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Desde lo hondo

Paciencia activa

21 de octubre de 2017 0 comentarios

No son tiempos de paciencia, es decir de saber esperar en acción, de mantener el esfuerzo en la esperanza de conseguir los objetivos deseados. Que no son fáciles, que exigen reflexión, cargarse de razones, y analizar bien los hechos y las consecuencias de lo que al final se decida. Todo ello necesita tiempo. Necesita ritmo de vida que permita informarse bien, reflexionar sobre los principios y los hechos. La paciencia choca con el ansia de la noticia, más aún de la primicia, que gusta tanto a los medios de comunicación social. Choca con la actitud de personas irreflexivas, que lo tienen todo claro; sobre todo cuando los resultados de lo que se haga no les afecta, al menos de modo inmediato. El tiempo cura, pero no siempre; pero cura si es tiempo no sólo de decisión sino de reflexión previa. Que los acontecimientos marquen el ritmo no siempre es bueno. Si los acontecimientos “se precipitan” no tiene por qué precipitarse la reflexión. Quemar etapas en circunstancias no claras no ha de ser la mejor solución. La emoción que producen los acontecimientos, tan humana y necesaria, necesita ser procesada a la luz de lo que no es sólo emotivo, sino racional. En fin, cuando uno se carga de razones antes de actuar puede mantener la firmeza en la decisión, a pesar de las dificultades que surjan.


Realidad e idea

18 de octubre de 2017 0 comentarios

“La realidad es más importante que la idea”, es afirmación del Papa Francisco, que ha sido recogida en diversos escritos de personas de relieve. La expresión se refiere a las ideas que regulen la conducta humana. A la idea no se le puede dejar libertad total sin contraste con la realidad. Ante todo con la realidad del propio sujeto que mantiene esa idea. Tiene que saberse por qué surge la idea, la capacidad del sujeto para discernirla y de llegar a ella previa la información indispensable. Y también es necesario el contraste con la realidad a la que se aplica. Realidad de la persona humana, con sus limitaciones, su carácter histórico; así como del amplio ámbito social que las personas constituyen. La realidad ha de ayudar a discernir las ideas, a ajustarlas a lo que ellas pretenden en el contexto de su aplicación. De modo que no sea dogmas que sirven igual para ángeles que para hombres, para un ámbito social u otro, sea cual sea el momento histórico y las fuerzas que predominan en el vivir humano concreto. Pero no se puede obviar que esa afirmación fuera del contexto en la que se expresa y de la aplicación correspondiente puede generar situaciones de conflicto. Puede animar a pasar del hecho al derecho, a la justificación de hechos antes que a su discernimiento a la luz de los principios aceptados; a pasar a la política de hechos consumados, como algo dado e inamovible. También a que sea preferible pedir perdón que permiso cuando alguien actúa al margen de la ley; una petición de perdón sin arrepentimiento ni propósito de la enmienda. Puede llevar a una ética pragmática sin fundamentos racionales y/o revelados, instadas por pulsiones viscerales, no contrastadas racionalmente. Lo importante es la persona humana, no un código de conducta, como la moral cristiana se cifra en el seguimiento de Cristo más que en ajustarse a unas frías normas. Códigos, normas han de estar en función de la persona; pero la persona ha de ir haciéndose como tal desde unas convicciones, unas ideas que no tienen por qué ser juguete de la realidad concreta, a la que se llega a veces por actitudes no racionales, cargadas de visceralidad, o pulsiones de corto alcance, de carácter egoísta, sea individual o colectivo.


Más sobre la verdad

11 de octubre de 2017 0 comentarios

La verdad es el fin. El fin de un proceso de estudio, discernimiento, realizado sin prisas cargado de información coherente. Ese proceso no se puede desarrollar de ese modo si no se parte de una actitud sincera, “verdadera”, de buscar la verdad donde esté. Este punto de partida exige honradez, amor a la verdadero, generosidad que permite aceptar que la verdad que se busca puede no ser del agrado, o sea, que dé razón a los intereses individuales. Es en la falta de esa actitud donde se desvirtúa el proceso de búsqueda de la verdad, al constituir a ésta no como el fin, sino como medio para satisfacer esos intereses. Es la “posverdad”, que ahora se dice. Los intereses pueden ser de carácter muy distinto. Uno es el buscar más la noticia que la verdad, la imagen más que la idea. Otro autoafirmarse en un decisión previa, tomada con viscelaridad más que con racionalidad por las ventajas individuales que puede aportar, del tipo que sean: económicas, de prestigio social, de afirmación tribal, de situarse por encima de los que se creen inferiores. En este caso el proceso hacia la verdad está lleno de trampas, de argucias argumentales, sofismas. Se pone el acento más en la eficacia de la propaganda que en la verdad de lo que se “propaga”. Propaganda, por ello engañosa, que pretende confundir, huye de la verdad. No pocos lo reconocen en su interior, en cuyo caso se mueven en el mundo de la mentira más que en el de la ignorancia. En este caso no sólo se ataca a la verdad, sino a la veracidad. Cuestión moral. Ejemplo: lo que vienen haciendo las autoridades independentistas catalanas.


El sufijo “ismo”

1 de octubre de 2017 0 comentarios

Es un sufijo que a veces deforma el término que modifica: el islamismo deforma al islam, el paternalismo a lo paternal, el integrismo a lo íntegro; el individualismo a lo individual, el egoísmo al ego o yo; el nacionalismo a lo nacional. La deformación se basa en acentuar de modo exagerado lo que expresa el término sin esa terminación. Lo exagerado siempre tiene consecuencias negativas. Rompe lo prudente, lo verdadero, lo justo, lo bueno. De esos sustantivos con “ismo” derivan los adjetivos islamista, paternalista, integrista, individualista, egoísta, nacionalista. En concreto, el nacionalismo genera clima de exclusión del otro desde una postura de cierta superioridad, intelectual o moral. Es enemigo de la convivencia humilde y, por lo tanto, inteligente, de quienes nos necesitamos unos a otros, desde la diferencias peculiares de cada uno. Es generador de fronteras insuperables, de desprecio – o poco aprecio- cargado de prejuicios. Escribo esto el domingo en el que Jesús, se dirige a los sacerdotes y ancianos del pueblo con la revolucionaria proclama de “que las prostitutas y publicanos os llevarán la delantera en el camino al Reino de Dios”. Jesús habla de primacía, no de exclusión. No es integrista; sí íntegro. Para él todos caben en el Reino. Sólo exige que quien quiera llegar a él no excluya a otros.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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