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Desde lo hondo

Una posverdad

19 de mayo de 2019 0 comentarios

No es fácil encontrar a un profesor que no se vea como buen profesor, o a un predicador que no termine satisfecho de su predicación o a un conductor que ponga reparo alguno a su modo de conducir. Sin embargo no cuesta aceptar las valoraciones negativas que pueden hacer de un compañero profesor sus alumnos; con facilidad se ponen peros a la predicación de quien comparte esa función; y se suele ser crítico con la conducción de quien va al volante del coche en el que viaja. El dicho evangélico de Jesús de ver mota en el ojo ajeno y no la viga en el propio es pura descripción de lo que nos sucede. La valoración de lo que nosotros hacemos y de lo mismo realizado por otro está impregnado de posverdad: de verdad interesada, que responde a lo que queremos o necesitamos que sea, no precisamente a lo que es.


FE EN LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

25 de abril de 2019 0 comentarios

Los evangelistas son bastante coincidentes en los relatos de la Pasión y muerte de Jesús. Sin embargo son bastantes dispares, a veces contradictorios, los relatos de las manifestaciones del Resucitado. ¡Cuánto se ha escrito para reinterpretar esas manifestaciones! Se suele decir que las profesiones de de fe en la resurrección más antiguas son las Pablo en sus cartas. Que relatan sólo el hecho de “apariciones” a Pedro y a otros seguidores de Jesús. Los relatos de los evangelistas son posteriores. Tiene su explicación esa diferencia entre los relatos de la resurrección y los de la pasión. Los testigos de la pasión fueron muchos, lo vieron con sus ojos y pudieron contar ellos lo que aconteció. Mientras que los relatos de las “apariciones” de Jesús se apoyan en el testimonio de algunos quienes tuvieron esa experiencia propia de que estaba vivo. No es lo mismo aceptar los relatos de pasión, hechos comprobables, que los de la resurrección que se apoyan en la fe de quienes experimentaron que Jesús el Nazareno estaba vivo. La valentía de Pedro fue proclamar que, a pesar de que a quienes se dirigía pudieron ver a Jesús morir en la cruz, condenado por blasfemo y diversos cargos, ese Jesús estaba sentado a la derecha de Dios como juez de vivos y muertos. Frente a la evidencia sensible mostrar la fe. Como fe rebasa lo evidente, se asienta en el misterio. Los creyentes necesitan rebasar la evidencia empírica de los hechos, y sí tienen la evidencia de algunos que tuvieron experiencia empírica de quien murió en la cruz, se presentan como testigos, cueste lo que cueste, de su resurrección, de que ha superado la muerte y está vivo. Ese testimonio, esa convicción de quienes tuvieron y proclamaron en público la experiencia de la resurrección es el apoyo de su fe. Gracia de Dios aparte.


