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Desde lo hondo

Hablar, oír y entender

26 de febrero de 2018 0 comentarios

Decía Eckhart: “lo nuevo y lo raro ofrecen al espíritu un estímulo más agradable que lo habitual, aunque este tenga más valor e importancia” (Citado en el libro de Silvia Bara y colaboradores, Dios en ti. Ed. San Esteban, Salamanca. 2018, pg 29). Lo dice pensando en cómo debe ser la predicación, propia de su Orden, la de Frailes Predicadores. A continuación dirá: “algunas afirmaciones –se entiende “nuevas y raras”- a primera vista pueden parecer monstruosas, dudosas o falsas; pero no será así si se tratan con mayor agudeza y estudio”. Dos afirmaciones que entiendo que se han de entender como complementarias. Y quizás no es lo más frecuente. La primera, la aceptación favorable de lo nuevo y raro es bien conocida. Es necesario para llamar la atención y fijarla en lo que interesa de modo que no pase desapercibido. Comienzo necesario del discurso que los clásicos llamaban “captar la benevolencia” del auditorio. Es también asunto de mercado: vender bien el producto. La segunda exige un esfuerzo mayor: el de superar lo que agrada al oído y poner en funcionamiento nuestra capacidad de análisis, es decir el entendimiento, que ha de esforzarse en entender bien lo que se quiere decir con lo “raro y nuevo”. Esto es más exigente, necesita tiempo, y a los oyentes de hoy les cuesta más la reflexión, darse tiempo para comprender bien, superar primeras impresiones y llegar al fondo de lo que se quiere expresar con las afirmaciones que sorprenden, llaman la atención por “raras y nuevas”. Una cosa es cómo exponer, cómo hablar y otra cómo oír, entender. Quizás porque sus lectores y oyentes se quedaron en lo “raro y nuevo”, literalmente entendido, sin esforzarse en llegar a lo que Eckhart quería decir, éste tuvo problemas con las autoridades eclesiásticas. Necesitó explicarse. Consciente de ello el mismo Maestro Eckhart “con frecuencia se expresa de este modo en sus sermones: ” (o.c). Valga este apunte para recomendar el libro antes citado que me ha sugerido esta reflexión,


Escribir o no escribir

23 de febrero de 2018 1 comentarios

¿Qué se puede escribir que no esté ya escrito? La realidad que queramos describir es ciertamente cambiante, a veces imprevisible; puede parecer nueva y desconocida. Eso es lo anecdótico, que sólo necesita tomar nota de ello y comunicarlo. Lo que sobre ella se pueda reflexionar estará ya reflexionado. Sería la conclusión del "nada nuevo bajo el sol”, que dice el Eclesiastés.. O de ese otro dicho: “lo que no está – no se reconoce- en los clásicos es plagio … de ellos”. Será la capacidad de olvido o la falta de información del ser humano lo que justificaría que cada uno hiciera su propio análisis y llegará a conclusiones que se creen propias de los hechos:, y así construir una teoría nueva que vaya más allá de la anécdota. Otros se mueven en la línea opuesta: “la historia de la Filosofía es la historia de ideas muertas”, Isaías decía “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Isaías 43 18). ¿Lo habrá dicho todo Isaías? Dios siguió hablando. En Jesús de Nazaret expuso la nueva buena. Y luego “quedó mudo” (S, Juan De la Cruz, recogido por Benedicto XVI). Se puede concluir: es necesario “leer más, escribir o hablar menos”. Pero cuanto más se lee, más cree uno que tiene algo que decir a propósito de lo que lee. Y sucede sobre todo con la lectura de la Biblia. En fin, atengámonos a la falta de información o al olvido de lo ya dicho para seguir escribiendo.



CUARESMA 2018

13 de febrero de 2018 0 comentarios

¿Por qué al inicio de la Cuaresma,el miércoles de ceniza,el texto evangélico que nos ofrece la liturgia pretende afinar cómo han de ser las acciones propias de la religión judía: la oración, el ayuno y la limosna? Afinar quiere decir exigir que sean auténticas, que no se utilicen para otros fines no nobles, sino más bien vulgares como el aparentar ante los demás ser limosnero, penitente, orante. Esa decisión parte de conocer bien la condición humana, la capacidad que tenemos de servirnos de lo noble para cubrir intereses no tan nobles, por no decir innobles, como vernos mejores que los demás. El texto evangélico exige orar cuando nadie te ve, sólo Dios; ayunar de modo que no se manifieste en el rostro cuando sales a la luz; hacer limosna sin que una mano se entere de lo que la otra hace. Todo ello es un clamor de autenticidad frente al disfraz de carnaval, de realidad frente a la apariencia. Eso exige entrenamiento, concentrar las fuerzas en lo valioso. Es lo que significa el tiempo de desierto de Jesús, que ha de ser de cada uno. En el desierto se olvida lo superfluo y se busca lo esencial, sobriedad –ayuno-; en el desierto se mira más a Dios –oración-, porque se percibe la necesidad de su ayuda, no nos valemos a nosotros mismos. En el desierto se echa de menos la mano amiga, generosa, - la urgencia de alguien con quien compartir lo que somos y tenemos –limosna realizada con el único fin de ayudar, sin nadie que la perciba excepto quien se beneficia. Eso es la Cuaresma siempre entendida como camino hacia la Pascua. Vivida con ese horizonte para que no sea un caminar ciego; pero exigiéndose, con esfuerzo y renuncias, para que el horizonte no sea una ilusión. Avanzar paso a paso sabiendo quién es el que avanza, con lo que tiene que cargar y las peripecias del caminar. Siendo realista, o sea, lo que se es; no gastando las fuerzas en aparentar ante los demás lo que no se es.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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