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Desde lo hondo

El Sínodo

3 de diciembre de 2021 0 comentarios

Caminar juntos. ¿Quiénes? Todos los que pertenecemos a la Iglesia. Pero no solos, hay que buscar ser acompañados por otros cristianos, no cristianos, agnósticos y ateos. Caminar juntos hacia dónde. ¿Cuál es la meta? Ya Kant decía que si caminamos sin saber hacia dónde, estamos sin horizonte. Si tenemos horizonte, pero no nos ponemos en camino, la vida está “vaciada”, es entelequia, Cierto que ya juntarse en el camino de la vida es buen objetivo. Y sin correr, lo importante no es llegar el primero, sino juntos, como, de modo más bello, decía León Felipe. Verse, oírse, comunicarse mientras sumamos días a nuestro vivir ya merece la pena. Incluso aunque el horizonte sea diverso. Los fieles de la Iglesia, sabemos hacia donde caminamos, sabemos quién nos acompaña, En Adviento recordamos la primera venida a nosotros y los brazos que nos esperan al final. Eso es lo esencial. En el camino cada uno desempeña una labor distinta, tiene cerca personas más allegadas, cada uno incluso tiene distinto ritmo, distintas motivaciones, mayor o menor capacidad de fuerza para el esfuerzo que exige caminar; unos lo harán con más soltura y algunos renqueantes. Unos caminarán con responsabilidades que le hacen más visible, con competencias exclusivas; otros más en el anonimato y casi invisibilidad, -aparente-. Sínodo: caminar juntos


Luces en la ciudad

2 de diciembre de 2021 0 comentarios

El alcalde la ciudad se ha empeñado en que los días de Navidad ofrezcan luz, diversión, espectáculos, sobre todo musicales, amplia posibilidad de adquirir productos navideños, lugares para reunirse. Quiere que sean días de fiesta. Entiende que hay mucho que olvidar. Por ejemplo, las navidades anteriores. Y es que, en lo hondo de los ciudadanos, incluso sanos, hay secuelas de los días de pandemia. Secuelas psíquicas, envueltas en una tristeza, que lleva a la acedia, a no confiar en esta vida, a no verla como lugar de ser feliz. O bien lo contrario, hartos de las restricciones a las que obligó la pandemia, quieren recuperar terrenos perdidos. Después de tanta precaución, quieren vivir, disfrutar despreocupados. Pero la pandemia parece que no quiere irse. Nuevas amenazas con nueva cepa. El alcalde tiembla: a ver si después de tanto esfuerzo por ofrecer “felicidad”, el covid, reaparece con fuerza, y hay que renunciar a lo programado, o reducirlo notablemente. ¿Se podrá entonces celebrar la Navidad? ¿Habrá lugar para la felicidad? ¿Puede la fiesta y lo que se celebra en ella, su dimensión humana y religiosa, su mismo cariz familiar, sustituir tantas manifestaciones jubilosas programadas en la ciudad? Ojalá no haya que suprimir nada de lo previsto. Pero que ello no haga olvidar lo que realmente se celebra: la condición humana la ha hecho Dios suya. Es alegre noticia que hay que celebrarla, individual y socialmente, de múltiples maneras. Y nos quedaremos cortos. Los miles de luces de las calles de la ciudad quedan superadas por “la luz que viene de lo alto”. Esa luz la hemos de percibir con los ojos cerrados, con los oídos abiertos, en lo hondo de lo que somos. Ojalá lo programado para unas navidades felices para los ciudadanos, sea un signo, un modo de manifestar la alegría que supone saber que Dios es un Niño como tantos niños de la ciudad.


