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Desde lo hondo

Exuberancia verbal

3 de marzo de 2019 0 comentarios

Acabo de leer esta expresión como uno de los signos de nuestro tiempo. La exuberancia verbal hace alusión en primer lugar a la profusión de palabras, al “hablar largo y tendido”, a la locuacidad. Pero también se refiere a un estilo de habla. Que podíamos calificar como el hablar a base de superlativos. Deja de aparecer, por ejemplo, “bueno” o “malo”, para convertirse en “muy bueno” o “muy malo”. Se ha generalizado sobre todo en el habla juvenil el añadir el prefijo “super”. “Superbueno”, “supermalo”. El superlativo ahorra el esfuerzo por buscar y exponer argumentos a favor o en contra. Y no admite matices que hagan compleja la exposición o la valoración. La profusión de palabras en el debate sustituye los análisis pacientes de lo que se valora. El signo, toda palabra es signo representación de algo, sustituye a lo que significa: se le da valor en sí misma. Al predicador se le pedía “padre, menos palabras y argumentos reforzados, es lo que necesitamos”. Es típico aprobar al político porque “habla muy bien”, con olvido del valor de lo que dice. La palabra se valora cuando se la mide, cuando es la expresión justa de algo que pensamos, que sentimos. A veces “nos quedamos si palabras”, porque no encontramos cómo expresarnos. Esos silencios son más significativos que las palabras: dicen más. Podemos decir con Blas de Otero, “siempre me queda la palabra”, pero no será una palabra inane o multiplicada sin contenido que expresar, sino cuando subsiste a la falta de otras realidades vitales, cuando ella es la expresión vital, que queda.


Logos y amor

17 de febrero de 2019 0 comentarios

Texto del “corpus joánico” en el prólogo del Evangelio es el que dice que Dios es el “logos”. Tradúzcase como “palabra” o “verbo”, el término griego implica no sólo una palabra que se pronuncia, sino que hace referencia a una lógica, a un fundamento racional, diríamos con toda imprecisión, la propia de cuando nos referimos al misterio. Dios es la explicación de lo que existe, quien ayuda comprendernos y a comprender el mundo en que vivimos: es origen y razón de lo existente dice el texto joánico. A este mismo cuerpo joánico pertenece la expresión “Dios es amor”. Se produce u paso de la lógica al afecto. Complemento de la lógica, de la visión intelectual es añadir la dimensión afectiva. A partir de ahí se puede decir que la lógica que heredamos de Dios es la del amor. El logos hace referencia a colocarse bien en el mundo, ante el mundo, encontrar la razón de lo que existe. Esa razón es el amor. La explicación del mundo, de su existencia, y de nosotros con un protagonismo específico en él, no se puede entender si en el origen de todo no estuviera el amor. Tanto la creación, como la recreación humana son obra de amor, cualidad de la lógica divina. También ha de ser de la lógica humana, del ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios-Amor.


Flores, frutos, raíces

10 de febrero de 2019 2 comentarios

Ayer contemplé el primer almendro en flor de El Retiro. En medio de tanto árbol desnudo, éste se viste de flores y anuncia que día a día será seguido por sus compañeros del “Huerto de los almendros”. Se adelantarán a las mimosas. Me gusta en pleno invierno caminar por una zona de los árboles de hoja perenne. Son encinas, humildes y sólidas encinas, indiferentes al otoño e invierno. Mantienen sin espectacularidad florida su verdad sólida. Sus raíces y la savia que de ellas sube lo que las mantiene vestidas, humildemente, pero vestidas. Siempre se ha dado relieve a lo aparente, a la flor y al fruto. Este tiempo posmoderno, lo avala desde una base académica, que se inclina por el relato, el pensamiento débil, la falta de discurso y la verdad en lo aparente. Flores y frutos es lo que vemos y agradecemos de los árboles. La savia que desde la raíz oculta corre por el tronco pasa desapercibida. Al menos para el espectador. Y es ser espectador la función que adquiere un relieve en nuestra sociedad. Estar presente en lo que sucede. Lo que sucede por definición pasa. Y con rapidez, no deja tiempo a preguntarse el porqué de lo que sucede. El brillo deslumbra. No se encuentra tiempo para detenerse y pensar a qué se debe la flor, a qué el fruto: ¿quién piensa en la raíz, la savia? Sólo quienes quieren que el árbol no sea espectáculo de un tiempo más o menos corto, se esfuerza en que se “consolide”, que esté fijo bien el suelo, bien enraizado. Cuidar las flores y el fruto exige cuidar, conocer y actuar en la raíz. No olvidarla.


¿Obras son amores?

