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Desde lo hondo

La cultura de la queja

8 de julio de 2019 0 comentarios

Ha caído en mis manos un libro titulado “La cultura de la queja”, editado el año 1993. El autor, Robert Hughes, denuncia y critica en él la sociedad de Estados Unidos de la época. El libro recoge una serie de conferencias de su autor. El título responde sobre todo a una de ellas. Hughes denuncia la necesidad de encontrar de qué quejarse para vivir. Sin motivo de queja la vida, no digamos la conversación, se vacía. Manifestación de esa situación es el victimismo que se cultiva. La relevancia de la persona se manifiesta en el nivel de su ser víctima. “La queja te da poder…” “Declárate inocente y te la ganas”. “Mientras que ser vulnerable es ser invencible”. Comentando esto un compañero apuntó lo que pedía su abuela: “poco mal y bien quejado”. No es cuestión de subrayarlo como definición de nuestra sociedad; pero sí como invitación a la reflexión: ¿qué puede tener de verdad?


¿Respuesta a todas las peguntas?

24 de mayo de 2019 0 comentarios

Hoy el post no es mío. Me limito a incluir un texto del papa Francisco de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Gaudete et exultate. El subtítulo del documente es “Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual”. El concilio Vaticano II abordó el asunto clásico en la historia de la Iglesia de la santidad. El Vaticano II, ve la santidad en la realización de nuestra condición humana interpretada a la luz del Evangelio. No es santidad de ángeles. A esa condición humana pertenece el encontrarse ante el misterio, es decir, con algo que le atrae y nunca llega a conocer, le rebasa. Es “propio” del ser humano, en el sentido clásico de “propio”: lo que solo se dice de todos y solo de ellos y siempre, en este caso de los seres humanos: el misterio es pues exclusivo de todo ser humano, de cada uno y nunca le abandona. La santidad humana ha de contar pues con el misterio. Y ante el misterio la actitud es la de humilde y continuo intento de ahondar en él, aunque siga siendo misterio. No creer que se le ha dominado o enjaulado en proposiciones evidentes. Gaudete et exultate. 41. Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales. Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.


Ocurrencias y posturas

22 de mayo de 2019 0 comentarios

Ocurre e inmediatamente se decide reaccionar. No se da tiempo para discernir. El discernir es lento…y pesado. Nuestra sociedad exige rapidez y, por eso, levedad. El tiempo necesario es el que permite prever lo que sucederá de inmediato. Lo que suceda a plazo medio o largo no interesa, “carpe diem”. La ocurrencia exige dibujar postura. Posar y generar imagen. Ya con la imagen se socializa la ocurrencia y la postura. Se consigue situarse en el ámbito social que interesa. Conseguido un espacio en la espectro social se logra ser respetado e incluso admirado…y puede que seguido. Los espectadores tampoco van más allá de la postura y la ocurrencia. Son perezosos para la reflexión y el análisis, para discernir, no les interesa la libertad de pensar. Se conforman con la de expresarse.


Una posverdad

19 de mayo de 2019 1 comentarios

No es fácil encontrar a un profesor que no se vea como buen profesor, o a un predicador que no termine satisfecho de su predicación o a un conductor que ponga reparo alguno a su modo de conducir. Sin embargo no cuesta aceptar las valoraciones negativas que pueden hacer de un compañero profesor sus alumnos; con facilidad se ponen peros a la predicación de quien comparte esa función; y se suele ser crítico con la conducción de quien va al volante del coche en el que viaja. El dicho evangélico de Jesús de ver mota en el ojo ajeno y no la viga en el propio es pura descripción de lo que nos sucede. La valoración de lo que nosotros hacemos y de lo mismo realizado por otro está impregnado de posverdad: de verdad interesada, que responde a lo que queremos o necesitamos que sea, no precisamente a lo que es.


FE EN LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

25 de abril de 2019 0 comentarios

Los evangelistas son bastante coincidentes en los relatos de la Pasión y muerte de Jesús. Sin embargo son bastantes dispares, a veces contradictorios, los relatos de las manifestaciones del Resucitado. ¡Cuánto se ha escrito para reinterpretar esas manifestaciones! Se suele decir que las profesiones de de fe en la resurrección más antiguas son las Pablo en sus cartas. Que relatan sólo el hecho de “apariciones” a Pedro y a otros seguidores de Jesús. Los relatos de los evangelistas son posteriores. Tiene su explicación esa diferencia entre los relatos de la resurrección y los de la pasión. Los testigos de la pasión fueron muchos, lo vieron con sus ojos y pudieron contar ellos lo que aconteció. Mientras que los relatos de las “apariciones” de Jesús se apoyan en el testimonio de algunos quienes tuvieron esa experiencia propia de que estaba vivo. No es lo mismo aceptar los relatos de pasión, hechos comprobables, que los de la resurrección que se apoyan en la fe de quienes experimentaron que Jesús el Nazareno estaba vivo. La valentía de Pedro fue proclamar que, a pesar de que a quienes se dirigía pudieron ver a Jesús morir en la cruz, condenado por blasfemo y diversos cargos, ese Jesús estaba sentado a la derecha de Dios como juez de vivos y muertos. Frente a la evidencia sensible mostrar la fe. Como fe rebasa lo evidente, se asienta en el misterio. Los creyentes necesitan rebasar la evidencia empírica de los hechos, y sí tienen la evidencia de algunos que tuvieron experiencia empírica de quien murió en la cruz, se presentan como testigos, cueste lo que cueste, de su resurrección, de que ha superado la muerte y está vivo. Ese testimonio, esa convicción de quienes tuvieron y proclamaron en público la experiencia de la resurrección es el apoyo de su fe. Gracia de Dios aparte.