El mandamiento del amor y el delito de odio

1 de noviembre de 2021 0 comentarios

El interior del ser humano es sagrado. Es decir, no está bajo ninguna ley humana civil o eclesiástica. “De intentionibus non judicat Ecclesia (La Iglesia no juzga las intenciones). Es campo reservado a Dios y al propio sujeto. El amor, que reside y constituye lo íntimo del ser humano. solo lo puede ordenar, mandar y juzgar Dios, que penetra las entrañas del ser. Y lo mismo hemos de decir del desamor y del odio. Las manifestaciones que se entienden como de amor o de odio sí pertenecen a la consideración y juicio humano. Es adonde llegan los jueces humanos civiles o eclesiásticos: a las manifestaciones de lo que se supone que brota del amor o del odio. Cuando Dios “manda” el amor como primer mandamiento, lo que manda es que el ser humano sea humano, desarrolle los más definitorio, junto con la búsqueda de la verdad, de la condición humana. Por ello el amor más que algo mandado, que hay que cumplir porque está mandado, es una exigencia de nuestra condición humana, de quien la creó, de quien la redimió. Es la fragilidad mental, la pereza, pulsiones que desde dentro y desde fuera sufre el ser humano, que llevan al olvido de esa exigencia de su ser, lo que exige que se le recuerde de un modo imperioso: como mandamiento. Que sea un mandamiento que hay que cumplir, pues, no es la razón original para amar; la razón es que el ser ha de buscar su perfección, como decía los filósofos clásicos; el ser humano la suya; y esta consiste en desarrollar la capacidad afectiva hacia lo que merece ser amado, lo bueno. El amor al prójimo. Los judíos necesitaban saber que era mandamiento de Dios que como a Él había que amar a los seres humanos. Les tenía que costar juntar a Dios y al ser humano en un mismo amor, cuando a la esencia de su concepto de Dios pertenecía la infinita distancia entre ambos. La fe cristiana, por el contrario, se apoya en que el mismo Dios asumió nuestra naturaleza. Nuestra naturaleza es de Dios también. Amar a Dios es amar a quien asumió hacerse humano, es amar lo humano. Su existencia humana fue desde el inicio hasta el fin un producto de su amor al ser humano.


Pedir perdón

2 de octubre de 2021 2 comentarios

Reconocer los fallos, las equivocaciones, las decisiones tomadas en su día, es lo lógico, lo que debe ser normal, lo humano y lo cristiano. Sin que ellos lleven a amargar la vida. Creer que nuestra historia, personal y social es un conjunto de buenas decisiones, aciertos, obras buenas, es engañarse. Es empobrecer la propia vida, el modo de vivir, ya que parece exigir que para sentirse bien bajo su piel necesita airear éxitos de la propia historia; sentirse digno de consideración social, y rechazar ser un ser humano que pasa por la vida haciendo y el bien y otras veces el mal. Lo he pensado a propósito de unas palabras de Papa Francisco en las que reconoce que en la historia de la presencia de la Iglesia - entiendo que se refiere a la Iglesia, no habla de España-, en México hay razones para pedir perdón. Como México y la iglesia mexicana tendrán de qué pedir perdón de lo hecho, o no hecho cuando había que hacerlo, en los 200 años de independencia. Sólo quien está empeñado en ser más que lo otros no piden perdón. Cuando el perdón engrandece más que el aplauso. Sobre todo, cuando el aplauso se lo da uno a sí mismo. Y se lo da porque lo necesita para sentirse vivo. Es algo bien triste.


Sencillez-simplicidad; idea-imagen; sentimiento-emoción; escuchar-hablar…

10 de julio de 2021 2 comentarios

¿Qué les distingue?: ante todo el tiempo. Los primeros conceptos son fruto de darse tiempo para conseguirlo. El simple, habla sin pensar, es perezoso para dedicar tiempo a matizar; y es en el matiz en el que uno puede aproximarse a la verdad. La idea exige tiempo de discernir, razonar; la imagen se impone a los sentidos. Es necesario procesarla como paso a la idea, lo que exige tiempo. El sentimiento exige tiempo para conformarlo, asentarlo, mientras que la emoción es cuestión de momento, de impresiones. La escucha es darse tiempo y dárselo a quien habla, y luego hablar: dialogar es saber escucharse. La cultura posmoderna, es cultura de prisas, del aquí y ahora, de la satisfacción inmediata, de la primacía de la noticia -que no necesariamente de la verdad: esta necesita tiempo, la noticia no puede esperar-. No se ofrece tiempo al ejercicio mental, es lógico que sea la cultura del pensamiento frágil; que le baste el relato, no el metarrelato. Que se quiera ser maestro sin darse tiempo a ser discípulo. (“Discípulo” viene de discere, aprender).


