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Desde lo hondo

Halloween

2 de noviembre de 2022 0 comentarios

Los “bárbaros” del Norte invadieron el imperio romano, se hicieron los jefes de los pueblos, pero fueron romanizados por estos. Hoy tenemos diversas invasiones de los “bárbaros” del Norte. Una es la “celebración” de la llamada Halloween, y…nos barbarizan. Y además sin constituirse en jefes políticos; basta con un liderazgo generado por intereses comerciales; que prescinden de cualquier reflexión seria y honda sobre la vida y la muerte. El triunfo de la frivolidad subhumana. Existe interés por “ir por las ramas” del árbol de la vida. No existe esfuerzo para ir a la savia que nutre y da vida al árbol, que lo hace crecer y dar fruto y que se consume hasta que no puede más, y “el árbol muere de pie”… como Casona titulaba una de sus obras.


¿Qué separa más a la sociedad?

30 de octubre de 2022 0 comentarios

En muchos lugares del mundo se experimentan movimientos separatistas. ¿A que se deben? Las razones que esgrimen los separatistas son nobles: defender nuestros orígenes, tradiciones, nuestra lengua, nuestras costumbres. Razones verosímiles, ¿son las verdaderas? No me gusta generalizar, pero entiendo que, en no pocos lugares, la razón verdadera es que los separatistas son los ricos, que no quieren compartir su riqueza con los pobres del Estado. Es cuestión de fijarse en lo que sucede no lejos de nosotros. Desde la perspectiva del que entiende que el fruto de lo que él vale y de su trabajo ha de ser para él, no tiene por qué compartirlo, existe una cierta lógica en querer llevar vida aparte, separarse. Pero cuando se profesa, que vivir es convivir, que es compartir lo que se es y se tiene, y acercarse al necesitado que nos necesita, desaparece esa lógica. Es fenómeno reconocido en el ámbito cristiano que movimientos regionalistas o separatistas son promovidos por personas “religiosas”, promotores de la fe cristiana por vocación. Lo hacen por “sentir con el pueblo”, ser uno de ellos. Con reducción del pueblo a un espacio geográfico concreto. Que se se impone sobre la exigencia cristiana de compartir vida, bienes y cualidades humanas con los demás. No establecer fronteras entre ricos y pobres. Dicho sea esto para ayudar a reflexionar sobre el fenómeno del separatismo, sin pretensiones de dictar juicios de buenos y malos.


No hay bondad sin verdad

14 de julio de 2022 1 comentarios

Sí he recordado aquello de los “trascendentales”: unum, verum, bonum. Al que a veces se añadía pulchrum. “Trascendentales”, porque -sin meterme en honduras- superaban todo confín, trascendían a toda otra realidad, y estaban debían estarlo en todas. Ya sé, lo que digo suena a pura especulación alejado del vivir de cada día. Quizás no sea así, pero el recorrido, desde esos conceptos hasta lo que se siente en el día a día, sería muy largo. Solo quiero apuntar la relación entre verdad y bondad en uno de los aspectos del vivir, el ámbito que se mueve entre la comprensión y el perdón respecto al otro. El perdón está en el núcleo de nuestra condición cristiana, y, por lo tanto, humana. No perdonar a quien nos ofende, es apartarse de la mínima exigencia cristiana. Es “condenarse”, pues necesitamos el perdón de Dios y nosotros en el Padrenuestro lo condicionamos a que nosotros perdonemos. Perdonar exige haber detectado algo mal en el otro, que a nosotros nos hiere. Perdonar tiene una dimensión peligrosa: quien perdona se sitúa por encima de los perdonados. Es acto de bondad, pero puede no responder a la verdad. La verdad exigiría ver los factores que intervienen en el otro para que llegue a ofender. La búsqueda de esa verdad, se alinea en el esfuerzo en la comprensión de quien ofende. Esa búsqueda de la verdad no negará que lo hecho esté mal, pero referido a quien lo hace, el que es perdonado, puede tener cierta justificación que anule o limite lo que tenga de ofensa el mal. En ese caso se le comprende. Puede que se le disculpe. Pero no sería el perdón la actitud lógica. Es buscar la verdad lo que lleva a que más que perdón, surja la comprensión ,o al menos, la disculpa. El esfuerzo por la verdad debe ser previo al esfuerzo por la bondad del perdón. Dicho de otra manera: se ha de aplicar la inteligencia a la compresión del hecho y de quien lo hace antes de perdonar. La bondad puede estar en la comprensión, no en el perdón, porque en la comprensión está más cerca de la verdad. No estará mal recordar que la verdad que hemos de buscar sobre todo es la verdad de lo que somos, de cómo vivimos y convivimos; aplicación inmediata del “conócete a ti mismo” del oráculo de Delfos. Ese conocimiento de sí mismo, es imprescindible para valorar la bondad propia y la del otro. Por lo tanto para inclinarse por la comprensión antes del perdón.


