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Desde lo hondo

¿SÓLO DE LA MUERTE?

4 de diciembre de 2020 0 comentarios

En el post previo a éste confesaba la fe en Cristo que nos salva de la muerte, de la imposición de la naturaleza contra la que choca nuestra libertad y deseo de vivir. Ahora me pregunto ¿nos salva solo de la muerte o también de un modo de vida? El proyecto de Cristo es el de un nuevo ser humano, una nueva humanidad, como nos dirá alguien que interpretó tan bien el ser, la vida y la muerte de Jesús de Nazaret, así como su resurrección, san Pablo. Es decir: Jesús quiere salvarnos de una vida que no sea humana. Una vida humana sin amor, cerrado en el individuo, que no mira más allá de conseguir placer, dinero, poder. Jesús nos salva con su palabra de una humanidad enfrentada, o en la que se impone la indiferencia ante el otro, una humanidad en la que el otro no cuenta. Nos salva de un tipo de ser humano que desconoce el amor, o lo pone en segundo plano o lo instrumentaliza. Nos libera de ser esclavos de la evidencia sensible y no tener mirada para lo que la trasciende. Nos libera de un ser humano sin Dios, o que se proclama a sí mismo Dios. Jesús de Nazaret nos libera de una concepción miserable, del ser humano, que prescinde de la dignidad de todo ser humano, sea hombre mujer, pecador o “justo”, rico o pobre, de una raza, religión u otra. Y proclama la dignidad ser humano. Dignidad que tiene como fundamento supremo de su ser, que el mismo Dios asumió la condición humana. Y que universaliza ser todos hijos de Dios, amados por Él. Nos ofrece un ser humano que, en la historia, vive de acuerdo con valores, que adquirirán su dimensión máxima después del tiempo: el amor, más fuerte que la muerte, la búsqueda de la verdad, que encontrará su objetivo tras la muerte, la búsqueda de quien nos trasciende y explica nuestra vida, Dios, que ahora vemos como en imagen, en la niebla del misterio y luego cara a cara. La salvación de Cristo se manifiesta no solo en la victoria sobre la muerte, sino en el modo de vivir humanamente. Pretende salvar al ser humano de aquello que rebaja su dignidad; y construir nuestra historia en libertad. La nuestra y la de los demás. Y haciendo que es libertad nos liebre de verdad de aquello que atenta contra nuestra condición humana. Eso sí, sin imponer su salvación. Pero ofreciendo su ayuda.


CRISTO, NUESTRA SALVACIÓN

2 de diciembre de 2020 0 comentarios

El ser humano es historia. Es historia en cuanto es libre. Es historia en cuanto no está ineludiblemente sometido a la realidad. Y puede construir su futuro. Y se hace preguntas, de no fácil, respuesta sobre la realidad. Y va humanizándola, es decir, va logrando que se incorpore a su propia historia. Es mayor que ella, recuerda Kasper en su libro “Jesús, el Cristo” al hablar de la salvación, como fin de la fe de Cristo en la historia. Pero a la vez, la realidad es mayor que el ser humano. Le antecede y el hombre se encuentra con ella haciéndose preguntas sobre por qué existe y por qué existe como existe. El ser humano se encuentra con el misterio del origen, fin, razón de ser de aquello en lo que ha de hacer su vida. La realidad es mayor. El Covid 19, cuyo origen, esencia, modo de librase de él encuentra tantas dificultades se ha llevado por delante tantas vidas humanas, y en general trastorna nuestra historia, es un ejemplo. Pero en algún momento será conocido, y superado. La realidad es con toda evidencia superior al ser humano con el hecho de la muerte. La naturaleza, la realidad se acaba imponiendo. Entonces surge la pregunta. ¿Esa derrota humana es insuperable? ¿Todo termina con la muerte? Termina la historia. Pero ¿no hay nada más allá de la historia? El ser humano ¿es solo historia? ¿Cómo aceptar esto cuando el ser humano alienta en lo hondo de su ser superar esa limitación y mira a lo absoluto, a lo que no es temporal ni histórico? ¿Hay salvación ante la fuerza y el poder de la naturaleza? La fe cristiana confiesa que Cristo es nuestra salvación, él consigue la victoria de nuestra condición humana, con su dimensión de naturaleza, sobre la naturaleza misma, sobre el tiempo. Genera tras la muerte un nuevo modo de ser humano sin las limitaciones de la naturaleza, ni la relatividad de la historia, del tiempo. Ahora bien, esto es una afirmación de fe. Es un acto de confianza en un Salvador, Jesús, que tiene poder para vencer la muerte como él la venció. Es una realidad misteriosa, no podemos comprenderla ni justificarla solo con la razón. Pero sí podemos confiar en quien nos lo ha revelado, y conseguido: nuestro Dios, que, por amor al mundo, nos envió a su hijo. Jesús, el Cristo asumió nuestra naturaleza, en nuestro mundo, en nuestra historia, asumió nuestra muerte. La asumió, la sufrió y la superó, la venció con su resurrección. Su victoria es la nuestra. Nos trajo la salvación de las imposiciones de la naturaleza.


