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Desde lo hondo

Tiempos de confusión

25 de abril de 2020 0 comentarios

Cuando nos sentimos bombardeados por tanta noticia, no siempre coincidente, tantas sensaciones en nuestro cuerpo, tanto pensamiento que va y viene por nuestra mente, sobre el hoy y el mañana, nuestro y de los nuestros, que convierte el pensar en una noria, que da vueltas sobre lo mismo; pero sin que se consiga agua de lo hondo de nosotros; cuando nos vemos así, llega el momento de sentarnos cómodamente y tratar de dejar de pensar, y esperar que Alguien nos ilumine, reoriente nuestros pensamientos y sensaciones. Alguien que hable en el vacío interior. Darnos tiempo, ese tiempo que puede parecer muerto, sin actividad, sin programar el mañana incierto. Tiempo para sentir el ser en el que estamos, y en quien puede estar cerca de nosotros, en nosotros, bajo el misterio. No es fácil, como indico, pues nos movemos en el misterio. Nos desborda; pero puede ayudarnos a no dejarnos aplastar por lo inmediato. Puede llevarnos a elevar nuestra perspectiva de comprensión de lo que se vive, se sufre… Sería dejar que el Espíritu Santo, el de Jesús, nos sitúe mejor en la vida.


Aturdimiento

21 de abril de 2020 0 comentarios

Creo que expresa bastante bien la situación ante la pandemia. Aturdidos, no tanto, que sí, por tanta noticia sobre las consecuencias, vitales, económicas, sociales en general, como porque escapa lo que sucede y sucederá a lo previsible, diríamos que a lo racional. Nos produce el aturdimiento que los hechos no logremos racionalizarlos, incluirlos en un esquema de vida con lógica, con racionalidad. Estamos ante un virus, cuyo origen y cuya estructura íntima desconocen los entendidos. Y llevan tiempo, y son muchos en todo el mundo los que tratan de averiguarlo. Enfermedad que no se sabe cómo combatir, como librarnos de ella, más allá de distanciamiento social y profilaxis cuidadosa. Ignorancia de lo que va a permanecer entre nosotros y la posibilidad de, que superada momentáneamente, se vuelva a reproducir. Se ignoran las graves consecuencias sociales, económicas y también religiosas que arrastre. Y cómo se podrán aliviar. Aturdidos, implica no lograr situarnos bien psicológicamente en lo que vivimos. La serenidad psíquica es un valor reconocido, que ahora está en crisis. Aturdidos también porque reacciones de entrega a los demás de los más implicados en la sanidad, en el orden social, en la atención a los necesitados, supera lo que habíamos conocido. En gran parte, porque no se habían presentado situaciones semejantes. Aturdidos, porque se rebasan los conceptos que teníamos de personas, de la experiencia de la vida en familia, del valor de la soledad, de la capacidad de resistencia que encontramos en nosotros, de la necesidad de mirar más allá de lo que uno es y puede, hacia lo que nos trasciende, hacia Dios. Se rebasan positivamente. Aturdidos, no sabemos qué decir. Y lo que decimos, como esto que escribo, no nos saca de aturdimiento. Hay que convivir con él.