No hay Viernes santo sin Jueves santo

19 de abril de 2019 0 comentarios

Sin el Jueves santo no se puede entender el Viernes santo. Sin lo que Jesús vive en su interior, la tragedia espectacular, visible a todos, de la muerte en la cruz no tendría sentido, se quedaría en tragedia: una más de las que la historia humana ofrece de cómo un ser humano bueno es apartado violentamente de la vida precisamente por ser bueno. El Jueves santo es el momento en que aflora la bondad de Jesús. La bondad que es auténtica porque tiene como sede el interior del ser humano, sus sentimientos. Lucas manifiesta el deseo hondo de Jesús de celebrar con los suyos la Pascua: “ardientemente he deseado celebrar la Pascua con vosotros”. Juan señala la razón ese deseo: “habiendo mucho a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. El extremo fue la muerte. Pero antes de que esta llegue Juan en los capítulos que van del trece al diecisiete presenta a Jesús amando intensamente a los suyos, expresando nítidamente su amor, y por ese amor preocupado por ellos cuando los vean a su lado. Amor que se manifiesta en la insistencia en llamarles amigos, no siervos, ni solo los discípulos del Maestro, que da sus últimas lecciones. Ellos son ante todo sus amigos, con ellos tiene confianza y por eso les hace confidencias: porque son amigos les comunica lo que el Padre le ha comunicado La amistad es la manifestación suprema del amor, dice santo Tomás de Aquino. La preocupación que surge del amor de su vida cuando no esté, se va exponiendo a lo largo del texto con los consejos, mandatos, que con insistencia les dicta. Han de ayudarse mutuamente, lavarse los pies; porque que amarse unos a otros es lo que por encima todo ha de regir su vida. No tendrán la vida fácil, pero enviará a Espíritu para que les fortalezca. El Padre, el Espíritu Santo y él son uno. Es necesario que sigan confiando en él: pues lo que pidan en su nombre les será otorgado. Quiere dejarlos en la paz, paz que han de cuidar, la “encontraréis paz en mí”. En fin, el capítulo diecisiete recoge la oración que surge de su interior que hierve de amor, que Jesús dirige al Padre por ellos…, no solo por ellos, “por los que crean en mí”. Quien muere en la cruz es quien en la última cena con los suyos, manifiesta los sentimientos de amor, de preocupación por ellos. Nunca como en ese momento afloraron con más precisión y fuerza los sentimientos de Jesús. Los que explican su vida y dan sentido a su muerte. A nosotros nos toca, no imitar lo que hizo Jesús, que nos desborda, pero sí tener sus sentimientos, como pedía Pablo a los cristianos de Filipos. Y partir de ellos construir nuestra vida, comprometerla.


Jurar o prometer

26 de marzo de 2019 0 comentarios

También habéis oído decir que se dijo a los antiguos: “No juréis en falso” y ”Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo que es el trono de Dios; ni por la tierra que es estrado de sus pies, ni por Jerusalén que es la ciudad del Gran Rey. No jures por tu cabeza pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno (Mt. 5,34). Pertenece el texto al Sermón del monte, donde Jesús expone lo más emblemático de su predicación, que incluye las bienaventuranzas, el amor incluso a los enemigos…; y que insiste en lo de “antes es os dijo, yo os digo”, como enmienda o plenitud de las leyes judías. Respecto al juramento no se ha hecho caso en la Iglesia. Legislación eclesiástica impone juramentos previos a obtener oficios eclesiásticos. Se pide jurar que se realizará lo que pertenece a la esencia del ejercicio de ese oficio. En la vida civil el juramento puede ser sustituido por la promesa. Se entiende que los creyentes juran por Dios y los no creyentes prometen decir la verdad. Es decir: los creyentes en Jesús son los que juran en contra de las enseñanzas del mismo Jesús. Y son muchos casos en el ámbito variado de la vida social, política, académica y sobre todo judicial donde se exige juramento. Con esto el juramento se ha devaluado. En las conversaciones normales es fácil oír “te lo juro” para reforzar la afirmación más baladí. Entiendo que lo que se nos enseña en el Sermón de la Montaña debería ser lo que se llevara a la práctica. Y cuanto más creyente se sea, más objeción se ha de poner a jurar. Ha de bastar: “sí, sí, no, no. Lo demás viene del Maligno”.