Libertad para escuchar

15 de junio de 2022 0 comentarios

De esta libertad no se suelo hablar. Por supuesto no se puede comparar con lo que se habla y escribe sobre la libertad de expresión. ¿Existe esa libertad de escucha? O si no gusta lo que alguien dice, ¿se le argumentará que siempre puede apartarse de la conversación o lectura, o taparse los oídos? Parece que sí se es sensible a no tener por qué sufrir ruidos o altos decibelios. Más aún, una crítica que se suele hacer de las personas es la de que solo escucha lo que quiere escuchar, por ejemplo, lo que halaga sus oídos. ¿No hay derecho, pues, a exigir no escuchar groserías o irreverencias, o insultos… porque chocaría con la libertad de expresarse? Ante la protesta por no respetar esa libertad ¿vale la respuesta “tápate los oídos”; pero nunca se puede decir al que habla, “hable a las piedras o al menos no a mí”? El ejercicio de la libertad es ejercicio no fácil, tiene que ser matizado. Pero, en todo caso ha de ser social, como es social por definición quien lo exige, el ser humano. Por ello ha de contar con los demás; no ejercerlo al margen de ser consciente de que vivir es convivir. El ejercicio de la libertad de expresión, ha de contar con el derecho a la libertad de la escucha.


Entre el vacío y la levedad

11 de junio de 2022 0 comentarios

Estamos hechos para la gravedad. O es nuestro mundo el que nos la impone. Los astronautas han de aprender a vivir sin percibir la atracción del suelo, sustancial a nuestro existir. A veces existen vidas que se mueven con ligereza, sin el peso de ocupaciones y preocupaciones. Ligereza porque no son arrastradas por ellas, viven una especie de levedad o ingravidez. El descanso de la persona implica sentir esa levedad mental. Algo distinto del vacío. Porque el vacío no existe, o al menos no resiste mucho tiempo. Me refiero al vacío mental. Ni siquiera existe en el sueño. La mente ha de sentirse activa y necesita algo de que ocuparse. El vacío mental nos desconcierta, lleva a no encontrar sentido a ser, a vivir. Vivimos para algo. Sin ocupación nuestra mente sufre una implosión. Pierde unidad, se desmenuza, ocupada asuntos superficiales, irrelevantes, sin entidad. Puede suceder en la jubilación cuando se deja de tener responsabilidades que la sociedad, la familia, la comunidad te ha solicitado a lo largo de los años. Cuando no sirves para lo que has servido. Se gana en ligereza mental y vital, a la vez se corre el peligro del vacío. Se gana en libertad que brota de la indeterminación, se pierde en libertad que surge de la opción, en su dimensión social, comunitaria. Hay que saber vivir cada momento, sin que el momento sea el final de la historias: solo una circunstancia de ella.