Quiebra de la programación

17 de abril de 2020 0 comentarios

Gusta tener programado el futuro. Organizarse la vida, el trabajo, el ocio, la convivencia, el tiempo de descanso…etc., pertenece al modo de vivir. Es cierto que se está siempre a expensas de lo imprevisto. No somos dueños ni de nuestra biología, ni psicología: expuestas, como todo lo temporal, a cambios imprevisibles. Menos dueños aún de la vida de los demás, con los que de alguna manera convivimos, con los que incluso planeamos nuestro futuro. La previsión generalizada respecto a los fallos de nuestra salud, es una realidad social. Tenemos previsto el momento en que ya seremos incapaces por edad del realizar el trabajo que nos permite los ingresos necesarios para la vida. Pero el covid19 no estaba previsto. Mucho menos el estilo de vida que exige, por ejemplo, el confinamiento. Se vive, además, la incertidumbre sobre qué tipo de virus es y cómo combatirlo. El tiempo que nos acompañará. Mucho menos qué vacuna aplicar para librarnos de él. El virus ha arrasado nuestra programación. Programación existencial, porque abarca casi todas las dimensiones de la vida. Hasta algo que no se ponía en dudas, como ver el rostro de las personas amadas cercanas, de vez en cuando; saborear de la Naturaleza; realizar los encuentros que eran rutinarios en la vida… Y de manera especial estar bajo la amenaza cercana y muy posible de contraerlo. En expresión popular: “estamos a lo que venga”. Y no sabemos qué vendrá. ¿En qué apoyarse cuando parece que se vive en el aire? No puede ser otra cosa que en lo esencial de lo que somos, en nuestra condición humana: nuestra y de los demás. En lo que es permanente en cualquier situación. La soledad, la quietud permiten mirar hacia lo hondo de nuestro ser. Y descubrir lo que puede que estuviera oculto cuando el trajinar diario era lo normal. Sentir lo que el otro es para nosotros y nosotros para él. Bajo la mirada de quien nos trasciende, de Dios, entendido como Padre.


Si no hay toros tampoco hay misa

13 de abril de 2020 0 comentarios

Dice algo así una canción popular. La fiesta exige no solo celebración litúrgica, sino celebración social. No todas las fiestas litúrgicas; pero dos sobre todo sí: Navidad y Pascua. Acabamos de celebrar, sin pueblo, la Pascua de Resurrección. Pero las calles están vacías. Estamos bajo el peso de la pandemia: de sus muertos, contagiados, de sus consecuencias sociales y económicas y de la incertidumbre de saber hasta cuando, nos acompañará. Ni siquiera sabemos cómo va a ser su despedida. Y si será definitiva. La celebración litúrgica, vivida interiormente y puede que con la hondura que merece, no tiene manifestación exterior, social. Solo las felicitaciones virtuales. Ha faltado algo esencial a la Pascua. También a la celebración litúrgica, al verse ésta sin el eco social. No vale ponerse puritanos y decir que lo esencial, la Resurrección del Señor, se ha celebrado. (Los que la han podido celebrar. La mayoría virtualmente). Nos ha faltado, por ejemplo, al final de la celebración, felicitarnos la Pascua unos a otros. Algo necesario para que haya fiesta. No ha habido toros. ¿Misa? Al final de la misa se dice en latín “ite”, “id” …, a continuar la celebración. Esta parte de la fiesta ha faltado, la acción litúrgica ha quedado incompleta.


Sábado santo 2020

11 de abril de 2020 0 comentarios

Día de silencio. No hay celebraciones litúrgicas hasta la hora tardía de la vigilia pascual. Tiempo de reflexión. Tiempo para encajar en su dimensión la muerte de Jesús de Nazaret. Muerte de un inocente, de la que no se quiso librar por fidelidad a lo que el Padre pedía de él: amar hasta la muerte a los seres humanos. También a quienes le condenaron: no sabían lo que hacían. Sólo si se ahonda en la muerte de Jesús, tiene sentido celebrar la resurrección. La muerte no fue un trámite para poder resucitar. Tuvo entidad en sí misma. La resurrección no es consecuencia de la muerte, sino de la fidelidad amorosa de Jesús hasta la muerte. Necesitamos interiorizar lo que fue morir para poder acercarnos a lo que es resucitar. Silencio, vida interior, encuentro con uno mismo ante lo que sucede este este sábado santo que se alarga en semanas de confinación. De confinación y de amenaza. De dolor por los que van cayendo. De dolor por la venida abajo de un estilo de vida, que no sabemos lo que durará; ni tampoco sus consecuencias, si bien, se divisan duras. Habrá Pascua. La que celebramos mañana, esta noche. Habrá Pascua la que supere la pandemia. Resurrección que es nueva vida, conversión. Porque resucitan aspectos de nuestro ser que teníamos olvidados. Estamos aprendiendo a valorar lo que era banal, y, sin embargo, pertenece a la esencia de nuestra condición humana: el valor del silencio para hablar con uno mismo, y con Dios: estilo de vida familiar, valoración del espacio en el que nos movemos; y la conciencia general de que somos débiles, frágiles: sin ayuda no viviríamos. Si es así, la Pascua ya se ha iniciado, cuando aún estamos bajo la pandemia. Podemos celebrarla.


