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Desde lo hondo

La verdad de la feria, la posverdad

30 de junio de 2017 0 comentarios

Leo que la Real Academia de la Lengua va incluir el término “posverdad” como uno más de los componen el léxico del español. De momento mi ordenador me lo subraya en rojo. Hay que incorporarlo al diccionario. La definición que se ofrecerá de posverdad, en resumen, viene a decir que es la verdad subjetiva, que responde a intereses, ideas, afectos de quien se expresa. Verdad subjetiva que se impone sobre la verdad objetiva. Es viejo tema que recibió consistencia en el idealismo filosófico. Idealismo, que no viene de ideal, sino de idea. La verdad no está en las cosa –res, que dirían los escolásticos medievales-; sino en la idea que el sujeto humano crea. Todo lo real es racional y todo lo racional es real o, de otra manera, lo real es lo racional. El sujeto es el constructor, no el descubridor de la verdad. La verdad no es adecuación de la idea a la realidad –res-, porque la realidad es sólo en cuanto pensada. Desde ese punto de vista, que no creo que tengan en cuenta los posmodernos de la posverdad, porque los “discurso filosóficos”, sobre todo globalizadores del siglo XIX, no es lo suyo, habría una base lógica para la posverdad. Pero no es el discurso filosófico el creador de la posverdad, sino los intereses de muy diversa especie del sujeto que se imponen al serio, hondo y no pocas veces necesitado de tiempo, razonamiento. Los intereses, los afectos son realidades más inmediatas y perceptibles que el discurso lógico. Hay que quedarse en ellos y basta. Lo dice el pueblo: “cada uno habla de la feria como le va en ella”. La posverdad es la verdad de la feria para quien ha estado en ella.


Obras son amores y no buenas razones. Sagrado Corazón de Jesús

23 de junio de 2017 1 comentarios

No será fácil encontrar a alguien que no esté de acuerdo con el dicho generalizado. Como tantos dichos reiterados o refranes es necesario fijarse en lo que quieren decir más que en lo que dicen. ¿Qué sería del amor si no tuviera buenas razones? ¿Qué amor sería? Alguien, con una visión pesimista de nuestra sociedad, podría responder: “el vigente en nuestra sociedad”, que surge de impulsos más o menos instintivos que hay que satisfacer sin buscar razones que lo justifiquen. Manifiesto es que las razones se quedan a medio camino cuando no pasan del ámbito del pensar y no se manifiestan en las otras dimensiones del ser humano: en los afectos en primer lugar y luego en el obrar de acuerdo con esos afectos y esas razones. La tentación es la escisión: quedarse sólo en razones, o quedarse solo en afectos sin base racional y sin trascender al obrar; como también quedarse en obrar y obrar bien, como” dar de comer al hambriento, de beber al sediento…”, sin razones y sin afectos, o por razones no confesables, que también apunta el evangelio, para aparecer, generar una imagen de bondad ante los demás, sin que te importe el hambriento y el sediento, y por lo tanto sin afectos. Es imprescindible, pues, que haya amor basado en razones y que se realice en obras. Esta reflexión la ofrezco en el día del Sagrado Corazón de Jesús. Más allá de la terciopelada devoción que ha podido surgir de él, más allá de tantas consagraciones de entidades seculares, más allá de devociones en las que puede faltar la devoción, en lo hondo y auténtico de lo que significa el corazón de Jesús, que amó como hombre –varón- ,que dice el Vaticano II, está una amor que no encontró más razones que el trasladar el amor intranitario al ser humano –“tanto amó Dios al mundo…”- . Poderosa razón, que se realiza en comprometer su vida en la propuesta de la auténtica condición humana – el reino de Dios- y de ofrecer la vida, no sólo palabras, por esa causa. En Jesús se juntó la razón, al amor y la obra. El “sagrado” corazón de Jesús, implica “sagrada” mente y “sagrado” compromiso con el ser humano.


