suceder con la Navidad. Cuanto más compleja sea la celebración más peligro hay de que se pierda de vista lo que se celebra. Se puede decir: mientras que haya celebración hay alegría, y eso es saludable. Pues no: el hijo mayor pudo celebrar a su estilo que su hermano les dejara en paz a él y a su padre, y no quiso celebrar la vuelta a la casa paterna. ¡Cuántas victorias sangrientas se han celebrado! ¡Más que la paz! En estos días de la llamada “cuesta de enero”, cuando ha pasado la efusión celebrativa, nos recogemos con un “¡por fin!” en nuestro vivir diario y dejamos de un lado lo clamoroso vivido, disfrutado y sufrido, y nos quedamos con la Palabra sencilla que nos habla de que hemos sido visitados por Dios, que se ha hecho uno de nosotros, dispuesto a asumir nuestra suerte. Vivimos la Navidad en la cuesta esperanzada de la existencia cristiana de cada día. Digamos ¡Feliz Navidad del siete de enero y siguientes días!


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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