No hay Viernes santo sin Jueves santo

19 de abril de 2019 0 comentarios

Sin el Jueves santo no se puede entender el Viernes santo. Sin lo que Jesús vive en su interior, la tragedia espectacular, visible a todos, de la muerte en la cruz no tendría sentido, se quedaría en tragedia: una más de las que la historia humana ofrece de cómo un ser humano bueno es apartado violentamente de la vida precisamente por ser bueno. El Jueves santo es el momento en que aflora la bondad de Jesús. La bondad que es auténtica porque tiene como sede el interior del ser humano, sus sentimientos. Lucas manifiesta el deseo hondo de Jesús de celebrar con los suyos la Pascua: “ardientemente he deseado celebrar la Pascua con vosotros”. Juan señala la razón ese deseo: “habiendo mucho a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. El extremo fue la muerte. Pero antes de que esta llegue Juan en los capítulos que van del trece al diecisiete presenta a Jesús amando intensamente a los suyos, expresando nítidamente su amor, y por ese amor preocupado por ellos cuando los vean a su lado. Amor que se manifiesta en la insistencia en llamarles amigos, no siervos, ni solo los discípulos del Maestro, que da sus últimas lecciones. Ellos son ante todo sus amigos, con ellos tiene confianza y por eso les hace confidencias: porque son amigos les comunica lo que el Padre le ha comunicado La amistad es la manifestación suprema del amor, dice santo Tomás de Aquino. La preocupación que surge del amor de su vida cuando no esté, se va exponiendo a lo largo del texto con los consejos, mandatos, que con insistencia les dicta. Han de ayudarse mutuamente, lavarse los pies; porque que amarse unos a otros es lo que por encima todo ha de regir su vida. No tendrán la vida fácil, pero enviará a Espíritu para que les fortalezca. El Padre, el Espíritu Santo y él son uno. Es necesario que sigan confiando en él: pues lo que pidan en su nombre les será otorgado. Quiere dejarlos en la paz, paz que han de cuidar, la “encontraréis paz en mí”. En fin, el capítulo diecisiete recoge la oración que surge de su interior que hierve de amor, que Jesús dirige al Padre por ellos…, no solo por ellos, “por los que crean en mí”. Quien muere en la cruz es quien en la última cena con los suyos, manifiesta los sentimientos de amor, de preocupación por ellos. Nunca como en ese momento afloraron con más precisión y fuerza los sentimientos de Jesús. Los que explican su vida y dan sentido a su muerte. A nosotros nos toca, no imitar lo que hizo Jesús, que nos desborda, pero sí tener sus sentimientos, como pedía Pablo a los cristianos de Filipos. Y partir de ellos construir nuestra vida, comprometerla.


Jurar o prometer

26 de marzo de 2019 0 comentarios

También habéis oído decir que se dijo a los antiguos: “No juréis en falso” y ”Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo que es el trono de Dios; ni por la tierra que es estrado de sus pies, ni por Jerusalén que es la ciudad del Gran Rey. No jures por tu cabeza pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno (Mt. 5,34). Pertenece el texto al Sermón del monte, donde Jesús expone lo más emblemático de su predicación, que incluye las bienaventuranzas, el amor incluso a los enemigos…; y que insiste en lo de “antes es os dijo, yo os digo”, como enmienda o plenitud de las leyes judías. Respecto al juramento no se ha hecho caso en la Iglesia. Legislación eclesiástica impone juramentos previos a obtener oficios eclesiásticos. Se pide jurar que se realizará lo que pertenece a la esencia del ejercicio de ese oficio. En la vida civil el juramento puede ser sustituido por la promesa. Se entiende que los creyentes juran por Dios y los no creyentes prometen decir la verdad. Es decir: los creyentes en Jesús son los que juran en contra de las enseñanzas del mismo Jesús. Y son muchos casos en el ámbito variado de la vida social, política, académica y sobre todo judicial donde se exige juramento. Con esto el juramento se ha devaluado. En las conversaciones normales es fácil oír “te lo juro” para reforzar la afirmación más baladí. Entiendo que lo que se nos enseña en el Sermón de la Montaña debería ser lo que se llevara a la práctica. Y cuanto más creyente se sea, más objeción se ha de poner a jurar. Ha de bastar: “sí, sí, no, no. Lo demás viene del Maligno”.