Ser y nada

14 de junio de 2017 1 comentarios

Acabo de leer el artículo del País: “Millennials’: dueños de la nada”. Y me temo que se encontrará con la calificación o, quizás mejor, descalificación, de cualquiera de los “millenails”, resumida en la afirmación, “asunto generacional”. O sea reacción de viejo, propio de otra generación, no de la nuestra, con la vanidad –no llega soberbia- de los que se sienten, solo por pertenecer a esa generación, dueños de la verdad –o posverdad- e intérpretes auténticos de lo que somos y nos pasa. No seamos pretenciosos: es pedir peras al olmo querer que en nuestro tiempo se desarrolle un sistema de pensamiento –discurso lo llamará un posmoderno, porque lo reduce a retórica- como el del siglo XIX, tras la honda crítica al pensamiento del XVIII; ni siquiera que nos preguntemos por el ser de modo más ligero, propio de la metafísica de Heidegger, o del existencialismo de las décadas centrales del siglo XX. Primero porque no se reconoce valor al sistema, a no ser para presentarse ante el público como antisistema. Segundo porque “yo soy yo y mi circunstancia”, se reduce a “yo soy mi circunstancia” ¿“Dueños de la nada”? Pero ¿existe el ser para los millennials o solo el acontecer, el relato, la apariencia? Ese es su ser, la nada es lo que no se encuentra al querer ahondar para aproximarse al ser. Ni revisión crítica del pensamiento anterior desde un nuevo modo de pensar propio de la crítica de Hume o Kant, ni idealismo ni materialismo histórico o dialéctico, ni preocupación por el mundo de la conciencia individual de la fenomenología, ni por la conciencia social de los existencialistas y personalistas. Ni por la presencia del misterio, en el que ahondar o creer. Ni tampoco por la responsabilidad desde un sistema ético, fuera de la moral a la carta. En el ámbito de lo social el llamado populismo como refugio de la debilidad de pensamiento, es la solución. También en la formalidad social: la democracia no se basa en la presencia representativa del pueblo, sino en lo asambleario. La verdad está no en lo que la mayoría decida, es inútil cualquier proceso para buscarla, es pérdida de tiempo. Ni siquiera hay que gastar esfuerzo por educar a quien va a decidir, basta con poner como argumento los intereses individuales, y las consignas “que suenan bien”. El error ha acompañado siempre a quien busca la verdad, pero el mayor error es no buscarla con seriedad, porque, hay que decirlo, la verdad no interesa, no tiene porvenir, su porvenir es el de los caducos sistemas filosóficos, previos al pensamiento débil y fragmentario. Este es el que nos ha de conducir. Y no es poco que aún hablemos de “pensamiento” cuando hemos dejado al margen la verdad para quedarnos con la posverdad, que no exige pensar.


Imagen y formas

10 de junio de 2017 1 comentarios

Es recurrente insistir en que existimos, nos movemos en el mundo de la imagen; en el ámbito de la apariencia. Desde el dogmatismo empirista, para quien todo queda reducido a lo que entra por los ojos, a lo que captan nuestros sentidos, a lo que aparece, de modo que sólo se pueda hablar –formular proposiciones- de lo empíricamente comprobable ( o lógica-matemática- mente formulable), hasta lo más liviano, el look de personas, “la buena imagen que se da”. Esto choca con algo tan frecuente como el descuido de las “formas”. Uno se pregunta “¿qué imagen ofrece quien acude a lugares o actos de cierta enjundia, sea la misa dominical o un acto académico, o una celebración social en bermudas y chancletas, por ejemplo?”. De inmediato surge la respuesta: la imagen es de suyo voluble, una buena imagen en un tiempo corresponde a unas “formas”, en otros a otras. Puede que estemos en tiempos en que la buena imagen lo aporte lo “informal”. Sea así. Pero queda en el aire pensar que la imagen implica a alguien que nos ve y quienes nos ven no están a gusto cuando se ofrece una imagen que según su sentir no corresponde a lugar o al acontecimiento en el que se está presente. Lo que está en el aire es algo tan importante como pensar en los otros, saber que se está con otros, se vive con otros, que vivir es convivir y convivir implica cooperar a que los demás se sientan bien a gusto en la convivencia. No se cuida la imagen para ver sólo qué impresión se causa uno a sí mismo ante el espejo, sino también para que los demás les agrade su presencia. Esto supone enfrentarse a algo de tanta hondura como es simplemente pensar en los otros. Mas esto choca con el tan denunciado individualismo cultivado, y por eso generalizado, de nuestra cultura o “postcultura”.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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