Juan Martín Velasco

8 de abril de 2020 0 comentarios

Estaba releyendo el libro “La experiencia cristiana de Dios”, cuando llega la noticia de su fallecimiento. Me ha impresionado. El primer capítulo, que era el que releía, lo titula “La experiencia cristiana de Dios. Hacia la comprensión de su estructura”. Artículo denso. Lo que aborda no es fácil de expresar. La experiencia, término cuyo significado creemos conocer, pero que al aplicarlo a lo que se mueve en el misterio, no es tan fácil de definir. Experiencia sobre todo de amor. Del amor que Dios nos tiene. Tenemos nuestras experiencias de amor entre nosotros. Los esposos tienen experiencia de amor entre ellos, los padres de los hijos, e hijos de los padres. Experiencias comunes con matices distintos. También la experiencia del amor entre amigos o familiares entrañables como abuelos-nietos. Cada una con sus peculiaridades. ¿Cómo es la experiencia de sentir el amor de Dios en cada uno? Martín Velasco insiste que es necesario encontrarla en lo hondo del ser. Donde se desarrolla la experiencia de lo religioso, que él tanto ha estudiado. El camino hacia esa hondura no es fácil. A veces ni nos damos tiempo para recorrerlo en medio del ajetreo del vivir. Tres condiciones señalan Martín Velasco: “purificación, concentración e interiorización superiores a las que necesita para ninguna otra acción… el sujeto”. Los místicos llegaron a esa experiencia, por esos caminos. Nos lo relatan con dificultades, acudiendo sobre todo a la poesía, a la imagen poética. El Espíritu Santo tiene tarea, confiemos en su ayuda.


Calle y casa

6 de abril de 2020 0 comentarios

No nos guasta ver las calles vacías a plena luz del sol. Las calles no son solo espacios de desplazamiento. Son lugares de verse y comunicarse. Lugares donde se vive. Las casas no son lugares de refugio. Son hogares. Lugar de vida honda, donde se manifiestan los sentimientos más hondos. Donde somos más lo que somos. No vivimos en nuestras casas huyendo de la calle. Es decir: de los demás. Y, sin embargo, la pandemia nos ha llevado a huir de la calle y ¿refugiarnos? En nuestras casas. O sea, la calle es el peligro y la casa refugio, huida del peligro. Si es así se ha cambiado el sentido de calle y de la casa. Y no debe ser así. Huir de la calle es un imperativo de la situación: sin querer nos podemos hacer mucho mal, solo por encontrarnos en la calle. Hay que dejarlas solitarias, frías, sin sentido, porque no sirven ni se usan para desplazarse, no hay adonde ir. Duele. Pero tiene que ser así Sin embargo, la casa no puede ser solo lugar de refugio. Es hogar acogedor. No cárcel obligada. Del confinamiento hay que hacer del hogar más hogar. Hay que cargar de comunicación, de espontaneidad, de afecto compartido la conviven hogareña prolongada. Es ocasión única de acentuar lo esencial de la convivencia familiar. No por estar unidos ante el peligro, refugiados; sino porque siempre es bueno sentirse familia, hijo, padre, abuelo, hermano, esposo, esposa; ahondar en esos sentimientos. Si algo ha de sentirse, eso sí, es que falten en el hogar familiares, amigos, los compañeros de trabajo. Pero si se vive hogareñamente con los que se convive, también, en la distancia, se siente a los que faltan en ese hogar como de familia. La calle está sola; las casas cargadas de afecto, de solidaridad, de ayuda mutua, del gozo de ser familia.