Exuberancia verbal

3 de marzo de 2019 1 comentarios

Acabo de leer esta expresión como uno de los signos de nuestro tiempo. La exuberancia verbal hace alusión en primer lugar a la profusión de palabras, al “hablar largo y tendido”, a la locuacidad. Pero también se refiere a un estilo de habla. Que podíamos calificar como el hablar a base de superlativos. Deja de aparecer, por ejemplo, “bueno” o “malo”, para convertirse en “muy bueno” o “muy malo”. Se ha generalizado sobre todo en el habla juvenil el añadir el prefijo “super”. “Superbueno”, “supermalo”. El superlativo ahorra el esfuerzo por buscar y exponer argumentos a favor o en contra. Y no admite matices que hagan compleja la exposición o la valoración. La profusión de palabras en el debate sustituye los análisis pacientes de lo que se valora. El signo, toda palabra es signo representación de algo, sustituye a lo que significa: se le da valor en sí misma. Al predicador se le pedía “padre, menos palabras y argumentos reforzados, es lo que necesitamos”. Es típico aprobar al político porque “habla muy bien”, con olvido del valor de lo que dice. La palabra se valora cuando se la mide, cuando es la expresión justa de algo que pensamos, que sentimos. A veces “nos quedamos si palabras”, porque no encontramos cómo expresarnos. Esos silencios son más significativos que las palabras: dicen más. Podemos decir con Blas de Otero, “siempre me queda la palabra”, pero no será una palabra inane o multiplicada sin contenido que expresar, sino cuando subsiste a la falta de otras realidades vitales, cuando ella es la expresión vital, que queda.


Logos y amor

17 de febrero de 2019 0 comentarios

Texto del “corpus joánico” en el prólogo del Evangelio es el que dice que Dios es el “logos”. Tradúzcase como “palabra” o “verbo”, el término griego implica no sólo una palabra que se pronuncia, sino que hace referencia a una lógica, a un fundamento racional, diríamos con toda imprecisión, la propia de cuando nos referimos al misterio. Dios es la explicación de lo que existe, quien ayuda comprendernos y a comprender el mundo en que vivimos: es origen y razón de lo existente dice el texto joánico. A este mismo cuerpo joánico pertenece la expresión “Dios es amor”. Se produce u paso de la lógica al afecto. Complemento de la lógica, de la visión intelectual es añadir la dimensión afectiva. A partir de ahí se puede decir que la lógica que heredamos de Dios es la del amor. El logos hace referencia a colocarse bien en el mundo, ante el mundo, encontrar la razón de lo que existe. Esa razón es el amor. La explicación del mundo, de su existencia, y de nosotros con un protagonismo específico en él, no se puede entender si en el origen de todo no estuviera el amor. Tanto la creación, como la recreación humana son obra de amor, cualidad de la lógica divina. También ha de ser de la lógica humana, del ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios-Amor.


Flores, frutos, raíces

10 de febrero de 2019 2 comentarios

Ayer contemplé el primer almendro en flor de El Retiro. En medio de tanto árbol desnudo, éste se viste de flores y anuncia que día a día será seguido por sus compañeros del “Huerto de los almendros”. Se adelantarán a las mimosas. Me gusta en pleno invierno caminar por una zona de los árboles de hoja perenne. Son encinas, humildes y sólidas encinas, indiferentes al otoño e invierno. Mantienen sin espectacularidad florida su verdad sólida. Sus raíces y la savia que de ellas sube lo que las mantiene vestidas, humildemente, pero vestidas. Siempre se ha dado relieve a lo aparente, a la flor y al fruto. Este tiempo posmoderno, lo avala desde una base académica, que se inclina por el relato, el pensamiento débil, la falta de discurso y la verdad en lo aparente. Flores y frutos es lo que vemos y agradecemos de los árboles. La savia que desde la raíz oculta corre por el tronco pasa desapercibida. Al menos para el espectador. Y es ser espectador la función que adquiere un relieve en nuestra sociedad. Estar presente en lo que sucede. Lo que sucede por definición pasa. Y con rapidez, no deja tiempo a preguntarse el porqué de lo que sucede. El brillo deslumbra. No se encuentra tiempo para detenerse y pensar a qué se debe la flor, a qué el fruto: ¿quién piensa en la raíz, la savia? Sólo quienes quieren que el árbol no sea espectáculo de un tiempo más o menos corto, se esfuerza en que se “consolide”, que esté fijo bien el suelo, bien enraizado. Cuidar las flores y el fruto exige cuidar, conocer y actuar en la raíz. No olvidarla.