El camino sinodal

9 de junio de 2022 0 comentarios

Desconozco la repercusión que en la Iglesia está teniendo la invitación del Papa a reflexionar y tomar decisiones sobre cómo caminar juntos. La Iglesia está implantada en diversas culturas, en pueblos con distinta historia: unos “viejos” cristianos, otros que hace poco tiempo que han tenido noticia del proyecto cristiano. Esta diversidad se manifiesta en la vida, en las inquietudes y reacciones diversas a la estructura de la Iglesia, en concreto a la jerárquica. También, y sobre todo en ámbitos occidentales de tradición cristiana, se producen reacciones distintas: unos que buscan la democratización, reducir las diferencias que establece el orden presbiteral, en el pueblo de Dios. Otros prefieren la comodidad: que sean otros los que hagan el camino; les cuesta dedicar tiempo a reflexionar sobre como vivir su fe, y se quedan en lo que dicten quienes vienen a ser los profesionales de la reflexión, y, por tanto, de la decisión dentro de la Iglesia. Estos tienen además como apoyo los que quieren mantener la estructura consolidada, porque es la que les permite a ellos tomar decisiones y organizar la vida cristiana según sus intereses. Caminar juntos implica sentirse a gusto con el compañero de camino, acomodar el ritmo de uno al de los demás, estar dispuestos a ayudar a caminar, y a dejarse ayudar. Supone darse tiempo para reflexionar -y a orar-: para escuchar lo que otros dicen después de su reflexión -y oración-. También implica caminar mental, tener sentido histórico de la vida de la Iglesia, semper reformanda. Si eso se fuera logrando, estábamos constituyendo ya la Iglesia sinodal. Como decían los clásicos, somos “viatores”, caminantes. Y la iglesia “peregrina”. Su ser se realiza en el camino. Eso sí, no se puede perder de vista el horizonte, el fin del camino, para que no sea un caminar ciego.


El futuro de la Iglesia a treinta años vista

22 de febrero de 2022 1 comentarios

La revista Vida Nueva hace un tiempo se atrevió a pronosticar cómo va a ser la Iglesia de dentro de treinta años. Los autores de los pronósticos parten de que los movimientos actuales en la Iglesia y la sociedad se mantendrán y se acentuarán siguiendo una línea continúa durante esos treinta años. De este modo es fácil prever una Iglesia con menos presencia en la vida social, con un número muy inferior de sacerdotes, con una vida consagrada con muchos menos integrantes tanto de mujeres como de varones, con una presencia mayor y más cualificada de laicos en la vida de la Iglesia; con una mayor presencia de la mujer, que, al mantener la línea de digna reivindicación de la mujer, puede llevar a saltar a ejercer el ministerio presbiteral; a su vez por la presión ya existente y siguiendo otros modelos que existen en la iglesia católica, no exigirá el celibato para ejercer dicho ministerio. Siempre habría que aclarar que se está pensando en la Iglesia en el Occidente, creo que no se tiene en consideración cómo será la Iglesia en África, en Asia-Pacífico, por ejemplo. Prever todo esto no parece demasiado aventurado. Pero se parte de una premisa: los cambios que ahora se observan no tienen vuelta atrás, porque se apoyan en un ambiente social y en unas ideas que surgen de él y los consolidan sin retorno posible. No sé hasta qué punto la historia está a favor de esa premisa o más bien nos muestra que existen “conquistas definitivas”, pero también vuelta a tiempos anteriores, mejores o peores, distintos en cualquier caso. Ante la velocidad que se dice y experimentamos que evoluciona la sociedad habrá que estar preparado para lo imprevisible en el sentido etimológico del adjetivo: lo no previsible. Aunque en estos tiempos existan experiencias que no apoyen jugarse todo a previsiones en la línea de lo actualmente dominante. Hemos experimentado crisis económicas que, por lo visto, eran imprevisibles, ascensos al poder de personas por las que tiempo atrás nadie apostaba, reacciones en la misma Iglesia que se han detenido en tiempos pasados, fieles cristianos, a veces eclesialmente cualificados, e instituciones eclesiales, que se negaban a aceptar los cambios habidos. Lo pendular también es un movimiento presente en la historia de la Iglesia. En cualquier caso, bien esta prever…; pero con humildad, la que exige adelantar cómo será el futuro no tan inmediato. La humildad siempre denota inteligencia y viceversa. Ambas impiden moverse entre el miedo a la catástrofe con aires apocalípticos, y la ilusión de soñar “despiertos” en el paraíso futuro. Siempre esperanzados, nunca ilusos. Desde la esperanza, que no exige reiterar los momentos de que podían calificarse de vigor de la Iglesia, sin exigir lo que más utopía puede ser una ilusión, es cómo el Papa quiere, así lo entiendo, que el pueblo cristiano, en la gran variedad de estilos de Iglesia en el mundo, participe en el movimiento sinodal