Exuberancia verbal

3 de marzo de 2019 1 comentarios

Acabo de leer esta expresión como uno de los signos de nuestro tiempo. La exuberancia verbal hace alusión en primer lugar a la profusión de palabras, al “hablar largo y tendido”, a la locuacidad. Pero también se refiere a un estilo de habla. Que podíamos calificar como el hablar a base de superlativos. Deja de aparecer, por ejemplo, “bueno” o “malo”, para convertirse en “muy bueno” o “muy malo”. Se ha generalizado sobre todo en el habla juvenil el añadir el prefijo “super”. “Superbueno”, “supermalo”. El superlativo ahorra el esfuerzo por buscar y exponer argumentos a favor o en contra. Y no admite matices que hagan compleja la exposición o la valoración. La profusión de palabras en el debate sustituye los análisis pacientes de lo que se valora. El signo, toda palabra es signo representación de algo, sustituye a lo que significa: se le da valor en sí misma. Al predicador se le pedía “padre, menos palabras y argumentos reforzados, es lo que necesitamos”. Es típico aprobar al político porque “habla muy bien”, con olvido del valor de lo que dice. La palabra se valora cuando se la mide, cuando es la expresión justa de algo que pensamos, que sentimos. A veces “nos quedamos si palabras”, porque no encontramos cómo expresarnos. Esos silencios son más significativos que las palabras: dicen más. Podemos decir con Blas de Otero, “siempre me queda la palabra”, pero no será una palabra inane o multiplicada sin contenido que expresar, sino cuando subsiste a la falta de otras realidades vitales, cuando ella es la expresión vital, que queda.


Logos y amor

17 de febrero de 2019 0 comentarios

Texto del “corpus joánico” en el prólogo del Evangelio es el que dice que Dios es el “logos”. Tradúzcase como “palabra” o “verbo”, el término griego implica no sólo una palabra que se pronuncia, sino que hace referencia a una lógica, a un fundamento racional, diríamos con toda imprecisión, la propia de cuando nos referimos al misterio. Dios es la explicación de lo que existe, quien ayuda comprendernos y a comprender el mundo en que vivimos: es origen y razón de lo existente dice el texto joánico. A este mismo cuerpo joánico pertenece la expresión “Dios es amor”. Se produce u paso de la lógica al afecto. Complemento de la lógica, de la visión intelectual es añadir la dimensión afectiva. A partir de ahí se puede decir que la lógica que heredamos de Dios es la del amor. El logos hace referencia a colocarse bien en el mundo, ante el mundo, encontrar la razón de lo que existe. Esa razón es el amor. La explicación del mundo, de su existencia, y de nosotros con un protagonismo específico en él, no se puede entender si en el origen de todo no estuviera el amor. Tanto la creación, como la recreación humana son obra de amor, cualidad de la lógica divina. También ha de ser de la lógica humana, del ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios-Amor.


Flores, frutos, raíces

10 de febrero de 2019 2 comentarios

Ayer contemplé el primer almendro en flor de El Retiro. En medio de tanto árbol desnudo, éste se viste de flores y anuncia que día a día será seguido por sus compañeros del “Huerto de los almendros”. Se adelantarán a las mimosas. Me gusta en pleno invierno caminar por una zona de los árboles de hoja perenne. Son encinas, humildes y sólidas encinas, indiferentes al otoño e invierno. Mantienen sin espectacularidad florida su verdad sólida. Sus raíces y la savia que de ellas sube lo que las mantiene vestidas, humildemente, pero vestidas. Siempre se ha dado relieve a lo aparente, a la flor y al fruto. Este tiempo posmoderno, lo avala desde una base académica, que se inclina por el relato, el pensamiento débil, la falta de discurso y la verdad en lo aparente. Flores y frutos es lo que vemos y agradecemos de los árboles. La savia que desde la raíz oculta corre por el tronco pasa desapercibida. Al menos para el espectador. Y es ser espectador la función que adquiere un relieve en nuestra sociedad. Estar presente en lo que sucede. Lo que sucede por definición pasa. Y con rapidez, no deja tiempo a preguntarse el porqué de lo que sucede. El brillo deslumbra. No se encuentra tiempo para detenerse y pensar a qué se debe la flor, a qué el fruto: ¿quién piensa en la raíz, la savia? Sólo quienes quieren que el árbol no sea espectáculo de un tiempo más o menos corto, se esfuerza en que se “consolide”, que esté fijo bien el suelo, bien enraizado. Cuidar las flores y el fruto exige cuidar, conocer y actuar en la raíz. No olvidarla.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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