¿Obras son amores?

5 de febrero de 2019 0 comentarios

El autor dice que el amor, esencial a la fe cristiana, no es un sentimiento, sino que es actuar. Es cierto que son abundantes lo textos de la Sagrada Escritura en los que se dice que amar es comprometerse en la ayuda al otro, en no ser indiferente a su dolor, o penuria. Se ha de amar al prójimo, pero quien sabe quién es el prójimo a quien amar es el samaritano que actúa, que se compromete en ayudar al malherido que se encuentra en el camino. No sabe de amor el levita y el sacerdote que se despreocupan, que no actúan. El reino preparado por Dios para los hombres acogerá a los que dan de comer, dan de ver, acogen al peregrino…, a quien actúa a favor del necesitado. Obran éstos humanamente, por eso alcanzará el reino preparado para los seres humanos. El que se desentiende de los que necesitaban ayuda al otro, obran inhumanamente y por eso no pueden ser acogido en lo preparado a los seres humanos, sino que irán a juntarse con los ángeles malos. Así de claro aparece el compromiso de la acción el mensaje de Jesús. San Pablo dice en el famoso himno al amor de I Corintios: “si repartiera mis todos bienes entre los necesitados y…, si no tengo amor nada me serviría”. Jesús en el evangelio ya enseñó que no bastaba hacer oración y ayunos o dar limosna, sino que había que atender a por qué se hacía. Cuando se habla de dar de comer al hambriento, de beber al sediento…etc, se dice que son obras de misericordia. No sólo obras, sino obras que surgen de un sentimiento previo, la misericordia. Ello viene a exigir, pues, que el sentimiento del amor es imprescindible para que haya, eso, amor. Eso sí sentimiento hondo, asumido en lo profundo del ser; no una emoción efecto de unas imágenes televisivas de la miseria humana, que como llegan se van y con ellas la emoción. El amor no es epidérmico, la emoción no pocas veces sí. El por qué se hace lo que se hace es imprescindible para valorar lo que se hace. La bondad está en principio en el interior del ser humano, en sus sentimientos, en sus intereses. Cuando éstos están arraigados necesariamente se manifiestan en obras. ¡Que se lo pregunten a los padres, a las madres respecto a sus hijos! No necesitan ningún mandamiento para atenderles en sus necesidades, basta el amor. Siempre es eficaz el amor cuando es realmente amor, siempre se realiza en obras. Lo contrario no es tan seguro: obras objetivamente buenas, como la limosna, dar e comer o beber… no siempre se hacen por amor, por misericordia…ni por justicia.


La moral cristiana entre el legalismo y la utopía

21 de enero de 2019 0 comentarios

Nada más escribir el título me siento incapaz de en pocas líneas decir algo de interés. El autor que tengo ahora entre manos, Peter L. Berger, en su obra Una gloria lejana, dice; “En mi opinión la fe cristiana propone una actitud moral que no es legalista ni utópica”. Quizás al hablar de actitud prescinde de las consecuencias de la acción –o la inacción-, se queda en una disposición interior. Y sí es en el interior donde reside la cualidad moral. Si fuera legalista lo que nos dejaría éticamente satisfecho es haber cumplido la ley. Si la ley es “divina” no cabe la pregunta sobre si es ley justa. Se va a misa los domingos por cumplir la ley eclesiástica que legisla cuándo y cómo aceptar el mandato de Jesús “haced esto en memoria mía”, o sea la necesidad de introducir la eucaristía en la vida cristiana. La utopía se refiere a algo inalcanzable, pero que no es ilusión, existe la posibilidad y la exigencia de acercarnos a ello. Si buscamos lo utópico en el caso de la eucaristía la celebraríamos cuando estábamos embargados por los sentimientos que movieron a Jesús para celebrar la última cena: “habiéndolos amado mucho, los amó hasta el fin”. Si falta ese amor diría el utópico radical ¿para qué celebrar la eucaristía? Existe una respuesta: “se celebra la eucaristía para aproximarse más a esos sentimientos de Jesús, con la conciencia de que queda amplio margen para conseguirlo”. Esta respuesta se aparta de la razón legal que se reduce a decir: “voy a misa los domingos porque es un mandato de la Iglesia”. En la respuesta no legalista se introduce, pues, el sentimiento. Esto nos lleva a hacer presente la distinción de Max Weber, refiriéndose en concreto a la ética política, entre moral de sentimientos y moral de responsabilidad. Y entraríamos en una dilucidación harto compleja. Si bien de gran interés. Que en un resumen precipitado se plantearía así: ¿puede el responsable político dejarse llevar por sus sentimientos más nobles si ello conlleva prejuicio para los ciudadanos? Como por ejemplo: ¿la misericordia ante el delincuente, o el rechazo de todo sentimiento que implique violencia hacia el otro se ha de mantener, si se impide la disuasión de delinquir y de atentar contra los derechos de los ciudadanos? Las grandes cuestiones, las más hondamente humanas cuando pisan lo real sigue siendo cuestiones, no dejan de serlo para convertirse en soluciones. Pero nunca se ha de concluir que no haya que plantearlas.