Esto es la guerra

25 de noviembre de 2020 0 comentarios

Esto es la guerra dicen los viejos, que alguna experiencia les queda, remota, de la última por la que pasaron. Y sin embargo es lo contrario de la guerra: en este caso todos estamos unidos para vencer el COVID 19. Es el único enemigo. Es lo contrario de la guerra que consiste en que unos maten a otros. Ahora se lucha por que el virus no nos llegue, es luchar por que no llegue a los demás. Estamos en el mismo lado del campo de batalla. Esto es la guerra por la situación de miedo, de incertidumbre que se sufre cuando sabes que hay un enemigo que puede llevarte la salud y la vida. Es como la guerra, porque nos separa a unos de otros. De modo que lo mejor para luchar contra el enemigo común es evitar al otro. Como si el otro fuera el enemigo. Es guerra, porque la prevención para que no llegue a nosotros el virus implica austeridad en el estilo de vida, privarse de un vivir de espectáculo, de celebraciones, de viajes,…como se vive en tiempo de guerra. Y lo peor es que el enemigo no se dejará ver con la bandera blanca de la paz. Lo suyo es derrotar, conquistar nuestra salud, acabar con nuestras vidas. No cabe diálogo para entenderse y firmar el cese de enfrentamientos. De las últimas guerras se esperaba que se produjera un saber convivir mejor los diversos pueblos. Un cambio hacia el bien en la convivencia humana. Un mundo mejor. No ha sido así. También decimos que de esta pandemia podemos, debemos salir, dando más relieve a lo esencial de la vida, a sentirnos más solidarios, aunque sea porque hemos experimentado que el mal de uno es mal para todos. A tomar conciencia que no dominamos la naturaleza, que es más fuerte que nosotros. A ser humildes a pesar de cómo a lo largo de la historia el ser humano ha, en parte, domesticado las fuerzas naturales a su favor. ¿Será así? En fin, la pandemia nos debe permitir estar más dispuestos a sentir que algo, alguien nos trasciende, que está más allá de la naturaleza, de nuestras posibilidades; y que no podemos olvidarlo, sino contar con él en nuestra vida. Dios no es el autor del COVID 19, sino una referencia que nos ha de ayudar a mantener la esperanza en la lucha contra el enemigo común. Una esperanza que en nosotros se ha de manifestar como solidaridad, y en grito: ¡VENCEREMOS! Y en amar más la vida y hacerla más humana.


Escalada. Desescalada

24 de noviembre de 2020 0 comentarios

Son las palabras empleadas para indicar las medidas que se van tomando para contener el COVID-19. Palabras que significan esfuerzo por subir y cómo luego bajar, sin dejarse solo arrastrar por la fuerza de la gravedad, a la que se fue venciendo, contando con ella, en la escalada. Es evidente que esos términos no se usan en su semántica literal en la aplicación a los procedimientos para superar el contagio, y prevenirnos de él. El problema surge cuando la economía, en especial la de los más dependientes de sus pequeños negocios, lleva un ritmo inversamente proporcional al de la prevención del coronavirus. ¿Quién acierta cuando se toman decisiones?. “Habiendo salud que ye lo principal”, se repite ante la frustración de no verse agraciado por la lotería de Navidad. Es la frase que, de repetida, podemos decir que ese día del sorteo es el “día de la salud”. Pue si es lo principal, ¿hay que olivarse de la economía en la situación de grave amenaza de la salud? Sabemos que la vida no está exenta de riesgo, vivir es asumir riesgos. ¿Cuántos riesgos se corren en el trabajo, por ejemplo, en los hospitales, en los desplazamientos de vehículos, en el deporte extremo… O simplemente en tener hijos, en el amor…? Como siempre, es necesario saber compaginar el riesgo y el beneficio. Las autoridades no lo tienen fácil. Como no lo tenemos cada uno en nuestros asuntos individuales. Ante todo, hay que ser comprensivos con sus tomas de decisiones. Decisores que se refieren a un fenómeno del que se conoce su peligro, pero no bien cómo medirlo -pruebas de Covid-, cuál es su composición íntima, lo que más facilita su propagación…, a pesar del gran esfuerzo de científicos de laboratorio y de médicos, de sanitarios en contacto con enfermos. Lo que no podemos es creer que sabemos más que los que están en el empeño de hacernos salir de esta situación: científicos, médicos, responsables de la administración de los centros de salud y de la vida social, en general. No sabemos más que ellos. Escalemos y desescalemos cuando y como nos lo indican nos lo indican


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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