Persuasivo, expositivo

17 de febrero de 2022 0 comentarios

Leo estos día a Ramón Pérez de Ayala, leo sus comentario diversos, sobre algunos personajes contemporáneos más o menos de él, y escritores como él. A propósito de uno de los personajes que comenta, creo que Juan Valera, se desvía a comentar la diferencia entre la línea cartesiana, que pretende exponer las respuestas a cuestiones última, como qué define al ser humano, quién es Dios, cuáles los principios del saber, las verdades fijas sobre las que se ha de establecer; y entre la corriente británica, que está dirigida más a la acción, al modo de actuar. La línea cartesiana expone lo que cree que debe conocerse; ante todo, el ser humano; la línea pragmatista británica trata de persuadir cómo hay que actuar. Cuando escucho a los políticos entiendo que ellos han de persuadir, más que a base de ideas, de valoraciones sobre lo que ellos hacen, frente a lo que hacen o no hace la oposición. Pretenden persuadir porque dependen del voto de aquellos a los que se dirigen. Y estos no suelen dedicar tiempo a reflexionar, sino a actuar. Las homilías de las eucaristías a veces son persuasivas, estimulan directamente a la acción, a base de una “oratoria” específica ordenada a la acción. Otras son más expositivas, ofrecen, con un gran esfuerzo de resumen, lo que somos como cristianos, lo que nos dice la Palabra de Dios, cuál es su adecuada interpretación. La mente así “informada”, ha de ayudar a reflexionar sobre cómo actuar de acuerdo con lo que es. El persuadido por lo que ha oído de otro, actúa arrastrado por la fuerza de la exposición. Quien expone cree en la fuerza de la verdad; el que persuade se apoya más en su autoridad y en su modo de exponer la bondad de lo que hay que hacer. El pecado del que se apoya en la verdad puede ser, falta de entusiasmo y compromiso para actuar de acuerdo con lo que exige su verdad. El pecado del persuadido, es que la base en que se apoya su actuación, no esté en una reflexión madura por él realizada y una decisión que surge de ella, y esté expuesto a no saber superar circunstancias adversas a su actuar.