5 de febrero de 2019 0 comentarios

El autor dice que el amor, esencial a la fe cristiana, no es un sentimiento, sino que es actuar. Es cierto que son abundantes lo textos de la Sagrada Escritura en los que se dice que amar es comprometerse en la ayuda al otro, en no ser indiferente a su dolor, o penuria. Se ha de amar al prójimo, pero quien sabe quién es el prójimo a quien amar es el samaritano que actúa, que se compromete en ayudar al malherido que se encuentra en el camino. No sabe de amor el levita y el sacerdote que se despreocupan, que no actúan. El reino preparado por Dios para los hombres acogerá a los que dan de comer, dan de ver, acogen al peregrino…, a quien actúa a favor del necesitado. Obran éstos humanamente, por eso alcanzará el reino preparado para los seres humanos. El que se desentiende de los que necesitaban ayuda al otro, obran inhumanamente y por eso no pueden ser acogido en lo preparado a los seres humanos, sino que irán a juntarse con los ángeles malos. Así de claro aparece el compromiso de la acción el mensaje de Jesús. San Pablo dice en el famoso himno al amor de I Corintios: “si repartiera mis todos bienes entre los necesitados y…, si no tengo amor nada me serviría”. Jesús en el evangelio ya enseñó que no bastaba hacer oración y ayunos o dar limosna, sino que había que atender a por qué se hacía. Cuando se habla de dar de comer al hambriento, de beber al sediento…etc, se dice que son obras de misericordia. No sólo obras, sino obras que surgen de un sentimiento previo, la misericordia. Ello viene a exigir, pues, que el sentimiento del amor es imprescindible para que haya, eso, amor. Eso sí sentimiento hondo, asumido en lo profundo del ser; no una emoción efecto de unas imágenes televisivas de la miseria humana, que como llegan se van y con ellas la emoción. El amor no es epidérmico, la emoción no pocas veces sí. El por qué se hace lo que se hace es imprescindible para valorar lo que se hace. La bondad está en principio en el interior del ser humano, en sus sentimientos, en sus intereses. Cuando éstos están arraigados necesariamente se manifiestan en obras. ¡Que se lo pregunten a los padres, a las madres respecto a sus hijos! No necesitan ningún mandamiento para atenderles en sus necesidades, basta el amor. Siempre es eficaz el amor cuando es realmente amor, siempre se realiza en obras. Lo contrario no es tan seguro: obras objetivamente buenas, como la limosna, dar e comer o beber… no siempre se hacen por amor, por misericordia…ni por justicia.


La moral cristiana entre el legalismo y la utopía

21 de enero de 2019 0 comentarios

Nada más escribir el título me siento incapaz de en pocas líneas decir algo de interés. El autor que tengo ahora entre manos, Peter L. Berger, en su obra Una gloria lejana, dice; “En mi opinión la fe cristiana propone una actitud moral que no es legalista ni utópica”. Quizás al hablar de actitud prescinde de las consecuencias de la acción –o la inacción-, se queda en una disposición interior. Y sí es en el interior donde reside la cualidad moral. Si fuera legalista lo que nos dejaría éticamente satisfecho es haber cumplido la ley. Si la ley es “divina” no cabe la pregunta sobre si es ley justa. Se va a misa los domingos por cumplir la ley eclesiástica que legisla cuándo y cómo aceptar el mandato de Jesús “haced esto en memoria mía”, o sea la necesidad de introducir la eucaristía en la vida cristiana. La utopía se refiere a algo inalcanzable, pero que no es ilusión, existe la posibilidad y la exigencia de acercarnos a ello. Si buscamos lo utópico en el caso de la eucaristía la celebraríamos cuando estábamos embargados por los sentimientos que movieron a Jesús para celebrar la última cena: “habiéndolos amado mucho, los amó hasta el fin”. Si falta ese amor diría el utópico radical ¿para qué celebrar la eucaristía? Existe una respuesta: “se celebra la eucaristía para aproximarse más a esos sentimientos de Jesús, con la conciencia de que queda amplio margen para conseguirlo”. Esta respuesta se aparta de la razón legal que se reduce a decir: “voy a misa los domingos porque es un mandato de la Iglesia”. En la respuesta no legalista se introduce, pues, el sentimiento. Esto nos lleva a hacer presente la distinción de Max Weber, refiriéndose en concreto a la ética política, entre moral de sentimientos y moral de responsabilidad. Y entraríamos en una dilucidación harto compleja. Si bien de gran interés. Que en un resumen precipitado se plantearía así: ¿puede el responsable político dejarse llevar por sus sentimientos más nobles si ello conlleva prejuicio para los ciudadanos? Como por ejemplo: ¿la misericordia ante el delincuente, o el rechazo de todo sentimiento que implique violencia hacia el otro se ha de mantener, si se impide la disuasión de delinquir y de atentar contra los derechos de los ciudadanos? Las grandes cuestiones, las más hondamente humanas cuando pisan lo real sigue siendo cuestiones, no dejan de serlo para convertirse en soluciones. Pero nunca se ha de concluir que no haya que plantearlas.