Cristianismo y filosofía

27 de diciembre de 2018 1 comentarios

El mismo día un periódico de gran difusión, quizás el que más ejemplares vende publicaba, al menos en su versión digital, dos noticias sin establecer relación entre ellas: “España es el tercer país con un mayor abandono del cristianismo de Europa” y “La publicación de libros de filosofía se reduce un 62% en siete años. Los datos del INE muestran que el género toca fondo en las librerías”. Destacaba más la primera que la segunda, de acuerdo con la tendencia laicista del diario. Aunque se pierda el interés por la filosofía, no dejamos de buscar las causas de lo que es y sucede, algo esencialmente filosófico cuando pensamos en las causas no inmediatas sino últimas o penúltimas. El cristianismo pierde seguidores, pero según no pocos sociólogos de la religión aumenta el número de los que acuden a la religión o algo similar, que supera la fuerza de lo evidente. Pudo haber eclipse de Dios, pero vuelve a aparece; eso sí bajo formas variables. No sólo nos habla el estudio realizado de los creyentes y no creyentes, sino de los creyentes que dudan. Supongo que habrá no creyentes que también dudan. La duda pertenece al saber de lo no evidente, en este caso al saber sobre lo misterioso. Y puede pertenecer a creyentes. No dudar de la fe, es índice que de que no es relevante en la vida. ¿Y por qué se abandona la filosofía? Alguno de los entrevistados la ve en que haya dejado de ser obligatoria en planes de estudio. Otros la unen al aumento de la extrema derecha. No pocos en que queda reservada a ámbitos ocultos de la vida social, no tiene megáfono para hacerse oír en la calle…o en istagram. Pienso que quizás como causa común al abandono del cristianismo y de la filosofía, puede ser la pereza para darse tiempo a pensar, o la poca atención a sentimientos ante aquello que se nos impone desde cierta oscuridad, pero con fuerza. La tesis del relato, de lo fácil, de lo débil intelectualmente, la imposición de lo evidente o inmediatamente productivo, la imposición de cortocircuitos en el pensar y sentir, el rápido discurrir por el tiempo…puede ser una de las causa, y no la menos relevante, de que cristianismo y filosofía pierdan adeptos. Dicho sea sin entrar en qué importancia hemos de dar a los números cuando se trata un pensar y un sentir, un ser, que se mueve más en lo cualitativo: ¿muchos cristianos o buenos cristianos?; ¿filósofos que buscan el ser hondo de lo que es y sucede o filósofos funcionales, terapeutas centrados en solucionar problemas concretos sin analizar quiénes son los que los sufren? Esto es cuestión distinta, aunque no ajena ni al cristianismo ni a la filosofía.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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