VUCA, en español VICA

11 de enero de 2022 0 comentarios

Versátil, Incierto, Complejo y Ambiguo; así dicen que es nuestro mundo, nuestra sociedad. Al decir “nuestra sociedad” se quiere decir, “nuestra economía”, “nuestra política”, “nuestra cultura” y “nuestra religión”, yendo de menos a más en relevancia. ¿Dónde queda la verdad en ese mundo VICA? Se responde: “en la eficacia”: “posverdad”. ¿En qué consiste la eficacia? Respuesta: en invertir el orden de importancia: la religión en función de la cultura, la cultura en función de la política, la política en función de la economía. O de otra manera, el “bienser” en función del bienestar, De ordinario no se es tan explícito en los pronunciamientos, pero sí en los procedimientos. Que responden a los intereses individuales y, por tanto, colectivos de la sociedad conformada por quienes tienen esos intereses individuales. Y terminan dominando los sentimientos: amores interesados, eficaces, VICAs: versátiles, inciertos, complejos, ambiguos. De los adjetivos que compone el acrónimo, “complejo” es el que creo que hemos de considerar como eje. Y a partir de él valorar lo de versátil, incierto y ambiguo. Ser “complejo” pertenece al ámbito de lo humano. Lo contrario es simplificar ese ámbito y, por tanto, reducirlo. Lo “uno” pertenece a lo formal, como las matemáticas, en la realidad solo Dios es uno. Uno como único y como simple. El ser humano es único, no hay otro como él, pero no uno, si bien sí, por usar términos clásicos, indiviso. Una sociedad formada por miembros “únicos”, tiene que ser compleja. Sin embargo, esa sociedad, como el propio ser humano, como lo complejo, ha de evolucionar hacia lo uno, a conformar diversidades, sin uniformar. Para ello están las verdades, los principios que han de guiar la constitución, la construcción, del ser humano y de la misma sociedad. Vivir como seres humanos ha de ser aceptar la complejidad y caminar hacia la unidad. Sin atajos, sin quemar etapas, y sabiendo que no se llegará a la unidad plena. En ese proceso aparecerá la versatilidad, la incertidumbre, la ambigüedad, hay que contar con ello. No se puede terminar el proceso de modo simple antes de tiempo, con un dogma o una decisión “terminante” –en el sentido literal de fin del proceso-. Decisiones habrá que tomar, pero conscientes que no responde a la única verdad ni a la última palabra; sólo a la necesidad de avanzar en el proceso hacia lo verdadero, conscientes de que no se clausura ni la información ni la decisión. Un mundo VICA puede expresar la realidad; pero no hay por qué resignarse sin esfuerzo a ella, es punto de partida del esfuerzo humano, individual y social, para que cada vez sea menos VICA. Eso es vivir humanamente, caminar hacia ser mejor y construir una sociedad mejor.


Navidad y ser humano

5 de enero de 2022 0 comentarios

Decía el presidente de la CONFER en una reciente entrevista que la crisis de Dios en nuestra sociedad era un reflejo de la crisis de la persona humana. Crisis de la condición humana siempre habrá existido. Una crisis que se reduce a frivolizar lo que somos como personas humanas. Una frivolización que es consecuencia o modo de realizarse de la superficialidad de nuestros intereses, de nuestros deseos, de lo que queremos hacer de nosotros. Si se acepta, incluso en ámbitos académicos, que es el pensamiento frágil, no pasar del relato, de lo que hay sin tratar de interpretarlo; o “la limitación conceptual voluntaria” (Pérez de Ayala), consecuencia de reducir el conocer -el saber- a lo científico; junto a la tesis del fragmento, lo que conforma un ser humano; en las inquietudes de su vivir no cabe pensar en lo que es, en su hondura entitativa; y, para un creyente, en cuál es proyecto de Dios de persona humana. En general, no tienen cabida las grandes preguntas que tampoco la ciencia experimental puede resolver, sobre el origen, el destino, la misma condición humana, de uno y del otro. Sin formularse esas preguntas Dos es un ser ajeno. A lo sumo un Dios apagafuegos, al que se acude cuando no hay otro remedio. Pero que no es solicitado para apagar el fuego de la frivolidad que se manifiesta en el ardor por una vida superficial, que se queda en el vivir cómodo, cerrado en sí mismo o en los suyos. Que, ¡cuántas veces!, conduce ante la frustración al vivir sin sentido, sin amor; incluso a preferir no vivir. Sin embargo, ¿sin embargo o por eso?, existe la Navidad, la presencia de Dios asumiendo nuestra misma naturaleza, para reconducirla a su nobleza, a su dignidad. Lo triste es no percibir que necesitamos esa ayuda “divina” para ser lo que somos y tener conciencia de ello. Es triste no llegar a la verdad de la Navidad, quedarse en lo epidérmico, en el símbolo, sin llegar a lo que simboliza.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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