¿Absurda toda religión?

7 de mayo de 2021 3 comentarios

Un académico de la RAE de la lengua, y notable escritor, de manera tangencial en uno de sus últimos libros califica a todas las religiones de absurdas. En estos días se produce la noticia de descubrimientos de enterramientos de primeros homo sapiens, o quizás habilis, Un enterramiento hace alusión a que no todo termina con la vida, algo sobrevuela la realidad, de manera imperceptible. Es el inicio del animismo, creencia tan antigua del homo sapiens sapiens. No son pocos los paleontólogos que cuando descubren enterramientos dicen verse ante un homo sapiens. El enterramiento alude a algo que nos trasciende. Es la actitud psicológica que se abre a lo religioso. Lo religioso viene a aparecer cuando aparece el homo sapiens. Aparece como signo de una mente humana que desborda lo percibido sensible mente. La religión, ampliamente considerada, surge de manera muy elemental ante una realidad que nos trasciende, pero que misteriosamente tiene una presencia, pertenece pues desde el inicio de su condición humana al hombre. Proclamarla absurda es declarar absurda la vida, el mismo ser hombre. Algo de eso -la existencia inauténtica propia del ser humano- nos predicaban los existencialistas: el sinsentido de ser homo. Creo que pertenece al buen saber, que es humilde, el con confundir el misterio con el absurdo. El no reducir el ser humano a lo exclusivamente empírico. Ni si quiera a la racional puro. La misma razón es consciente de sus límites. Es racional que algo rebasa la razón, sin contradecirla: el misterio.


La fuerza de la razón y el fuego del amor

21 de abril de 2021 0 comentarios

Es lo que recomendaba santa Catalina de Sena a la priora del convento de Montepulciano, donde años antes había sido priora la que llamaríamos santa Inés de Montepulciano. Combinar la fuerza de la razón con el fuego del amor es tarea de toda la vida. Y tarea esencial a nuestro vivir humano. No admite reglas generales. Hay que buscar conseguir que fuerza y fuego convivan en las circunstancias concretas de vivir. Si queremos aplicar un principio general, este se reduciría a afirmar que la fuerza de la razón no ha de apagar el fuego del amor; ni que este ha de debilitar o dejar al lado la razón. Pensaba esto a la luz de los textos evangélicos de estos días, que exponen las apariciones de Cristo resucitado a los apóstoles. Martín Gelabert en esta página nos ha ofrecido valiosas reflexiones. Los apóstoles mantienen el amor a Jesús, su corazón más de una vez estuvo caldeado por el fuego de su palabra, como confiesan los de Emaús. Pero lo evidente es que Jesús ha desaparecido de su entorno. No lo reconocen al verlo. Lo hacen ante ciertos gestos del resucitado, como compartir con ellos el pan. La fuerza de la razón choca con la mirada amorosa de Jesús, que despierta su amor hacia él. La razón descubre que existe un modo de conocer que la supera: la fe. Es el modo de acercarse al misterio, aquello que supera la razón. Para ello necesita el fuego del amor. Una pasión afectiva, que no ciega, sino que es producto de la confianza en quien sabe que le ama. Es lo que llamamos fe.


Semana santa sin sentidos

26 de marzo de 2021 0 comentarios

Los sentidos son la puerta del conocer, decía Aristóteles. Pero mucho de lo que entra por los sentidos los rebasa; y se inicia el proceso para conformar la idea. Esta busaca siempre tener una amplitud universal, o al menos superar lo concreto del sentir. Y con las ideas formar juicios. Los sentidos los necesitamos, pues, para formarnos ideas, incluso de lo que rebasa nuestro conocer, el misterio. También el misterio de Dios. El saber de Dios, en su dimensión de fe, no de conclusión filosófica, exige relacionarlos con él. Lo que en las religiones se manifiesta en el culto. El culto exige una vuelta a los sentidos. No hay culto sin visibilidad: entendida ésta no solo como referencia al ver, sino a lo que se percibe por los diversos sentidos. En momentos especiales del año, lo religioso se hace presente con más vigor en la vida social. Por ejemplo, la Semana Santa en la fe cristiana. Esta pandemia está impidiendo la vista de las imágenes; el oído de música procesional, o, incluso, de cantos en las iglesias; el olor del incienso, o de las velas consumiéndose; el beso al Cristo crucificado o a los pies de quien se los deja lavar. Sabemos que lo que recuerda y actualiza la Semana Santa, lo que celebramos, rebasa los sentidos, va a lo hondo de nuestro ser. Pero nos quedamos con ganas de manifestar lo que interiormente sentimos, con la expresión corporal. Pues nosotros somos cuerpo. Somos sentidos. ¡Dolorosa pandemia!