Cristianismo y filosofía

27 de diciembre de 2018 1 comentarios

El mismo día un periódico de gran difusión, quizás el que más ejemplares vende publicaba, al menos en su versión digital, dos noticias sin establecer relación entre ellas: “España es el tercer país con un mayor abandono del cristianismo de Europa” y “La publicación de libros de filosofía se reduce un 62% en siete años. Los datos del INE muestran que el género toca fondo en las librerías”. Destacaba más la primera que la segunda, de acuerdo con la tendencia laicista del diario. Aunque se pierda el interés por la filosofía, no dejamos de buscar las causas de lo que es y sucede, algo esencialmente filosófico cuando pensamos en las causas no inmediatas sino últimas o penúltimas. El cristianismo pierde seguidores, pero según no pocos sociólogos de la religión aumenta el número de los que acuden a la religión o algo similar, que supera la fuerza de lo evidente. Pudo haber eclipse de Dios, pero vuelve a aparece; eso sí bajo formas variables. No sólo nos habla el estudio realizado de los creyentes y no creyentes, sino de los creyentes que dudan. Supongo que habrá no creyentes que también dudan. La duda pertenece al saber de lo no evidente, en este caso al saber sobre lo misterioso. Y puede pertenecer a creyentes. No dudar de la fe, es índice que de que no es relevante en la vida. ¿Y por qué se abandona la filosofía? Alguno de los entrevistados la ve en que haya dejado de ser obligatoria en planes de estudio. Otros la unen al aumento de la extrema derecha. No pocos en que queda reservada a ámbitos ocultos de la vida social, no tiene megáfono para hacerse oír en la calle…o en istagram. Pienso que quizás como causa común al abandono del cristianismo y de la filosofía, puede ser la pereza para darse tiempo a pensar, o la poca atención a sentimientos ante aquello que se nos impone desde cierta oscuridad, pero con fuerza. La tesis del relato, de lo fácil, de lo débil intelectualmente, la imposición de lo evidente o inmediatamente productivo, la imposición de cortocircuitos en el pensar y sentir, el rápido discurrir por el tiempo…puede ser una de las causa, y no la menos relevante, de que cristianismo y filosofía pierdan adeptos. Dicho sea sin entrar en qué importancia hemos de dar a los números cuando se trata un pensar y un sentir, un ser, que se mueve más en lo cualitativo: ¿muchos cristianos o buenos cristianos?; ¿filósofos que buscan el ser hondo de lo que es y sucede o filósofos funcionales, terapeutas centrados en solucionar problemas concretos sin analizar quiénes son los que los sufren? Esto es cuestión distinta, aunque no ajena ni al cristianismo ni a la filosofía.


Educación

14 de diciembre de 2018 2 comentarios

"No existen educadores, sino personas que muestran a otros lo que ellos hacen para educarse a sí mismas". Jean Guitton Me he topado con esa expresión en un folleto dirigido a miembros de la “Vida Ascendente”, personas, pues, con años de vida. Que la educación es ante todo una actividad inmanente que surge de uno y va hacia uno mismo no es lo que aparece con más frecuencia en tanto escrito sobre educación. Lo frecuente es entender que hay, profesionales o no, que educan, es decir: se entiende que la educación viene de afuera y se recibe en cada persona. Algo así como el cirujano te arregla un desarreglo fisiológico o alguien te da los medios económicos para conseguir algo, o le médico te receta lo que tienes que hacer y tomar… y obedeces. Por eso encontrase con esa expresión del gran filósofo, amigo de Pablo VI, Jean Guitton, merece una reflexión. Una cosa es enseñar al que no sabe, administrar conocimientos, expenderlos, algo imprescindible, y otra educar. La educación supone una transferencia de persona a persona, como el amor. Así todos nos educamos. Los “educandos” educan a los “profesionales” de la educación. Es una interacción desde dentro del ser que se manifiesta en palabras y obras. Educarse es ir construyéndose a sí mismo mirando cómo otros se educan, transparentado en palabras y obras. Exige un dinamismo interior de quien se educa, no una pura recepción mecánica de informaciones. Quien se educa siente e interpreta al otro. Lo que supone cercanía -también afectiva- entre quienes entran en el proceso educativo.