Incertidumbre

5 de abril de 2020 0 comentarios

Sabemos que la vida es una aventura. Como aventura se camina sin seguridades. La incertidumbre pertenece al vivir. No sabemos si la enfermedad llegará a nosotros, ni tampoco si, en caso de que juguemos, nos va a tocar la lotería, ni podemos asegurar que las personas con las que convivimos van a ser y actuar como uno quisiera. Ni siquiera podemos estar seguros de nuestros afectos, opiniones, modos de enfocar nuestra vida no vayan a sufrir cambios. La libertad permite todo ello. Y en general, la condición humana. Pero en esta situación de pandemia, la incertidumbre se ha impuesto con mayor fuerza, quizás es la realidad más definitoria de nuestra situación. Sin ella, las incertidumbres sobre el hoy y el mañana no evitaban hacer nuestros planes, realizar nuestras rutinas, y tener fuerte probabilidad de cómo será la convivencia y con quien, y no estar y actuar bajo presión de la enfermedad, que siempre es posible. La pandemia permite que afloren rasgos psicológicos peculiares de cada uno. Tendemos al optimismo, o nos dejamos aplastar por el pesimismo. Con niveles intermedios, por supuesto, no hablemos de extremos. No sabemos si pasaremos por el coronavirus o no, porque, a pesar de nuestras precauciones, el virus se puede colar no sabemos cómo. Y decimos; tras la pandemia, -que durará ella y la prevención para que no vuelva- la vida no va a ser igual. Bien, pero ¿cómo será? Incertidumbre. En la incertidumbre es donde se pone a prueba nuestra psiquis, nuestra capacidad de asumirla, de verla con temor o con esperanza. Sin optimismo sin solidez y sin pesimismos facilones. Cuidar nuestra mente es tan necesario como la prevención para no contraer el virus


Confinamiento

1 de abril de 2020 0 comentarios

O sea, vivir dentro dentro de nuestras fronteras – finis, frontera, de finio latino: limitar, poner límites-. Vivir dentro de las propias fronteras en sentido amplio es conveniente. aconsejable. Para ello se necesita tomar conciencia de que tenemos fronteras. No todo está abierto a nosotros. Fronteras intelectuales, por ejemplo: en la vida tan real es lo que conocemos como el misterio, lo que no llegamos a conocer. Fronteras psicológicas: a veces la vida nos castiga con realidades, sucesos que descomponen nuestra psicología, nos vemos perdidos, nos desbordan. Para algunos el confinamiento espacial y social que se nos impone a causa de la pandemia, no es fácil de integrar psicológicamente. Todos conocemos que existen fronteras morales, no todo se debe hacer. Fronteras sociales: las que imponen la convivencia humana, la conciencia de no estar solos pisando tierra, vivir humanamente es contar con los demás. El confinamiento espacial, “quédate en casa” es el consejo más curativo y preventivo de la pandemia, puede ayudar a tomar conciencia de otros confinamientos, es decir: de que existen fronteras. Y no precisamente las que se paran a unos de otros, sino las que te sitúan en tu condición humana No se si suene a cursi, o manido, o recurso retórico, el dicho sobre el amor: el límite -frontera- del amor es amar sin límites -sin fronteras-


Sobre el blog
El mercado, la prisa, el fluir…domina nuestras vidas. También la creación cultural y la verdad se encuentran afectados por la sucesión rápida, lo impactante…

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Sobre el autor
Juan José de León

Entre otras cosas es Director de la Escuela de Teología "Fray Bartolomé de las Casas" (Madrid). Acompaña espiritualmente comunidades religiosas a través de charlas y retiros...

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