Realización personal

5 de marzo de 2021 0 comentarios

Uno de los documentos eclesiásticos que he leído hace poco criticaba la búsqueda de la “realización personal”, como contrario a buscar la fraternidad, a saber convivir fraternalmente. Sé que es cuestión de fórmulas. El documento insistía en que pensar y sentir al otro es exigencia del irrenunciable intento de construir la persona. La realización personal es la tarea de la vida de cada ser humano: tratar de ser lo que somos, seres humanos, mujer o varón. La fe cristiana nos señala que Jesús de Nazaret es el hombre perfecto y perfecto hombre. Nuestra perfección, o sea, nuestra realización personal, exige que avancemos en vivir teniendo al Jesús de los evangelios como referencia. La realización personal de Jesús fue su entrega hasta la muerte por amor al mundo. El que el Padre tiene y fue causa de su envío. Mi apunte pretende llamar la atención de cómo expresiones que interpretan nuestra manera de entender y de creer, las abandonamos, porque son mal utilizadas por el lenguaje predominante en la sociedad. Cierto es que “realización personal” se entiende en lenguaje común desarrollar cualidades exigidas por una sociedad que premia a los fuertes, a los llenos de éxito, a los que triunfan en aspectos distintos de la vida. Y prescinde de los que entienden que se realizan como personas en la medida en que ayudan a que otros vivan humanamente. Son aquellos que tienen conciencia de que para ser lo que han de ser como seres humanos, han de desarrollar los sentimientos de cercanía afectiva al otro, en especial a los más necesitados, y obrar en consecuencia. Y así dedican su vida a saber buscar la fraternidad, porque sienten al otro como algo de su propio ser. Esa es la auténtica “realización personal”. Hemos de esforzarnos todos en avanzar hacia ella.


Rebosantes de noticias

26 de febrero de 2021 0 comentarios

¿Merece la pena alimentarse de tantas noticias como se nos ofrecen? La pregunta tiene una respuesta fácil a simple vista: nadie obliga a leer prensa, oír la radio, ver televisión, o mantener conexión con redes sociales. Pero sería respuesta si la pregunta se hiciera como queja. Mas podemos plantearla como objeto de análisis. La cuestión, entiendo, no es la cantidad, sino la calidad de las informaciones, opiniones, que están con que nos asaetan los medios de comunicación social. De manera más precisa hemos de cuestionarnos qué tienen de verdad. ¿Se distingue rumor de noticia contrastada o se sirven ambas en la misma mesa a la vez? No se trata tanto de leer, escuchar, ver tantas informaciones, sino de analizar nuestra actitud ante ese desborde de noticias. ¿Qué deseo y capacidad tenemos para discernir su origen, su relieve para la vida individual o social, su veracidad? En este supermercado de noticias es necesario, que nos preocupemos de su origen, su composición, su modo de usarlas - o de “consumirlas”-, para qué pueden servir… Es mucho más lo que no adquirimos en el supermercado, que lo que compramos. Y no es solo cuestión de precio, - las noticias en gran parte se no ofrecen gratis-. Por ejemplo, ante una mercancía podemos preguntarnos: ¿qué hago yo con eso que me venden en mi casa? Pues bien, eso hemos de preguntarnos con la información: ¿merece la pena que tanta noticia ocupen lugar en mi cerebro? Ya sé, se dice que el saber no ocupa lugar. Pero hay, no saberes, que aluden a sabio, sino noticias que no llevan a sabiduría, y sí ocupan lugar. Hasta nos pueden embotar la mente, de modo que impidan el discernimiento, la reflexión, la valoración de lo que nos llega. Que es la actividad propia de nuestra mente.


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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