La razón de la fuerza

1 de diciembre de 2018 1 comentarios

Es la razón más generalizada. Porque puedo y soy más fuerte que tú, lo hago. Se ve en las relaciones de los países. Ser más fuerte permite hacer lo que es condenable. Más aún consigue valorar opciones, decisiones de acuerdo con sus propios intereses, y así lo condenable deja de serlo. ¿Por qué, por ejemplo, tengo que estar unido en la misma estructura social, la misma nación, si con ello no puedo utilizar mi fuerza, mi superioridad cultural, económica… y he acomodarme a las necesidades de los más débiles? Fuerza y poder que surgen del puesto que ocupas en la sociedad, del alto nivel económico, o intelectual, y por supuesto de la “fuerza bruta”. Y también de creerse moralmente superiores, más fuertes. Este tipo de fuerza moral es lo que el Papa en su Carta al Pueblo de Dios denuncia en la Iglesia como clericalismo. Cree que es causa de los abusos cometidos con niños por personas significadas de la Iglesia como sacerdotes, religiosos. No alude a que los abusos sexuales –el Papa habla también de abusos de conciencia y de poder- se deban a una sexualidad desorientada, mal encauzada de quienes han cometido abusos; señala como la causa más profunda la soberbia, la autosuficiencia, el clericalismo, de clérigos y laicos. Y a eso se debe también la indiferencia, la no intervención decidida de los responsables en denunciar los hechos y a quienes los realizaron. En definitiva la razón de la fuerza. (Aplíquese esto al maltrato, a la llamada violencia de género, al feminicidio; al rechazo del pobre inmigrante…). ¡Pobre razón si está bajo imperio despótico de la fuerza en sus diversas manifestaciones!


Ser humano, ser cristiano

23 de octubre de 2018 2 comentarios

¿Podemos preguntarnos por lo humano y luego por lo cristiano? ¿Existe diferencia entre ambos conceptos? La respuesta parece evidente: son muchos los que desconocen el mensaje de Jesús y saben de lo humano, una concepción elevada de la condición de ser persona humana; sin que esté apoyada en el mensaje cristiano, que desconocen. Pero situémonos como cristianos. El mensaje de Jesús no puede pretender otra cosa que seamos lo que tenemos que ser, seres humanos de acuerdo con el proyecto de Dios. El mensaje de Jesús no pretende que nosotros seamos ángeles. Tampoco una clase distinta de seres humanos constituida por sus seguidores. Jesús asumió la humanidad para salvarla y así hacer efectivo el proyecto de Dios. No predicó un ser humano al que se le exigiera lo que estuviera fuera de sus posibilidades, por ejemplo, que fuera impecable, o, en general, perfecto. Lo que su mensaje pretende es que el ser humano desarrolle lo definitorio de la condición humana. Que podemos resumir en lo siguiente: los afectos, en especial el amor; la búsqueda de la verdad; referencia a lo trascendente y la relación con ello. Como efecto del amor, necesita construir comunidad con otros seres humanos. En la medida que se desarrollan esas características actuamos humanamente. El amor exigirá paz y justicia, generosidad. La búsqueda de la verdad implica buscar la propia verdad y desarrollar las cualidades que se poseen al servicio de la condición humana, como la ciencia, la técnica, todo aquello que el hombre descubre y que facilita vivir con dignidad nuestra condición. La dimensión religiosa pertenece al ser humano histórico –y prehistórico-. Sentir la realidad de algo o alguien, que nos trasciende, con sus múltiples manifestaciones, pertenece a nuestra condición. También los deseos de algún contacto con ello, con Él. Pues los deseos de plenitud, de perfección, de felicidad total, propios de todo ser humano son reales. Tan reales como imposibles de alcanzar si contamos solo con nosotros, necesitamos de alguien que habite en la plenitud del ser, que nos supera. Todo ello es lo propio de todo ser humano. Y son los valores del reino de Dios, según los sinópticos, o la vida eterna de la que habla San Juan. .


La abolición del hombre

5 de octubre de 2018 2 comentarios

C.S. Lewis tiene un conocido pequeño libro que titula “La abolición del hombre”. Su prosa no es muy fácil de seguir, así como su argumentación. Como resumen y con palabras que podemos entender, viene a decir que prescindir de un fundamento moral que nos viene con nuestra Naturaleza, que él llama de acuerdo con el clásico libro chino, Tao; y exponer la valoración ética a lo que interesa en la sociedad actual, de acuerdo sólo con conocimientos científicos –los únicos en que fundamentarse-, acabarían con la condición de lo humano. Hace ver que pensar el hombre desde los intereses actuales de la sociedad a la luz de la ciencia o de los instintos, es imponer estilo de vida y valoraciones a la posteridad. Se niega, así, el imperativo de la condición humana en cuanto humana a lo largo de los tiempos, para afirmar el imperativo de un momento social concreto de la especie humana. En la base, viene a decir, está la negación de lo objetivo, todo es un producto de la “racionalidad” humana, que es la científica, de acuerdo con diversos intereses de distintas personas en el momento actual. Y en concreto, como no puede ser de otra manera, de los intereses de quienes tienen más influencia en la sociedad. “No es que sean hombres malvados, es que no son hombres. Apartándose del Tao han dado un paso en el vacío. Es que no son hombres en absoluto: son artefactos. La conquista final del hombre ha demostrado ser la Abolición del hombre”.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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